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                                                                                                  07/15/2006

Arthur Conan Doyle, el triunfo del método deductivo

Elemental, mi querido Watson…

 

Arthur Conan Doyle

(Edimburgo 1859 – Crowborough, Sussex 7 de julio de 1930)

  

Hay veces en las que un personaje adquiere tal entidad que acaba por apoderarse de su autor, que no puede librarse de él. Esto le pasó al creador de Sherlock Holmes, el detective privado más famoso de todos los tiempos. el insigne habitante de Baker Street eclipsó con sus sagaces observaciones el resto de la obra de Conan Doyle.

 

“Elemental, mi querido Watson”. Una frase que no dice nada y sin embargo también retrata en plenitud a un personaje. Frío y desdeñoso con los que no están a su altura intelectual, brillante en sus deducciones, culto, meticuloso, observador, atrevido, con conocimientos de química, psicología, grafología, música, arte,... Ningún criminal escapa al gran Sherlock Holmes. Desde 1887, fecha de su primera aparición en la novela “Estudio en escarlata”, las aventuras de este mito de la literatura policíaca y de terror han obtenido el favor y el entusiasmo de millones de lectores.

Del mínimo detalle, el detective entresaca una conclusión determinante para el ritmo de la investigación. Como un moderno Don Quijote, Holmes viaja acompañado de la figura de un “escudero” bonachón -el doctor John Watson- quien se convierte en narrador de las historias que les acontecen.

Pero ¿qué sabemos del creador de tan sagaz y universal personaje? Desde luego, tenemos bastantes datos de lo que fue la vida de Arthur Conan Doyle. Nacido el 22 de mayo de 1859 en Edimburgo (Escocia), ejerció como médico de 1882 a 1890. Sin embargo, el enorme éxito de sus primeras novelas hizo que pronto abandonase la medicina para dedicarse a su verdadera vocación, la literatura. Tan sólo volvería a ejercer de médico nuevamente durante la guerra de los Bóers en 1900, experiencia que le sirvió para escribir “La guerra en Sudáfrica” y para obtener el título de Sir.

De su vida privada sabemos que se casó dos veces. La primera, con Louisa Hawkins con quien tuvo dos hijos. Louisa murió de tuberculosis tras varios años de enfermedad y peregrinaje por sanatorios suizos. Tras la muerte de su primera mujer se casó con Jean Leckie, con la que tuvo tres hijos más.

Uno de sus hijos murió en la I Guerra Mundial. Este hecho parece determinante a la hora de explicar que en 1916 declarase su creencia en el espiritismo, hecho que choca con la imagen que se tiene del creador de un personaje famoso por aplicar el método científico y con el hecho de que fuese una persona más bien escéptica respecto de la religión. En sus últimos años escribió “Historia del espiritismo”. Murió el 7 de julio de 1930 en Crowborough, Sussex. Por razón pero especialmente disculpa de este aniversario, aprovechamos hoy para hablar de él entre los Cronopios, donde tiene gran cauda de seguidores.

Aunque su producción de obras fue notable, su personaje más popular fue, sin duda, Sherlock Holmes quien protagonizó más de sesenta obras. La fama del excéntrico habitante del número 221B de Baker Street fue tal, que el propio Conan Doyle se vio obligado a “resucitarlo” en más de una ocasión debido a las presiones tanto editoriales como del público. El personaje le ahogaba y el éxito del mismo había contribuido a suavizar algunos de sus rasgos (por ejemplo: a medida que su fama creció, Holmes dejó de tomar cocaína). Aún así, el gran Sherlock Holmes cautivaba a un público que no cesaba de pedir nuevas aventuras.

Inspirado en un profesor que tuvo el autor en su época universitaria, su método deductivo hizo correr ríos de tinta. También en la actualidad, numerosos especialistas han analizado sus deducciones bajo el amparo de distintas teorías. A través de las múltiples páginas dedicadas a este personaje, de su presencia vida en la Red Internet, de su audacia que influye a todos los narradores del género negro, el culto a Sherlock Holmes sigue vivo.

 

* Frase apócrifa que se convierte en cierta: “Elemental, mi querido Watson". Frecuentemente atribuida al personaje Sherlock Holmes, no aparece en las obras de Arthur Conan Doyle, aunque sí en libros, películas e historietas posteriores de otros autores.

 


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