agencia de NOTICIAS LITERA

New York, NY. EE.UU. Año 6

 

 

Capote, o el viejo truco de la literatura dentro del cine

 

Por William Zapata Montoya

 

Hay vidas que vale la pena vivir. Y no son las nuestras. Gracias a los biopics, el cine ha hecho posible que conozcamos los vicios y las virtudes de políticos, cantantes, actores, científicos, deportistas, directores y otras celebridades.


Tan didácticas como escandalosas, las biografías filmadas de esta panda de famosos, personas de carne y hueso que han poblado nuestros delirios de grandeza, demuestran que todo ser humano es la suma de sus locuras, sus talentos, sus sueños y sus debilidades.

 

Calcula la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos que las películas que más posibilidades tienen de entrar en la carrera de los Oscar son las de género biográfico. De hecho, sólo en la pasada década casi cincuenta de las doscientas películas nominadas guardaban relación con personajes históricos o de la vida real.

 

La consagración del biopic en Hollywood llegó en la década de los 30 de la mano de la Warner Bros. El estudio popularizó una serie de  películas biográficas de contenido social que llegaron a ser muy populares. Entre ellas se encuentra La historia de Luis Pasteur, dirigida por William Dieterle en 1936 y protagonizada por Paul Muni, que consiguió con ese papel su único Oscar. Un año después, ambos coincidieron en otro biopic, La vida de Emile Zola, que se hizo con la estatuilla a la mejor película. Curiosamente, el propio Paul Muni, todo un especialista del género, fue objeto de una película biográfica en 1978, una  después de su muerte.

Desde entonces hasta nuestros días, multitud de largometrajes han recreado la trayectoria vital de personajes conocidos, algunos de los cuales gozaron de un gran éxito y conservan un indudable interés. Entre ellas se encuentran películas como El joven Lincoln, de John Ford, Viva Zapata! , de Elia Kazan, El loco del pelo rojo, de Vicente Minelli, El espíritu de Saint Louis, de Billy Wilder, o El orgullo de los Yankees, de Sam Wood. Además, al menos en otras cuatro ocasiones se han hecho con el Oscar a la mejor película: Lawrence de Arabia en 1962, Patton en 1970, Ghandi en 1982 y Amadeus en 1984

Entre los favoritos de Hollywood a la hora de protagonizar biopics se encuentran líderes sociales (Ghandi, Malcolm X), compositores (Mozart, Beethoven), inventores (Edison), escritores (Shakespeare, Hemingway), estrellas del rock (Jerry Lee Lewis, The Doors), políticos (Kennedy, Lincoln), aventureros (Charles Arthur Lindbergh), cineastas (Chaplin, Welles), deportistas (Rubin Carter), pintores (Van Gogh, Francis Bacon), reyes y reinas... Generalmente estas historias tienden a sacrificar la verdad en favor de un tono épico que oculta los aspectos más oscuros de la personalidad de los retratados y enfatiza cómo alcanzaron el éxito a pesar de las dificultades.

Sin embargo, no sólo los personajes admirables atraen la atención del cine estadounidense. También otros muchos cineastas, tanto dentro como fuera de Hollywood, han vuelto sus ojos hacia el lado oscuro del sueño americano y los personajes marginales que lo pueblan. Así, Martin Scorsese se basó en la vida de un mafioso arrepentido para rodar Uno de los nuestros, y en el boxeador Jack LaMotta para Toro salvaje. Por su parte, Tim Burton declaró su amor al cine en la irónica Ed Wood, a través de la biografía del peor director de la historia. Incluso Milos Forman, que ganó el Oscar con Amadeus, en sus últimas películas ha retratado a dos personajes polémicos: el pornógrafo Larry Flint y el cómico Andy Kaufman.

Un género tan desarrollado en el cine estadounidense como el biopic por fuerza ha dado pie a películas que aprovechan sus recursos narrativos para contar historias de ficción. Así sucede, por ejemplo, en Zelig de Woody Allen, en la que se narra la vida de un hombre carente de personalidad que adapta tanto sus ideas como su apariencia a las personas de su entorno. Otro tanto puede decirse del documental La verdadera historia del cine, que indaga sobre la figura del inexistente director neozelandés de la época muda Colin McKenzie. También pueden hallarse recursos propios del género biográfico en otras cintas como Forrest Gump o Velvet Goldmine.

La conclusión es que ya sea retratando a personajes históricos o ficticios, modelos de conducta o criminales incorregibles, resulta indudable que el cine biográfico conserva su vigor en el cine estadounidense actual. De hecho, próximamente llegarán a nuestras pantallas películas sobre Charles Arthur Lindbergh, Dean Martin, Harry Houdini, Elvis Presley, Phil Spector, Robert F. Kennedy o James Dean, entre otros.  Por ahora, hemos tenido la oportunidad de deleitarnos con el caso Capote.

 

A sangre fría

 

 Si alguien no había situado o no sabía situar en el mapa de Hollywood a Philip Seymour Hoffman, con Capote tiene una estupenda oportunidad para hacerlo. Una interpretación la suya gracias a la cual ese nombre quedará escrito con letras de oro entre las mejores de los años que van de década.

Película dramáticamente correcta, que tampoco cae en la tentación de hacer un estudio "a lo intelectual" del escritor americano. Lo mejor que se puede decir es que Seymour Hoffman, a la sazón, productor de la cinta, no pretende hacer de vedette en ningún momento. Y no hay que olvidar tampoco a la gran Catherine Keener, cada vez mejor actriz.

 

En la vida real, el actor Philip Seymour Hoffman tiene barba, barriga, voz grave y un confuso título académico, pero todo se desvanece tras su increíble transformación en el escritor Truman Capote, protagonista del último 'biopic' de Hollywood que se presentó, entre otros, en el pasado Festival de cine de Toronto.

Bennett Miller, director de 'Capote' -en la que Seymour Hoffman da vida al escritor estadounidense -, pasó por Canadá defendiendo a toda costa su filme, el primer largometraje de su carrera, que compitió con la película de George Clooney 'Good night and good luck'.

La película de Clooney no estuvo presente en el Festival de Toronto sino en el de Venecia, donde el director le ha arrebatado el máximo galardón de la Mostra, pero Miller se ha sentido amenazado a distancia con la sola mención del título por parte de un periodista.

"No he visto la película de George Clooney, pero la nuestra es mejor. No necesito verla", declaró un malhumorado Miller durante una rueda de prensa ante la sola mención de la creciente popularidad de las 'biopic', biografías cinematográficas de personajes famosos.

"No creo que mi película sea un 'biopic'. El que esté basada en una historia real es un accidente. La película es una advertencia", añadió Miller.

'Capote' relata la vida del escritor a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, cuando se sumió en la investigación y escritura de la novela 'A sangre fría', la obra que le convirtió en un aclamado autor de la literatura en inglés.

 

En esos años, Capote se siente cautivado por la historia aparecida en un periódico sobre el brutal asesinato de toda una familia en una localidad del estado de Kansas.

Perry Smith (interpretado por Clifton Collins Jr.) y Richard Hickcok (Mark Pellegrino) son arrestados por el crimen y Capote decide que tiene que escribir la historia, para lo que involucra a su amiga y también escritora Nelle Harper Lee (la actriz Catherine Keener).

El actor Philip Seymour Hoffman, que le da vida a Capote, coincide con Miller en que la historia va más allá del relato de la vida del escritor.

"Lo que me animó a hacer el papel no fue interpretar a Capote sino la historia subterránea del escritor durante esos cinco años y medio. La dinámica de Capote que se ve abocada a una tragedia de la que no se puede escapar es lo que hace la obra un clásico. Y si es clásico, sus ecos van más allá de un periodo y eso es irresistible", explica.

Seymour Hoffman — 'Esencia de mujer' (1992), 'Boogie Nights' (1997), 'El talento de Mr. Ripley' (1999)- reconoció que para poder interpretar a Capote tuvo que eliminar una cantidad sustancial de los más de 100 kilos que pesaba cuando se decidió a aceptar el papel.

"Mi novia estaba embarazada. Yo pesaba 110 kilos y los dos estábamos poniéndonos enormes a la vez. Fue un largo camino hasta llegar a un tamaño en el que podía meterme en los trajes que llevaba Capote", señaló Seymour Hoffman.

Durante su investigación para escribir 'A sangre fría', Capote se ganó la confianza de casi todos los implicados en el caso, incluido uno de los asesinos, con quien llegó a forjar una estrecha amistad.

La película dice que éste confiaba desesperadamente en que Capote mantendría su lucha judicial activa para mantenerle vivo. Sin embargo, Capote necesitaba que Smith y Hickock fueran ejecutados para que el libro tuviera un capítulo final y él pudiera publicarlo.

 


©  2000 - 2006 por ANL

Reservados todos los derechos