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New York, NY. EE.UU. Año 6

 

 

El último y definitivo Igmard Bergman

 

Por Gabriel Jaime Caro

 

“Saraband” (2.003) Es el último Bergman, un clásico del arte cognitivo (de esa extraña manera de relacionar la biología nerviosa y la cultura milenaria), donde la memoria del cine, de su exclusiva cinematografía, junto a la extraordinaria actriz Liv Ullman, nos recrea todas las maneras de hacer el arte con la reflexión sicoanalítica confrontada con su sicología de artista. El Maestro sueco, por el que todos alguna vez empezamos, Igmar Bergman: Upsala 1918, apuesta nuevamente por aquellos seres que han vivido la infidelidad, y la muerte simbólica como pergamino de búsquedas introspectivas.

Son muchas películas que vienen a desembocar en “Saraband”, con una simple visión de la naturaleza indomable, la música y la literatura, esos dos misterios por los que el ser humano se diferencia notablemente de otros seres animales. Si empezó con “Noche de circo (1953)”, para seguir con su culto al expresionismo, al amor fatal en sus diferentes soles, era para denotar múltiples diferencias, con las escenas privadas de familias obsesivamente violentas y en trances esquizofrénicos. Mujeres que lloran como diosas acorraladas y hombres cautivos y desesperados, todo en un trance de realizaciones imposibles, con el marco teatral de todas sus obras, dejándonos esta herencia, por la que pasamos a los tristes recuerdos adaptivos con humor desconcertante.

En este filme el caso de la joven(la única hija) llamada Saraband, se pierde entre las mutaciones de su padre oportunista (y enfermo por la música), tocando el chelo para él por pura imposición(en una especie de posesión diabólica), y la consecuente separación que deja al padre en la desolación completa.

Todos sus seres están solos y sin saber que hacer, mientras Bergman (disimulado) en su estudio o biblioteca, está más interesado en escuchar a Bach que a su hermano fracasado (como el pasado que ellos mismos poseen).

Liv Ullman es una abogada que visita a su ex marido, especie de tiempo revisitado, el tiempo el implacable, la soledad de Erland Josephson su actor favorito (que parece reencarnarlo) que regresa en su vejez para cerrar una carrera en el cine, que casi se termina en “Fanny y Alexander” en 1982, pero hizo su presencia gracias a su maravillosa experiencia en el teatro clásico y, a su salud. Bergman se ha quedado solo, pero ha dejado sus películas, un legado para la humanidad.

Woody Allen, cineasta excepcional del cine de autor estadounidense, tiene tres del cineasta sueco como más las influyentes en su trabajo de creación en interiores; ellas son “El silencio” (1963),“Ritos (1968)” y, “Secretos de un matrimonio” (1974), esta última que parece ser la culminación de otros filmes sobre el mismo tema.

Bergman guionista (ahí está la que escribió para Liv Ullman “Confesiones privadas”, 1995). Bergman director de teatro, al que ha dedicado gran parte de su vida., dirigiendo El teatro dramático de Estocolmo, con obras de Shakespeare, Ibsen y sobre todo las del gran escritor sueco Augusto Strindberg.

En “Saraband”, un tema de chelo según parece, Bergman, solo nos da puntadas finales, llevándonos al paroxismo, no tanto por una historia sino por la herencia que nos deja su mente, una isla en la naturaleza humana. El volumen alto de la música para una mente joven en un cuerpo viejo y cansado, y todo queda hechizado, la casa del dios escritor.

En las arrugas maquilladas de Liv Ullman vemos al autor de todas esas promesas que el cine conserva como patrimonio de una creación única para el séptimo arte. Un nihilismo que ha preservado a sus críticos por mas de 60 años.

Una sicología intuitiva que no es exclusiva (o que si la es) para este sueco, que ha vivido enamorado de la cultura escandinava. “Saraband” es la despedida, un corto testamento, que se resiste a la tecnología con una sola cámara en escena, y unos pocos personajes, culpables de este proceso que descansa en una sala llena de libros y discos para tomar las decisiones mas importantes.

Liv Ullman en el foro del New York filme festival 2004 (y presentada por Richard Peña), después de la proyección, no era ni ha sido nunca una estrella para cien fotógrafos como Nicole Kidman, dando detalles sobre la filmación de este último Bergman, de sus desconciertos, y de su manera de actuar y de recibir escasos consejos, por ese apoyo que el cineasta siempre le ha prodigado. Alcancé a decirle que las películas que más me gustaban eran “Gritos y susurros” y “Sonata de otoño”, por aquello del estallido del llanto, propio de sus trabajos con I.Bergman, y ella me regaló una lágrima expósita.

Será proyectada muy pronto por Sony Pictures Classics en las carteleras de Nueva York.

 

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