agencia de NOTICIAS LITERA

New York, NY. EE.UU. Año 6

 

 

 

El Colombian Dream

(2006)

  

Una fabulación sistemática de mementos (la techné): tome el “éxtasis”alucinógeno y, vea los padrinos de esta nueva violencia.

 

Por Gabriel Jaime Caro – Gajaka -

 

Lo primero que hacemos al comenzar a ver este filme de Felipe Aljure, “El Colombian Dream” (2006), es sentirnos parte con parte, incluyendo a las mentes frescas a nuestro lado en la sala, porque como decía el poeta León Felipe a cine se va es a soñar.

 

Y estas imágenes que ya había recreado el cine de Lumière, Méliès, Sennett, Monoto (100, 110 años atrás) en unos cuantos segundos, se nos vuelve reiterativa con lo digital, y desmoronamos la hermenéutica del cine, si la tiene con la electrónica, con “El Colombian Dream”, para situarnos cerca y lejos de esta extraña hipérbole de nuestras tragedias, en la que cada uno ha aportado algo al gen nuestro, el de la droga, entre los dos trópicos.

 

El flaco Aljure, con pinta de pirata, nos recrea una historia de amor, después de varios años sin hacer nada (primero fue “La gente de la Universal”, 1991) con esa tendencia entre hermanos para ganarse la única presa femenina que circula en el fenómeno planteado, casi exclusivo del Séptimo arte. Autoanalizándose en el mismo set, que ya es algo con pinta de memoria en el arte (la techné).

 

Gestos que ya no son minimalistas, porque el teatro los ha agotado todos. Son las herencias de vivir otro narcotráfico con gente muy joven, que lentamente se involucra con los viejos mafiosos, que no quisieron ser hippies, para poder sobornar a medio mundo, para nada que no sea la pesadilla de la existencia en cada segundo de nuestras vidas, acoso y baja estima.

 

Una memorable sexualidad masoquista que deviene de unas palmadas en el rostro, que le sirve de poema gestual y de leimotiv, al cineasta. Algún rasgo familiar debe tener Felipe con el poeta barroco Jaime Aljure.

 

La trama típica del filme:

 

Aquí el protagonista son las pepas de varios colores (“El éxtasis”), para acercarse al universo como los astronautas, en aquellas noches donde la estrella Betelgeuse nos llama a destapar nuestros cerebros hacia la imaginación desbordante. Videos clips que nos asalta la visión por espacio de unos minutos (la alegoría de la revolución tecnológica).

 

Edición que pudo matar lo que se daba, que no es exclusiva para niños con sus niñas bonitas, si no que los viejos también se lanzan al abismo, con sus arrebatos esquizofrénicos. Si no te gusta esta locura visual no vaya a verla, prefiera un animado de burro con elefante.

 

Y parece que todo está perdido en esta trama, cuando los asesinos a sueldo tienen que matar por matar, por una orden de un loco desechable. Sentimos risa y duelo por la drogadicta que está amarrada de una cadena por su adicto amante que hace de distribuidor del químico sicodélico (“ecstasy”: séptimo en la escala de alucinógenos). Escena de corte que el mafiostóteles nos enseñó también: “¡mátenla a como de lugar!”.

 

Pero lo mejor del filme es el actor negro, hijo de un masón, que lo contratan por negro para que sirva de sicario, y éste que dice ser poeta, vaya burla por tanto mediocre dándose a conocer por ahí, esta ahí plantado como una víctima de su padre, regalándonos con flema una lección de humor y de desdicha. Y el árbol gigante que cobija a los ya legendarios mafiosos italianos, la burla, y el padre alucinado (travestiado), que más bien parecía un video rockero de “Jarabe de Palo”, son sobrecogedores.

 

A manera de Conclusión:

 

Esta prehelénica crítica no es exclusiva de ninguna tendencia artística, es más una creación sui generis (una toma instamática de nunca acabar); fenómeno cíclico generacional del vicio, con sus rostros atropellados por las mutaciones: tócame ahora que estoy empepada, y mañana visito un neurólogo para que nos salve de esta desastrosa inexperiencia. Nunca será como “Rey de corazones” o “The Killers”, es puro cine neocolombiano.

 

“El Colombian Dream” es meterse en la traba con ese flagelo, si se puede llamar así, y volar con la técnica del ojo (la instamátic) de tiburón hasta el soborno. Y lo mejor, cine para noveles cinéfilos, con las marionetas brindadas de nuestra resequedad: no tenemos un yo, no somos parte del devenir, ni siquiera hemos meditado como fuimos en el pasado. Un falso Tao sin naturaleza, que esta ahí en el delirio (la pálida frustrante) y no la vemos.

 

No es “Vendetta”, otro filme que se me aparece aquí: un grito a los medios de comunicación controlados por el ultrafascismo, que también castiga con una especial deformación de los sentidos; si no, la fabulación especular que se vuelve absurda por “la metonimia elejíaca” de los instantes: metamorfosis de la deformación, del tiro, con algo de música popular. Un paso entre la inocencia y el tono adusto de los secuestros, en “El colombian dream”.

 

Los niños actores, que han salvado a Hollywood de su destrucción emergen en este filme catapultando esta obra como uno de las mejores de la cinematografía latinoamericana actual.

 

Una acidez nihilista no apta para mentes clásicas. Un reto de formato y de herramientas, donde usted mismo inserta el símbolo impostor.

Fin

 

 


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