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New York, NY. EE.UU. Año 6

 

 

 

“Hijos de los hombres”

 

Un filme futurista y, saz! un coscorrón te saca de la estupidez reinante en esta desconstrucción cinematográfica.

 

Por Gabriel Jaime Caro (Gajaka)

 

El cineasta latino Alfonso Cuarón no es ningún adelantado en el cine que diga soy el primero con este filme memorable: “Hijos de los hombres”; pero se acomodó entre los mejores primeros autores de ficción profética de todos los tiempos: la imagen visual por encima de la narración exacta, por la imaginación de un primer espectador en la escena de la sala de proyección.

 

Lo primero es el futurismo en el cine, por fuera del Hollywood copista que todo lo empástela (para confundir la inocencia de la gente), lo wrap up ante usted, el otro, con un inverosímil manejo, que a nadie importa cuando dejas la sala como si hubieras estado en el sepelio de tus sueños mas queridos. Los androides y los desesperados hambrientos siguen suicidándose llevándose consigo toda la libertad alcanzada por el individuo común y corriente, sin genes principescos.

 

Chaplin y Buster Keaton fueron la excepción (de la realidad al futuro solo un pasito); pero un filme como “Blade Runner”, 1982, dejá vu, se te queda para siempre, hasta podrías asar en el patio trasero todos los filmes de Tarzan, Superman y de Batman y Robin como insulsos y de poca monta con la imaginación (que nos perdone nuestra adolescente enajenación que todo lo ve perfecto) y la reflexión en el arte para un reinado de 500 críticos estoicos en una sala del “2001 Odisea del espacio”.

 

Estamos con esta inventiva de filme de Cuarón en el año 2027, que sumados dan once (11), una hecatombe o mejor el acabose, en pleno Londres - la fábula distópica - , mientras un hombre piense que es bueno estamos salvados, esto se vislumbra desde el comienzo en el gesto de Theo (Clive Owen), causado para un seguimiento destronador, un hombre libre sin antifaces (un Hermes psicopompo).

 

Nada ha cambiado desde 20 años atrás: las vacas locas, los grupos terroristas que todo lo resuelven con una masacre, para un dios putrefacto que no se limpia el culo. La ausencia de los niños que si no es por gastroenteritis, es por odios que nunca antes intentaron subsanar, porque los pactos y la paz para lo que sirve (reintentando el arma de moda) que puede resolver todo sin una masa acomodada en el lecho surreal de la desesperación y, la muerte sin un tallo de meditación.

 

Esta escritura de intensidad diaria para una crítica amorosa a una suma de detalles en el filme de Alfonso Cuarón (“The children of men”); en uno de estos detalles en tres minutos retrata la alegría que alguna vez tienen los seres humanos cuando un chaman - y su amor vegetal ahí quietecito - llega a la cumbre de su sacrifico entre batallas imaginadas por la mente del último humanista Jasper (Michael Caine) experimentando con la mariguana, que cumple su cometido en cada siglo, haciendo milagros con la mente humana en la sociedad de consumo occidental.¿Y la Reina milenaria dónde está escondida?

Los archivos de la memoria del cine, extractados por un buen editor de películas: los carneros apurados en una calle de la guerra, el vivo retrato del cine joven alemán, Buñuel, Kubrick, el cine de clase B., el coleccionista, Visconti, A.H.; PERO AL FINAL SE IMPONE EL ESTILO DEL AUTOR que está haciendo esta apología. Un buen guión salva una película de sus arrebatos de imagen futurista.

 

El cineasta de origen mexicano, hoy ciudadano del mundo del cine (cómo lo son también sus coetáneos Alejandro González Iñárritu “Babel”, Guillermo del Toro “El laberinto del fauno”),  Alfonso Cuarón y su toque de distinción inconfundible: “Y tu mamá también”, “Harry Potter III”, “París, je T'aime” 2006 (su participación es declarada como la mejor de está excelente realización de 11 directores de cine), nos sigue cautivando, enredándonos la pita, evitando sublimar nuestro desespero por nada nuevo en la imagen cinematográfica en nuestros más cercanos horizontes.

 

“Hijos  de los hombres”,  nominada a tres Oscares por la edición y los guiones, respectivamente. -“El mejor filme del año”, según Elvis Mitchell del “New York Time”.

 

Uno dos tres, salta en la pantalla el coche por la carretera infinita y un tema de rock de los sesenta nos mueve en la butaca a seducirnos a nosotros mismos, porque somos parte del filme, de la obra estructurada (los receptores en nuestras mentes)... Girando en la locura dirección con el idioma de los Beatles, The Who, Sex Pistols.

No quiere esto último decir que “Hijos de los hombres” es una obra maestra, pero está próxima a ella, separados por un bastidor subterráneo.

Se queda uno corto en comentarios en aquella escena final cuando la madre negra sale con su hijo en brazos, único bebé en 18 años (con aquel hombre protagonista, unidimensional) en medio del silencio del ejército (hay ejércitos grandes y pequeñitos que todo lo vuelven reencarnación) en plenas operaciones de guerra, en aquel edificio donde se lleva a cabo el acabose y, el homenaje al hijo del hombre sirve de gesto ruinoso, mejor de constancia de una memoria que ya no existe sino por exhalación en la velocidad del inevitable fin.

Salimos de la sala alucinados, adoloridos pero tocados hasta la médula, unos mas que otros, para que el cine siga con sus cinéfilos especulando: si me gustó, no me gustó; cuando nada haya para comentar en la sabrosa cotidianidad de un Proteo.

 

A Manuela Alarcón, la hija del filósofo panteísta

 

 


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