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New York, NY. EE.UU. Año 6

 

La tierra de Gilgamesh principio y fin de las letras

 

El origen de la literatura, a propósito de la invasión a Irak

 

El poema épico Gilgamesh fue escrito en tablillas de arcilla y caracteres cuneiformes en Mesopotamia, tierra donde nació la literatura universal. Evocación de la antiquísima obra, ahora cuando el escenario donde se escribió es de nuevo centro de feroz confrontación.

 

Hace por lo menos 4.500 años, un ser humano de cuyo nombre nadie tiene noticia escribió en tablillas de arcilla y con caracteres cuneiformes la obra más antigua de la literatura universal, en un lugar de la región de Mesopotamia, tal vez ya arrasado por las tropas invasoras en su feroz arremetida, donde sigue creyéndose que, por paradoja, estaba el Paraíso Terrenal.

Tanto ese territorio del planeta como el poema representan una síntesis patética de la humanidad, de la condición humana, de los contrastes y las luces y sombras de la historia. El relato bíblico sitúa en Mesopotamia el Paraíso de Adán y Eva. Las crónicas y la historiografía indican que en esos mismos contornos se han efectuado azarosas confrontaciones bélicas desde siglos atrás. Mesopotamia (el Irak de ahora) ha sido cuna y sepulcro de civilizaciones y culturas, lugar de encuentro y de conflicto, de paz y de guerra, de vida y muerte, reino de Eros y de Tanatos. Reino, así mismo, de un monarca, Gilgamesh, que fue cruel y tierno, mixtura de ángel y de demonio.

El poema se ha conocido con el nombre de Gilgamesh, en memoria del heróico protagonista, despótico rey de Uruk, individuo primitivo en sus reacciones y sentimientos, que sentía pavor de la muerte y expresaba temores y dudas, como si a partir de sus cavilaciones estuviera inaugurando la reflexión sobre los temas sempiternos que (muchos siglos después de escrita la obra) le dieron vida a la filosofía cuando la humanidad superó el estadio del pensamiento mítico, poético y religioso.

Tal como se deduce del poema, Gilgamesh era un gobernante perverso hasta cuando peleó con un poderoso rival salido de los bosques, Enkidu. Los dos fornidos competidores acabaron convertidos en grandes amigos, hasta el punto de compartir la difícil tarea de destruir al monstruo Humbaba. Al morir Enkidu, Gilgamesh se convenció de que no era un semidios y también podía perecer algún día. Junto con la amistad, la búsqueda obsesiva de la inmortalidad, de la pócima de la eterna juventud, es tema primordial del poema.

 

Los humanos tienen

contados sus días.

Todo cuanto hacen

se lo lleva el viento.

Si caigo, habré conquistado la fama.

La gente dirá: "Gilgamesh cayó

Luchando contra el fiero Humbaba.

Estoy decidido a penetrar

en el bosque de los cedros.

Quiero fundar mi gloria.

Gilgamesh no ha sido tan recordado en el mundo occidental como si lo son otros héroes, desde Hércules, consagrados por los poetas y cronistas de su tiempo y por los lectores de todas las épocas. Gilgamesh aparece en el poema como un hombre joven e inexperto, incompetente para ejercer con sapiencia el poder y, a diferencia de otros protagonistas épicos, acostumbrado al dolor y al sufrimiento, a la vacilación y al miedo y sentimental hasta las profundidades del alma: Cuando murió su amigo Enkidu derramó abundantes lágrimas. Fue así como consiguió en forma lenta, en medio de adversidades y al principio aborrecido por su propio pueblo, la prudencia que no ostentó en la juventud.

Amigo: ¿Quién se encumbrara

y pudiera subir al cielo

y morar por siempre

con Samash?

El simple hombre tiene

sus días contados.

Haga lo que haga,

no es más que un viento.

El poema de Gilgamesh traspasó las fronteras geográficas y lingüísticas de origen en versiones sumerias, akadias, babilónicas, asirias e hititas. Es probable que hubiera sido una obra muy popular en su época. Por algo se le conservó en la monumental biblioteca de Asurbanipal, el último rey asirio, cultor de las letras, que ordenó reunir más de 20.000 tablillas (donde se escribía antes de la invención del libro) en la ciudad de Nínive, que fue destruida en una de las tantas guerras que han azotado esa región del globo terráqueo.

En Mesopotamia nacieron las culturas, los ideales humanos. Pero también ha sido, en la historia de la humanidad, uno de los más desconcertantes puntos de confrontación y escenario de mortíferas contiendas.

 

Tablilla por tablilla

El Gilgamesh fue descifrado en paciente labor de lectura y cotejo, tablilla por tablilla, por el arqueólogo inglés George Smith en 1872. La escritura cuneiforme era corriente en la región mesopotámica. Fue desapareciendo poco a poco al competir con otras formas de composición escrita. Y tal vez como consecuencia de las guerras.

 

Pero sirvió en especial para el intercambio comercial. Contenía un sistema numérico mediante el cual se escribieron textos matemáticos, astronómicos y calendáricos. Se ha dicho que el Gilgamesh, que reúne unos trescientos versos, puede considerarse como la constancia escrita más antigua de la reflexión sobre la condición humana y sobre qué son y cómo deben vivir los seres humanos.

 

Lecturas diversas

El valor de una obra literaria, su perdurabilidad, su trascendencia, se afirman con base en su universalidad y en la riqueza de su potencial de respuestas que ofrece a los lectores. Es decir, en la variedad de lecturas que posibilita. Esto sucede con el Gilgamesh.

Quien lea los versos de este poema épico encontrará motivos para concluir que es un canto al orden que, por la intervención del héroe, surge después del caos, que entraña una valiosa lección de altruismo, de solidaridad y de entrega a la sociedad. Yque puede constituir, además, una primera fuente para la reflexión sobre la ética y el destino del hombre de viajar por la vida, en lucha contra incontables monstruos y con la ayuda de los dioses. Las comparaciones no han sido escasas: Se conocen ensayos en los cuales se confronta el Gilgamesh con la Odisea y se hace un paralelo entre los héroes de ambos poemas.

Gilgamesh y el diluvio

Se ha encontrado una sorprendente afinidad entre el Gilgamesh y el relato bíblico del diluvio universal. Claro está que también hay diferencias (Noé no era inmortal como sí dicen que lo fue Utnapishtin). Entre las similitudes de las dos narraciones pueden destacarse el lamento por la degradación de la especie humana, como causa del diluvio, la salvación, en ambas, de un hombre y sus familias, la construcción de una nave, el arca, en la cual los escogidos se protegieron y salvaron con ellos una selección de los animales, la muerte de todos los demás seres vivos, el anuncio por aves del fin de la tragedia y la localización del arca en las alturas de un monte al concluir la inundación global.

En el diluvio del Antiguo Testamento el hombre justo que sobrevivió fue Noé, como todos sabemos. En el Gilgamesh fue Utnapishtin, a quien los dioses le otorgaron la inmortalidad. Cuando Gilgamesh lo consultó para obtener de él el secreto de la vida eterna, supo que éste residía en una planta que brotaba en el fondo del mar. Gilgamesh la encontró, pero la perdió en el camino de regreso, porque le fue arrebatada por una serpiente y no tuvo más remedio que resignarse a la suerte de ser mortal:

Desde los días antiguos

no hay nada permanente.

Los que duermen

y los muertos,

¡cúanto se parecen!

Cuando llega la muerte,

¿quién va a poder distinguir

al esclavo del señor?...

Los dioses deciden

sobre nuestra muerte

y nuestra vida,

pero no revelan

el día

de nuestra

muerte.

Las voces de la tierra y del mar le habían advertido al héroe que no sería dueño de la inmortalidad que buscaba:

¿A donde vas, Gilgamesh?

La vida que tú buscas

nunca la encontrarás.

Lo dionisíaco llega al máximo en el poema de Gilgamesh, en estos versos, en los cuales se vislumbra una insistencia en el carpe diem, en vivir al día, como si estuviera haciéndose la alabanza de la frase de “hoy comamos y bebamos que mañana moriremos”. ¡La fiesta, la alegría, la alegría, el cachondeo! -diría un español de Andalucía, heredero de la antiquísima tradición árabe y judía de la celebración. Noé, el patriarca hebreo, padre de las razas humanas (los semitas, los camitas y los jafetitas), el elegido por Yahvé para salvar la especie y protegerse en el Arca, alguna vez, como se recordaba en las narraciones de la historia sagrada, llegó al exceso en su culto a Baco, hasta el punto de que uno de sus hijos lo ridiculizó... Esto, en cuanto a la tradición hebrea y cristiana.

¿Pero podía haber celebrado también Utnapishtin? ¿Tuvo también acaso inclinación festiva y dionisíaca, así como se ha dicho que la exhibió Noé? El sentido de la celebración como destino del hombre, en el Gilgamesh parece que se justifica por el afán de gozar en la vida actual, en la vida terrena, ante la conciencia de que no se alcanzaría la inmortalidad.

Cuando los dioses crearon

a los humanos

destinaron la muerte para ellos,

guardando la vida para sí mismos.

Tú, Gilgamesh, llénate el vientre,

goza de día y de noche.

Celebra cada día

una alegre fiesta,

danza y juega día y noche.

Ponte vestidos flamantes

lava tu cabeza y báñate.

Atiende el niño

que te toma de la mano

y alégrate.

Deléitate abrazando a tu esposa.

Pues éste es el destino del hombre.

 

 

 

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