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 CUENTOS Y RELATOS

 

La cuna del amor extremo en Umbrella House *

 

Por Gabriel Jaime Caro.

 

Ricardo Farnesio, rey por una noche, rodeado de princesas Mikoniconas, o sea nada menos que de La Atlántida, pues solo regresan por una noche, y escogen el espacio y el lugar donde pernoctarán. Ay que rico.

¿Qué hacen? Bueno muy complejo, vienen con biagra natural o erinines para que los hombres aguanten tres o cuatro mujeres de un totazo. Y claro, como todo lo bueno, necesitan gays con pingas bien largas para que el ambiente sea de bacantes para ofrecerles a los dioses toda esta energía mil veces pensada mientras Joaquín Sabina trasnocha de nuevo en la casa del diablo Osorio.

Reúnen algún dinerito para el vino y las viandas, y wiskesito para don Ricardo, pauperizado un poco por los viejos recuerdos de puertos desalmados y de mujeres rotas de la pitonización mundana.

Comienzan cantando en coro, y con los gays desnudos, creando la atmósfera propicia. Cualquiera puede observarlas mientras sus pechos se hinchan de placer y su voz aterciopelada recoge los ritmos más tradicionales de la cumbia joven de Centroamérica, de donde han llegado por solicitud extrema del viejo chaman Maya azul.

Luego de invocar a los erizos de Uchabaló Bají, empiezan a desnudar al señor Farnesio, recordándole la primera noche de bodas con la emperatriz Alejandra, la hija del corsario negro, cuando su miembro zeuniano alcanzó la forma de un delicioso pez martillo pintado de manchas tigrescas.

Ay que rico.

Este primer orgásmo es compartido por dos de las hermosas mikoniconas (Stella y Rocío). Mientras tanto el dios del tiempo y del viento para el reloj de arena excepto en el Sahara, donde los mercenarios del amor traman su próxima parada. Ricardo conoce un nuevo grito suyo, que no escuchaba desde la niñez en La floresta. ¡Que maravilla! Alcanza a burbujear entre salivas migratorias de un cuerpo al otro. Que barboteo. ¡Que herida en el ojo tan bien puesta!

Los gays empiezan a danzar con instructoras mal sanas de la música y comprometen un poco su exclusividad erótica alentando el ritmo de nuevos contactos en el silencio comprometedor de la libido mikonicona.

Faltaba un tango; Hécate la del martes del tango se mea provocando una tremenda inundación. Todos salen corriendo menos Ricardo Farnesio y la araña revoltosa de la melancolía vestida de mujer sapiente: Eros summertiana, nalgas de coliflor, mueca doliente de felicidad anal, Venus mocha y turca, becerra dormida, maricas semi putrefactos, jovenzuelas sodomizadas por el asno del solfware.

Todo menos el recomienzo faltón de una mañana para idealizar la utópica travesía... De un beso entre túneles secretos, por donde facilitar una invasión pergeñada. Farnesio lanzaba su esclerosis hacia remotas tierras del fuelle comunistoide, y la farsa de un Moliere americano se desvanecía en cláusulas de libertad.

Se me olvidaba decirles que un par de medias camelladas fueron a parar a un vaso disolvente del gusto más tabú de los dioses negros de Vudú, del tercer hundimiento de la Atlántida. Ah, y "Los Paraguas de Cherburgo" en completa objetividad de mayo.

Cuando quiera ponemos sábado otra vez.

Julio 25 y 2005

Para María la madrileña, de Filadelfia.

*Primer cuento del libro "Ténganse Fino".

 

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