AGENCIA de NOTICIAS LITERARIAS

New York, NY. EE.UU. Año 6

 

Toumaï y vuelta atrás
por Pablo Peláez-Campomanes

Hace unos días, el paleoantropólogo francés Michel Brunet hallaba en el inhóspito desierto del D’Jourab (Chad) un cráneo, denominado Toumaï, del que ya es considerado el antepasado más lejano del hombre: entre 6 y 7 millones de años. Pablo Peláez, miembro de su equipo e investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales, analiza las condiciones en las que vivió el Sahelanthropus tchadensis.

El inhóspito desierto del D’Jourab en la República de Chad nos ofrece un paisaje caracterizado por grandes extensiones de dunas de arena móviles y amplias llanuras batidas por los fuertes vientos saharianos, donde la vegetación y la vida animal son escasas. Este escenario, a priori, no parece el ambiente más apropiado para la vida de Sahelanthropus tchadiensis, homínido primitivo recientemente descrito por el equipo internacional de investigadores, liderado por el Dr. Michel Brunet de la Universidad de Poitiers (Francia).

Sin embargo, hace 6 ó 7 millones de años, este escenario era muy diferente. El lago Chad actualmente ocupa un área pequeña al noroeste de la capital del Chad, N’Djamena, pero en el Mioceno superior se extendía por el centro del país, cubriendo gran parte de lo que hoy es el desierto del D’Jourab. El posible paisaje de esta región durante el Mioceno superior, donde se desarrollaría la vida de Sahelanthropus tchadiensis, se ha inferido tras estudiar la rica fauna de vertebrados fósiles encontrados junto a los restos de este homínido, en los mismos niveles estratigráficos de la localidad 266 de Toros-Menalla.

La alta frecuencia de especies de vertebrados de modo de vida acuático y anfibio demuestra la existencia en la región de un paisaje con grandes masas de agua permanente. Entre estas especies se han registrado restos de peces de agua dulce cuyos representantes actuales sólo viven en aguas profundas y bien oxigenadas. Esta interpretación ambiental se corrobora con los hallazgos de cocodrilos fósiles probablemente de alimentación piscívora, de acuerdo a su morfología dental y mandibular. Además la presencia de otros tipos de peces característicos de aguas más someras y eutrofizadas, unida a la de otros vertebrados de modo de vida anfibio o de ambiente de ribera, como los antracotéridos, hipopótamos, nutrias, tortugas acuáticas y serpientes pitón, indican la existencia de zonas pantanosas y encharcadas, que posiblemente se extendían a lo largo de los márgenes del lago principal. Los restos de plantas del tipo de las lianas (Papilionoideae) y las presencia de otros primates (colobinos) indicarían a su vez que el paisaje del Mioceno superior en esta zona incluiría algunos bosques de galería.

Asociados a todos estos vertebrados, relacionados con ambientes más o menos húmedos, se han encontrado, en alta proporción, restos fósiles de especies de bóvidos con dientes relativamente hipsodontos (de corona dental alta), carácter indicativo de un medio de vida pastador. También se han registrado proboscídeos (familia de los elefantes) y jirafas, especies con características dentales que apuntan hacia un medio de vida ramoneador (comedores de hojas de árboles y arbustos). Consecuentemente, la presencia en el yacimiento de estos mamíferos pastadores y ramoneadores indicaría la existencia también de un ambiente de tipo sabana con cobertura arbórea variable.

Por tanto la fauna asociada con Sahelanthropus tchadiensis sugiere para el entorno en el que vivió este primer homínido, un paisaje heterogéneo y complejo, con ambientes diversos que incluirían desde bosques de galería asociados a los márgenes del lago, hasta sabanas y pastizales en las zonas mas alejadas de la masa principal de agua. Esta asociación de vertebrados fósiles, recuperada, junto a Sahelanthropus tchadiensis, de la localidad 266 de Toros-Menalla, tiene además importancia puesto que permite inferir de forma relativa la edad en la que vivió este homínido. Para ello se ha comparado tanto la combinación de especies fósiles registradas en el yacimiento como el estado evolutivo de algunas de ellas con otros yacimientos africanos del Mioceno superior y Plioceno. El resultado indica que la edad de este yacimiento es anterior a la de Lukeino (Kenia) y similar a la de los niveles estratigráficos inferiores de Lothagam (Kenia). Esto se traduce en la datación del yacimiento de Toros-Menalla entre 6 y 7 millones de años. La importancia del descubrimiento de Sahelanthropus tchadiensis radica en dos hechos principales. En primer lugar, y como he indicado anteriormente, supone el hallazgo de un homínido de entre 6 y 7 millones de años, lo que le convierte en el homínido más antiguo del registro fósil.

En segundo lugar el hallazgo se ha producido fuera del área donde se han registrado la mayoría de los primitivos homínidos africanos, esto es al este del Valle del Rift, y que algunos paleoantropólogos habían postulado como centro de origen de la rama de los homínidos. Este sorprendente hallazgo demuestra que los homínidos del Mioceno superior estaban más diversificados, incluyendo varios géneros como Ardipithecus de Etiopía y Orrorin de Kenia, y tenían una mayor extensión geográfica de lo que se había supuesto. Sahelanthropus tchadiensis presenta un mosaico de características morfológicas muy significativo. El rostro y la dentición presentan rasgos avanzados que sugieren su relación con los homínidos. Este es el caso de la presencia de caninos de pequeño tamaño y con desgaste apical y del morro reducido, sin espacio entre los caninos y los premolares.

Además, presenta un fuerte y continuo toro supraorbital. Sin embargo, otros caracteres del fósil son más primitivos y similares a la del chimpancé, como la pequeña capacidad craneana. Esta mezcla de caracteres primitivos y derivados de Sahelanthropus tchadiensis sugieren su proximidad al antepasado común entre los homínidos y los chimpancés. La edad del fósil indica que la divergencia entre la rama homínida y los chimpancés se produjo probablemente al menos hace 6 millones de años. La posición de Sahelanthropus en relación con los otros miembros conocidos de la rama de los homínidos no puede ser precisada con los datos que se tienen en la actualidad. Son necesarios más análisis sobre el material existente, así como más material, con el fin de poder hipotetizar sus relaciones filogenéticas, como por ejemplo determinar si Sahelanthropus está relacionado directamente con el género Homo, o por el contrario representa un grupo hermano, es decir un linaje independiente de la ascendencia directa a los humanos. El descubrimiento de este fósil de homínido se ha producido después de muchos años de prospección y excavación en la región de Toros-Menalla. En esta área existen numerosas localidades fosilíferas con asociaciones de vertebrados fósiles muy semejantes a las de la localidad 266.

Consecuentemente, existe una alta probabilidad de encontrar nuevos restos de homínidos, así como de otros vertebrados, en próximas campañas de excavación. A pesar de los años de trabajo invertidos, las investigaciones sobre estas faunas están en sus comienzos. Hay que completar lagunas de conocimiento que nos ayudarán a llegar a entender las relaciones filogenéticas de Sahelanthropus, su modo de vida, y el ambiente en el que vivió basándonos en los fósiles de vertebrados encontrados asociados con él.


Las claves del cráneo
Orden: Primates. Suborden: Anthropoidea. Familia: Hominidae. Sahelanthropus tchadensis Brunet et al., 2002. El cráneo pertenece probablemente a un macho. Presenta un prognatismo facial moderado. Su capacidad craneana es similar a la de los simios como el chimpancé (entre 320 y 380 cm3). El basicráneo es largo y estrecho. La arcada dental tiene forma de U. El toro supraorbital es continuo y robusto; la frente es plana. La cresta sagital es estrecha y está acompañada de una fuerte cresta nucal. Los incisivos son pequeños, con cíngulos marginales bien desarrollados. Caninos superiores pequeños, más largos que anchos. Tanto los caninos superiores como los inferiores tienen desgaste apical. La mandíbula no presenta diastema entre el canino y el tercer premolar. El esmalte de los molares y premolares es intermedio entre los géneros Pan (Chimpancé) y Australopithecus.

 

 


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