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New York, NY. EE.UU. Año 6

 

John Woo coge su fusil
El gurú de la violencia filma la II Guerra Mundial en Windtalkers


Wintalkers está protagonizada por Nicolas Cage y Christian Slater

Considerado un coreógrafo de la violencia, capaz de filmar la guerra como si fuera un ballet, John Woo (The Killer, Cara a cara) recrea en Windtalkers uno de los espisodios más cruentos de la Guerra del Pacífico, deteniéndose en los dilemas morales de los soldados. Entre otros aspectos de su cinematografía, hablado con el realizador chino sobre su último y sangriento filme, que se estrena el 14 de agosto.

Finalmente, inevitablemente, John Woo se ha ido a la guerra. El escenario propicio para exprimir los elementos vertebrales de su obra: violencia y honor. “Tanto si afecta a la familia, a los amigos, entre ladrones o entre soldados, creo que el honor es uno de los rasgos más sobresalientes del ser humano”, asegura. No volvía sobre el género bélico desde que rodó Bullet in the Head (1990), aunque eso es harina de otro costal, porque para entonces todavía trabajaba bajo los dominios de la industria cinematográfica de Hong-Kong, a la que ha reportado varios clásicos como A Better Tomorrow o Hard-Boiled. El trabajo que estrenará el 14 de agosto en nuestras salas, Windtalkers, es el sexto largometraje que dirige desde que en 1993 fuera “llamado” por la meca californiana y enaltecido como el gurú contemporáneo del cine de acción. Ahí están las acrobacias visuales de Cara a Cara y Misión imposible 2 para demostrarlo.

Windtalkers no sólo comparte el género bélico con Bullet in the Head. Irónicamente, y aunque asegura que “es pura coincidencia”, el cineasta chino afincado en Hollywood toma como escenario guerras que enfrentaron al ejército norteamericano y a un ejército asiático durante el siglo pasado –el vietnamita, en la primera; el japonés, en ésta–. “Pero ambas tienen intenciones distintas –explica–. En Bullet in the Head quería mostrar que la guerra sólo extrae lo peor de cada persona. En Windtalkers, sin embargo, hay una historia real que muestra aspectos positivos que pueden surgir de algo tan brutal y terrible como la guerra, como son la amistad y la transformación personal”.

Códigos nunca descifrados
El escenario de Windtalkers es la Batalla de Saipan de 1944, trágico y sangriento episodio de la Guerra del Pacífico. Cuando los japoneses descifraban todos los códigos del ejército estadounidense, los Marines reclutaron a navajos americanos que fueron entrenados como code-talkers (“mensajeros de códigos”) mediante contraseñas basadas en su lengua nativa, códigos que nunca fueron descifrados por el enemigo. Con esta premisa, los guionistas John Rice y Joe Batteer crean una historia ficticia en la que dos navajos, Ben Yahzee (Adam Beach) y Charles Whitehorse (Roger Willie), son destinados a combatir en Saipan. A cada uno de ellos se les asigna un protector y potencial verdugo, Joe Enders (Nicolas Cage) y Ox Henderson (Christian Slater). Lo que los navajos no saben es que estos “guardaespaldas” pueden ser sus asesinos: han sido instruidos para “proteger el código a cualquier precio”. Esto significa matar al mensajero si su captura por las fuerzas enemigas es inminente.

La liturgia bélica
“Antes de esta película nunca había oído hablar de los code-talkers, y cuando hablé con veteranos y conocí esta actividad me quedé muy impresionado. Admiré tanto la lealtad de estos soldados que no dudé ni un momento que tenía que hacer la película”, recuerda el realizador chino. Aunque los grandes dilemas morales como barómetros de la condición humana son piedra angular en el cine siempre extravagante de Woo –¿o deberíamos decir Ng Yu Chen, Wu Hsiang-fei, Yu-Sam Ng, John Wu, Yu-Sheng Wu o Yusen Wu, nombres todos ellos con los que ha firmado trabajos anteriores?–, el director de The Killer filma la liturgia bélica para validar su posición cinematográfica como el gran coreógrafo de la violencia que es. No quiere desaprovechar un escenario tan propicio para el caos y el misticismo. De hecho, abre y cierra el largometraje con impactantes vistas aéreas de Monument Valley, cuna espiritual de la comunidad navaja, pero pronto conduce la acción a su territorio de balas, bayonetas, puñales, tanques, explosiones, minas antipersonales, decapitaciones, granadas, emboscadas, mutilaciones y suficiente litros de sangre como para llenar el Mar de China. “Como director, busco un tipo de acción y de violencia muy emocional. Me gustan las imágenes impactantes y disfruto experimentando distintas técnicas y estilos, pero no quiero dar la impresión de que soy únicamente un director preocupado por la acción. En mis películas hay mucho contenido sobre la naturaleza humana”. Contenido emocional que recae principalmente sobre Joe Enders, presentado en el fragor de una batalla –primera de las cinco que forman la columna vertebral de la película– en la que perderá a todo su batallón. Su camino será el de la redención y desde entonces su única forma de expresión será matando.

En las viejas películas de guerra, siempre hubo líneas antagónicas y ciertas reglas para la batalla. En Windtalkers, todo es caos absoluto, el enemigo irrumpe en la pantalla desde cualquier ángulo, como si fuera carne de cañón de un video-juego, cádaveres incontables en un baño de sangre. “Siempre me he considerado un director pasado de moda, enamorado de las viejas películas, pero el tratamiento de la violencia en el cine ha sufrido grandes transformaciones, propiciadas por el genio de autores como Kubrick, Scorsese o Peckinpah, bajo cuya sombra yo busco mi propia voz y mi propio camino”.

Leyendas chinas
Un camino en el que no desprecia las secuencias ralentizadas, siguiendo la estela del autor de Grupo Salvaje, y que discurre por la celebración de la camaradería: “Todo en mi cine es sobre la amistad y la familia. Parte de estas creencias que tengo sobre el concepto de amistad proviene de mi pueblo. Supongo que soy muy tradicional. En las leyendas chinas, la gente está dispuesta a morir por sus amigos, porque tiene un alto sentido del honor y la moral. Admiro mucho estas cualidades. Si no fuera por la ayuda que he recibido a lo largo de toda mi vida, sobre todo durante mi infancia, no estaría ahora donde estoy. Trato de seguir haciendo estas películas para recordar a la gente que hay una serie de principios morales que hay que respetar, como la lealtad y la nobleza”.

El sentimiento oriental y sus creencias milenarias se han integrado en el cine de Hollywood casi de forma natural, gracias a la acogida que han recibido directores como Ang Lee (Tigre y dragón), Wayne Wang (A cualquier otro lugar) o el propio John Woo. El realizador chino no es ajeno a este intercambio cultural, y aunque en Windtalkers muestra el enfrentamiento entre ambos mundos, es consciente de su importante labor como uno de los cineastas más singulares y comprometidos con la “globalización” audiovisual. “Creo que todas las cinematografías aprenden de las otras –afirma–. El cine americano, el europeo o el asiático se retroalimentan. Esta mezcolanza de culturas va encaminada a encontrar nuevos estilos. El cine es un medio idóneo para reunir mundos aparentemente tan distanciados. Para mí es algo muy importante tener la oportunidad de trabajar en Hollywood. Con todos sus defectos, también es una industria con muchas virtudes”.

Necesitado de un cambio, “porque quiero abandonar el cine de acción”, Woo asegura que entre sus proyectos de futuro contempla “un musical a lo All That Jazz”. Por lo pronto, a finales de año comenzará el rodaje de un drama sobre la convivencia de chinos e irlandeses en la América del siglo XIX, comprometido, una vez más, con la causa Oriente/Occidente.

Carlos REVIRIEGO

John WooJohn Woo (Guangzhou, China, 1946) comenzó realizando películas experimentales en Hong Kong con 19 años. Allí dirigió durante dos décadas cerca de 30 largometrajes, generalmente comedias, filmes de artes marciales y tramas inspiradas en dramas románticos protagonizados por gangsters, dirigiendo a actores como Jackie Chan y Chow Yun-Fat. Debutó en la industria norteamericana con Hard Target (1993), y se ganó a la crítica en trabajos posteriores como Broken arrow y Cara a cara, ambos protagonizados por John Travolta. Debido a su habilidad para diseñar escenas de acción, dirigió por encargo la secuela de Misión imposible, su mayor éxito comercial hasta el momento.

 


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