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ARTÍCULOS LITERARIOS  

Abril 20/06

 

GERARDO FERRO ROJAS

Y LA ENFERMEDAD DE ESCRIBIR

 

“Para mí, es imposible concebir la literatura desligada totalmente

del contexto social en que estamos viviendo, o

de la generación y país que nos tocó vivir”

 

Por: Ileana Bolívar R.

 

Realmente uno se queda sorprendido al escuchar a Gerardo Ferro sobre la literatura, el papel de escribir, la manera como asume el mundo para luego plasmarlo, la juventud y el periodismo. Se percibe la importancia que la narrativa ha cobrado en su vida sin saber en qué momento empieza a ser escritor, pero se dejó contagiar –como él dice- de esa enfermedad.

 

Comenzó muy joven a “intentar escribir” con su primer libro de cuentos titulado Un día de lluvia. Aunque la labor no fue fácil, siguió insistiendo con la publicación de algunos cuentos en revistas y suplementos literarios nacionales. Hasta que por fin, en el 2003, obtuvo el premio Nacional de Cuento Ciudad de Bogotá con su cuento La comunidad del autobús. Y en ese mismo año, con su libro Cadáveres Exquisitos (cuentos, 2003) logró el primer puesto en la III Convocatoria de Premios y Becas del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena. Recientemente, obtuvo el Premio Nacional de Cuento de la Universidad Industrial de Santander, con Antropofobia (Cuentos, 2006).

 

- ¿En qué momento de su vida asume el papel de escritor?

 

No sé muy bien qué es eso de “el papel de escritor”. Supongo que es una especie de rol que se va adquiriendo con el tiempo, y como todo, está sujeto a un proceso de maduración. Con lo cual quiero decir, que ese tal “papel de escritor”, no apareció un día como por arte de magia en mi aparato mental, sino que ha ido creciendo con el mismo proceso, digamos técnico, de la escritura. Lo cual también querría decir que el papel de escritor empezó a aparecer desde el día en que me atreví a escribir un primer cuento, desde ese día hasta hoy he estado tratando de convertirme en un escritor. Sólo que ahora, a diferencia de antes, la enfermedad es mucho más seria.   

 

- ¿Cree que los premios sirven para algo?

 

Claro que sí. Sirven para estabilizarte un poco económicamente, por ejemplo. También sirven para publicar esos textos que has trabajado durante tanto tiempo y a los que les has dedicado largas horas de insomnio. Pero sobre todo, sirven para darte un espaldarazo que te aliente a seguir quemando pestañas durante las noches frente a un computador. El resto, es el trabajo literario que debe defenderse frente a los demás en el panorama editorial, en caso de que exista un panorama editorial. Porque muchas veces ese es también el problema de algunos premios literarios: esa tendencia a desaparecer, incluso a ser invisibles en horizonte editorial del país. Eso nos lleva, en última instancia, a que una de las ventajas de algunos premios, por lo menos en este caso, es que podamos estar teniendo esta conversación.     

 

- ¿Cómo concibe la literatura?

 

Algo así como una forma de reflexionar una realidad adentrándose en ella hasta niveles de reinterpretación que pueden llevar esa realidad, esa reflexión, esa idea de la naturaleza humana a fraccionarse en múltiples realidades, reflexiones y naturalezas. Realidades personales, históricas, sociales, políticas, religiosas, científicas, porque para mí, al menos para mí, es imposible concebir la literatura desligada totalmente del contexto social en que estamos viviendo, o de la generación y país que nos tocó vivir.      

 

- Por lo general, los primeros escritos son los que se conservan y se guardan hasta con nostalgia, pero usted con su primer libro de cuentos, Un día de lluvia, decidió llevarlo a la hoguera, ¿no sintió más nostalgia?

 

Realmente ha sido una hoguera metafórica. Aunque el fuego de esas hogueras es el que más quema e ilumina.

 

- Siempre se ha formado una discusión entre el periodismo y la literatura ¿las ha integrado en su trabajo narrativo?

 

Ahora mismo estoy trabajando en un proyecto con unos amigos para una revista donde seguramente habrá una integración de esos dos mundos. Cuando se integran correctamente pueden crear verdaderas bombas atómicas. La respuesta a su pregunta es no. Realmente no suelo integrar a mi trabajo narrativo cierta investigación periodística, salvo la que responde a procesos de observación meramente etnográfica, a veces con estados alterados de conciencia.   

 

- Hablemos de Antropofobia, ¿cuál fue el proceso de este libro de cuentos?

 

Desde el primer momento quise escribir un libro así, con las características de Antropofobia, un libro de cuentos cuyos relatos estuviesen relacionados unos con otros, de tal forma que se pudiera lograr, no sólo una lectura individual de cada texto, sino una lectura general, global, que los agrupara como un libro. El primer cuento que escribí de los 10 que conforman el libro, fue Electrodomésticos, que lo terminé justo antes de que saliera Cadáveres Exquisitos, mi segundo libro de cuentos. Es decir, que si sacamos cuentas, estuve trabajando en esos cuentos algo más de dos años.  

 

 

¿Cree que este género literario tiene cierta desidia por parte de las casas editoriales?

 

No sé si sea desidia, lo que sí es cierto que es muy pocas casas editoriales en el país se deciden a publicar libros de cuentos, imagino que comercialmente no les es rentable. Obviamente hay una tendencia hacia la novela, dejando de lado géneros tan ricos como el cuento, la poesía y el teatro. Sin embargo, aún en el horizonte editorial puede uno encontrarse con joyas como esa investigación del cuento colombiano, de Luz Mary Giraldo, editada recientemente en dos tomos por el Centro de Cultura Económica. Creo que el problema muchas veces proviene de las mismas editoriales, yo considero que el papel de estas no debe ser solamente el de meras casas para editar libros y sacarlos al mercado, hay todo un proceso de educación hacia la lectura que ellas también deberían asumir hasta cierto punto, y por ejemplo, impulsar y utilizar el cuento (por su carácter breve y conciso) para generar este tipo de procesos. El cuento, por sus características, es muy apetecido por la gente joven, por ejemplo, que a veces prefiere leer una historia que se desarrolle en pocas páginas, y no una novela de muchas. No quiero decir con esto que una buena novela no tenga la suficiente fuerza para atrapar a lectores hipotéticos, lo que quiero decir, es que en un país que no lee, quizá resulte más fácil atrapar lectores con cuentos de 10 páginas, que con novelas de 300.  

 

- ¿Por qué maneja un ambiente tan deprimente en sus cuentos?

 

¿Te parece? No tengo una respuesta clara para eso, yo más bien trato de sacar cosas y plasmarlas en el papel, y por lo general salen así, sólo eso. Ahora, la verdad es que sería muy fácil ser una persona depresiva si creciste viendo bombas estallar en los noticieros, masacres, secuestros, y una tendencia cada vez más marcada a resaltar las cicatrices de nuestra guerra, y no procurar verdaderos procesos que nos ayuden a entender y superar esas cicatrices. Nos ha tocado una época y una generación bastante complicada, hijos de una postmodernidad tardía, muy al estilo latinoamericano, tercermundista, matizada (fuertemente) por toda la problemática social, política y de orden público que vivimos. La verdad soy muy escéptico cuando miro el futuro. Hay un investigador social latinoamericano que sostiene que hemos perdido la capacidad de soñar. Alberto Fuguet, el escritor chileno, dice que la nuestra es una generación que surge de los desechos tóxicos de las demás generaciones. Roberto Bolaño, escribió que la de él fue una generación que vio como sus utopías se convertían en pesadillas. Pues bien, yo creo que ha nosotros nos ha tocado crecer en la pesadilla misma, con una cada vez más latente crisis de los sueños, que al mezclarse con las demás influencias del medio, produce en mí cuentos que usted llama de tendencia depresiva, pero que para mí no son más que la reinterpretación del mundo personal y social que me ha tocado vivir. Si observas bien, entre las líneas, te darás cuenta de esa fuerza lumínica que hay en algunos cuentos de Antropofobia, esa fuerza que dice que no todo está perdido, y en la que pese a todo sigo creyendo.      

 

- ¿Son sus cuentos reflejo de la nuestra sociedad?

 

Creo que todo escritor, todo artista, todo ser humano, debería decir algo sobre el mundo y la sociedad en que les tocó vivir. Yo trato de hacerlo a través de lo que escribo, pero todo es un proceso, obviamente. Sin embargo, yo creo que la cuestión está en no ser un mero “reflejo”. Hay una tendencia actualmente en la literatura colombiana, y en el cine también, de contar historias que sean “reflejo” de nuestra crisis. El problema es que el reflejo es engañoso, es la imagen doble de algo que es y no es al mismo tiempo. Si sólo nos quedamos en el reflejo será más difícil conocer las múltiples caras de nuestra realidad. La tarea está en superar el simple reflejo, ir más allá, y reinterpretar esa realidad social. La reinterpretación es la clave, la reescritura de nuestra problemática supera el reflejo, y nos ayuda a analizarla y a tratar de entender un poco esta realidad fraccionada y altamente bombardeada en que vivimos.

 

- Proyectos para Gerardo Ferro.

 

En este momento, el horizonte está plagado de proyectos. La vida misma es el más grande de todos. Por ahora, quiero terminar mi novela, lograr que se publique y que la gente la lea. Espero no ser tan ambicioso.

 

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