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New York, NY. EE.UU. Año 6

 

¿Quién es Elena Poniatowska?


Por Martha G. Aguirre

Después de haber vivido treinta años en Nueva York, siendo por naturaleza ostrácica, no hubiera conocido a Elena Poniatowska, de no haber sido por mi amigo Jorge Macondo, le llamo así­ porque lo identifico mejor, como elemento-libro.
Mi oído-que es vidente-, quiso saber todo acerca de Elena Poniatowska; termine completamente entregada: "Tinisima", fue el primer libro que se metió en todas las raíces de mi cuerpo, renovando mi antigua piel europeizada.
"Tinisima", es un libro infinito, donde se mezclan la vida cotidiana de un México volcánico, incautado por los veintes, la política, la prensa reprimida, la evolución que irrumpía a la renovación social, y por supuesto, los eternos desafíos del amor, son los ingredientes, que hacen a la controversial y tierna Tina Madotti; amante-amiga, y modelo de inspirados fotógrafos como Edward Weston, y apasionados muralistas, como Diego Rivera.
Tina Madotti, es "Tinísima", superlativa de un México, en sus cambios más fascinantes, en ella se encuentra a la mujer sexualmente liberada bohemia, militante de un comunismo laico y asfixiante, la guerra de España, y el estrago del alma y del espíritu. Tina vive su verdad de militante activa, viaja por un mundo revolucionado, conoce a Stalin y su paranoia, y también conoce la derrota física y mental, de quien regresa de una guerra inconducente, que la vuelve a México, cansada y emocionalmente destruida.
Elena Poniatowska, libera hasta la exasperación, la imaginación del lector más exigente, como del más atrevido. "Tinísima", me tuvo presa, en la m
ás dulce ausencia del tiempo convencional, cuando pude nuevamente, establecer relatividad con el planeta, fue cuando se me ocurrió pensar: dónde habría nacido este aluvión-electrónico.
Elena Poniatowska nace en Paris, su padre es Polaco y, desde 1942 vive en México, donde configura al lenguaje castellano, con la fuerza de un átomo Nahuatl.
Hoy, Elena Poniatowska, vive en mis noches: ventana,  lámpara y agua; termino un libro para seguir con otro, descubriéndola como si fuera algo del lenguaje, que se me había perdido y ahora, se va integrando a mi avidez como la tierra prometida.
Sigo con "Hasta no verte Jesús mío", novela, donde su personaje "Jesusa", encarna y desencarna el Gólgota, ida y vuelta, como una mujer de avatares en la vida Mexicana, sus costumbres marciales y esclavistas. ""Jesusa", para seguir viviendo, tiene que renovar sus votos de Franciscana independiente, en todos los aspectos, desde su espíritu revolucionario, a fuerza de un destino sin destino, hasta su vida de sirvienta de ciudad, mezclada con una clarividencia iconoclasta.
Mi pasión crece, hasta convertirme en rama de un árbol-poeta, cuando de pronto, descubro a una Poniatowska, inquisitiva, sagaz, amiga, periodista, artista, quien recrea a Octavio Paz como poeta, como hombre y como amante de la geografía de la madera. Entonces, caigo en la levedad lujuriosa y apacible de "Las palabras del árbol", aquí­ de autor a autor, ambos se debaten sin pena ni límites, pero que, finalmente se refugian  bajo una misma sombra.
Octavio Paz, desde su vida con estrellas en las suelas de sus zapatos, hasta su Excelencia como Embajador en la India, siempre nos muestra al hombre, al asceta, al apasionado, que México conoce como el hacedor de la palabra.
Ahora, descubro a Elena Poniatowska en "Tlapaleria", ocho cuentos, donde otra vez, su autora, apunta al asombro, extrae en su búsqueda de abeja, el néctar más profundo, con su delicada vocación de colibrí­. Cuentos traídos desde las profundidades más insólitas de la mente humano-dinámica, como "Coatlicue", o tierno, dulce y matriarcal en "Chocolate ".Aquí­ es Octavio Paz, quien define a la autora,"como un pájaro en la literatura Mexicana.
Si, definitivamente, Elena Poniatowska vuela, baila, y sobre todo canta como en "Querido Diego te abraza Quiela", este pequeño volumen de setenta y una páginas, me deja sin aliento. Elena Poniatowska, se confunde en la intensidad de Angelina Beloff pintora y exilada rusa, descubre la pureza de su alma, y escribe cartas desde un Paris de posguerra, inhóspito, frío y torturante; sola con un jarrón de pinceles prolijamente alineados, y un saco de pintor, colgado de un clavo en la pared, dónde  pasarán largos años, sin que el cuerpo volviera a habitar su forma.
Las cartas nunca fueron contestadas!
Podrá seguir con "La piel del cielo "novela con la que Elena Poniatowska gana el premio Alfaguara 2001, pero  un egoísmo dulce me limita.
Elena Poniatowska, es una evolución constante, un espacio de lenguaje concreto, una exaltación de tiempos, una cascada de extremos prodigiosos.
Elena Poniatowska es México.

 

 

 

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