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REPORTAJES    

 

 

Bush y Uribe en la playa

Pese a los esfuerzos puestos por la administración Bush en el llamado Plan Colombia, pocos éxitos ha logrado el presidente Uribe. Colombia sigue suministrando el 80% de la producción mundial de cocaína, siguen los secuestros y las desapariciones y las fuerzas guerrilleras están lejos de ser vencidas.

 

Por: Forrest Hylton

 

Si hubiese sido en Bogotá, por donde pasó Donald Rumsfeld el 19 de agosto de 2003, los ciudadanos podrían haber vivido un déjà vu, pero aquella vez fue Cartagena de Indias y era el presidente Bush, y no el doctor Strangelove, quien andaba de visita. Desplegaron 15.000 soldados, estadounidenses así como colombianos, 1.200 de ellos a lo largo del perímetro urbano donde viven negros empobrecidos, en gran parte, desplazados del campo. Hubo francotiradores en los techos en el aeropuerto y en el centro de la ciudad, mientras helicópteros y aviones de guerra circulaban por el espacio aéreo que había sido clausurado. Un portaaviones y dos submarinos estadounidenses navegaban a lo largo de la costa y, por último pero no por eso menos importante, dos robots “antiexplosivos” sirvieron para evitar atentados. El día fue declarado feriado público, aunque prohibieron la venta de alcohol. Dos batallones de “robocops” antidisturbios fueron desplegados en la ciudad para evitar posibles protestas (no)violentas, mientras que en el centro de Bolívar, una fuerza combinada de policía e infantería emprendió operaciones “ofensivas” en Montes de María contra guerrillas de las FARC y del ELN para “impedir” un posible ataque.

Así fue la primera visita de Estado oficial de Bush después de la reelección. A diferencia de Bill Clinton, quien visitó hace cuatro años las áreas pintorescas de Cartagena en su limusina, a Bush lo despacharon rápidamente a la isla Manzanillo, en cierta época, una plantación esclavista colonial. Como tenía que ser, la agenda oficial fue simple. El Plan Colombia y el Plan Patriota. Acuerdos de libre comercio. Lucha contra terroristas.

La mayoría de los cartageneros vive en vecindarios sin servicios o infraestructura adecuados -vecindarios que han sido afectados recientemente por las peores inundaciones desde 1996, en los que los paramilitares “liquidan” a sospechosos de subversión con total impunidad. Este despliegue de espectacular fuerza militar más bien recordaría a Faluya, que a Bogotá, capital de la “República Ganadera”, en la que la tierra pertenece al que se apropia de ella “a punta de yatagán”.

Pero claro, esta vez las señales también fueron más claras. Aunque Bush mencionó el tema de los planes nucleares de Irán como cruciales, la derrota de las insurgencias colombianas está ahora más arriba en la lista de prioridades imperiales que cuando Rumsfeld fue a Bogotá. Así que, aunque el Plan Colombia debe expirar en 2005, podemos esperar que durará por lo menos cuatro años más. Como señaló Bush, igual que Kerry, el Plan Colombia ha sido un asunto bipartidario desde sus comienzos.

Bush cree en Uribe

Como es un hombre de fe, Bush cree que Uribe está en vías de librar a Colombia de sus “narcoterroristas” y tiene la intención de suministrar un apoyo total con ese fin. En comparación con Afganistán e Irak, a la administración Bush le resulta fácil imaginar a Colombia como un ejemplo de éxito imperial. Mientras las “fuerzas del mal” tienen un control cada vez mayor sobre los primeros, en esta última los malos van huyendo (aunque todavía no se les ha hecho “salir de sus madrigueras”). La realidad, por cierto, es diferente, aunque poco les importa a los que desprecian abiertamente lo que un alto asesor de Bush una vez calificó de “la comunidad basada en la realidad”. Al evaluar el impacto de los 3.390 millones de dólares pagados por el Plan Colombia desde 2000, un 80% en entrenamiento y equipos militares/policiales, sus partidarios como Financial Times de Londres, subrayan la fuerte reducción en los secuestros, que han disminuido en un 42% desde 2003. Y también está la tasa de crecimiento de la economía de un 4%, basada en otra burbuja de la narco-construcción como la que fuera iniciada bajo César Gaviria hace unos quince años. Los prosélitos también indican que según estudios del gobierno de EE.UU. (que hay que considerar con un escepticismo extremo), el área de cultivo de coca ha disminuido en un 30% desde 2001. Esto ha sido logrado con una masiva fumigación aérea en el sur que, como demostraron científicos valerosos, ha causado infecciones respiratorias y cutáneas generalizadas, particularmente entre niños, y ha destruido ríos, peces, flora y fauna -hay 208 especies anfibias actualmente en peligro de extinción-, así como ganado y cultivos legales, sin posibilitar fuentes alternativas de subsistencia.. Además, la fumigación no ha disminuido el precio o la disponibilidad de hoja de coca o de pasta de coca en los mercados colombianos, y menos todavía el precio de la cocaína en las calles de EE.UU., ya que Colombia sigue suministrando un 80% de la producción mundial de cocaína.

Los “éxitos” de Uribe

Sin embargo, Uribe fue elegido (con un 24% del voto potencial) sobre la base de una plataforma clara: eliminaría el “contagio” de la insurgencia antes de que se convierta en una amenaza para otros países de la región. Y en este aspecto los éxitos de Uribe han sido inexistentes, ya que las guerrillas han desaparecido en la selva y dividieron sus columnas de mayor dimensión en unidades más pequeñas, más móviles. Las estructuras de dirección tanto de las FARC como del ELN están intactas. Además, bajo la vigilancia de Uribe, la cantidad de ataques de las FARC han aumentado en realidad considerablemente.

Hay otro indicativo estadístico más significativo para medir el “éxito” del Plan Colombia. Una cantidad récord de personas fue “desaparecida” en 2002-2003, 3.593 por año, en comparación con 3.412 entre 1994-2001. La cantidad de asesinatos atribuidos a las fuerzas estatales de seguridad aumentó de 120 por año entre 1998-2002 a 184 en 2003, mientras que el porcentaje de asesinatos paramilitares de civiles sigue rondando cerca de un 70%, a pesar del “cese al fuego unilateral” declarado en diciembre de 2003 como parte de las ridículas “negociaciones de paz” entre los paramilitares de la AUC y la administración Uribe. La Defensoría del Pueblo informa de 342 violaciones del cese al fuego, que resultó en unos 1.900 asesinatos. Más de 4.800 civiles fueron arrestados acusados de “rebelión” en 2003, aunque tres cuartos de ellos fueron posteriormente dejados en libertad por falta de evidencia. Según estudios de Naciones Unidas, 2,5 millones de niños trabajan por una miseria en condiciones peligrosas y difíciles, y cada dos días muere un colombiano de hambre. El porcentaje de gente que vive en la pobreza - definida como un ingreso de menos de 3 dólares al día - ha aumentado a un 64% del total y a un 85% en el campo.

La cantidad de personas desplazadas en el interior - en su mayoría mujeres y niños, una minoría fuera de proporciones de indígenas y afro-colombianos - ha aumentado de 2,5 millones a 3,5 millones desde 2002. Con la posible excepción de Irak ocupado, Colombia sigue siendo el país más peligroso del mundo para periodistas independientes, sindicalistas, maestros y activistas de derechos humanos. Un sondeo realizado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística - DANE, que provocó la renuncia de su director, César Caballero, demostró que menos de un 30% de los residentes de Bogotá y Cali se sienten seguros. ¡Y después hablan de las maravillas de la política de “seguridad democrática” de Uribe! Por primera vez desde mediados de los años 80, Cali ha sobrepasado a Medellín en su nivel de homicidios. Cali es un centro de política progresista independiente, y los homicidios han aumentado un 60% en todo el departamento desde 2003. En la conferencia de prensa en Cartagena, Bush declaró que la suya era una administración que busca resultados y que Uribe era alguien que los había logrado [2].

Un frente antireelección

Los resultados mencionados no dan mucho motivo para celebraciones. Pero aparecen rayos de luz a través de las nubes de la tormenta bélica: las protestas, a través de movilizaciones de masa y huelgas estudiantiles, aumentaron en octubre y noviembre. A pesar del apoyo uniforme - incluyendo el de la UE - a favor de una solución militar a un conflicto socio-político, Uribe, como sus pares en la región, debe confrontar lo más aterrador para ese tipo de gobernante dondequiera se encuentre: Un movimiento organizado por la base que exija un cambio social radical.

El Frente Contra la Reelección ha decidido presentar un candidato contra Uribe en 2006. Si logra canalizar las fuerzas opositores regionales en una fuerza nacional coherente, Colombia podría verse orientada en la misma tendencia que se impone en todo el continente a pesar de que recibe la mitad de toda la “ayuda” de EE.UU. a la región. En lugar de ser presentada como la historia de un éxito, puede ocurrir que con el pasar del tiempo Colombia se convierta en otro ejemplo más de los límites del poder imperial.

Fuentes: AP, El Colombiano, El Espectador, El Tiempo, CNN en Español, Latinamerica Press, Colombia Week, Financial Times, Center for Internacional Policy-Colombia Project.


[1] Columna de Alfredo Molano en El Espectador.

[2] “No se puede culpar a la política contrainsurgente de todo el aumento en homicidios, ya que han estallado violentas guerras territoriales entre traficantes por ganar el control de la parte norteña del departamento”, Columna de Alfredo Molano en El Espectador.

 

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