COLUMNAS DE OPINION

New York, NY. EE.UU. Año 8

  Junio 20/2006

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Zahur Klemath

El abusador

 Por Zahur Klemath Zapata

Hay historias que por sus hechos parecen más un cuento. Pero esas realidades están ahí y en las sociedades donde sucede no se les ve como algo anormal o extraordinario. El planeta está lleno de costumbres diferentes y cada grupo social asimila las suyas como algo natural, a pesar de que haya individuos que no las acepten o reconozcan. Hay hechos que observo y cuento, no con el ánimo de polemizar, sino de exponer la variedad social de la que esta hecha la humanidad. Cada lector puede tomar o no partido y asumir o no responsabilidad según su criterio.

 

Muy lejos, en las montañas entre Pakistán y la India vive una densa población de tribus que tienen costumbres sociales y religiosas muy estrictas y que siguen según sus libros sagrados. Hace algún un tiempo viajando por allá en compañía de varios lugareños, admirando esas hermosas tierras, supe de un hecho que había sucedido unos meses antes de mi llegada. Me lo relataron mis acompañantes a nuestro paso por la región de los Cachemir.

 

Yo solía quedarme en una tienda y allí nos reuníamos hasta altas horas de la noche a conversar con los jóvenes de la tribu. Una noche hablando sobre lo divino y lo humano, Arooj uno de ellos nos contó la  siguiente historia:

 

Un aldeano acusa a un joven de dieciséis años de violar a una mujer adulta. El caso es llevado ante los jueces, que son hombres viejos y sabios de la comunidad.

 

El acusador es escuchado en su alegato y se ordena la detención del menor. El chico se había refugiado en casa de unos parientes por temor a ser maltratado otra vez por el hombre que lo acusa quien es fuerte, de carácter dominante y con influencia económica en la comunidad.

 

El niño es aprehendido y puesto en custodia para ser llevado a juicio ante los jueces en presencia de toda la comunidad.

 

El aldeano contó que el chico había llegado a la casa de la mujer en las horas de la noche y que mientras ella dormía la asaltó y abusó sexualmente. La victima era una mujer de unos 28 años viuda y madre de tres hijos. La mujer jamás fue  llamada a declarar en el juicio y no hay testigos del hecho. El adolescente no tiene oportunidad de presentar su defensa y solo se le permitió permanecer de pies frente a los jueces.

 

Uno de los tíos del chico acude en su defensa, pero no tiene el suficiente poder económico ni verbal para hacer frente a la situación. El se enteró de los hechos el mismo día en que su sobrino vino a pedirle ayuda. Nadie quería escuchar al tío en su alegato y se le negaba el derecho a participar en el juicio. Al final uno de los jueces accedió y permitio que presentara la defensa de su sobrino. El hombre comenzó a relatar lo que él sabía. Una tarde, dijo, ya entrada la noche, su sobrino lle corriendo a su tienda a pedirle ayuda, el chico venia con la vestimenta rota, la espalda golpeada y sangrando por la nariz. El tío le preguntó qué había pasado y él respondió que un hombre lo había golpeado y violado mientras él traía leña para la casa. Que no había ido a su casa por vergüenza de sus tres hermanas y su madre. Confundido busco a su tío porque era el único pariente cercano que tenía y en el podía confiaba ya que su padre había muerto.

 

Los jueces escucharon la defensa y consideraron que lo que el tío había dicho era falso y no tenía ninguna relevancia en el caso. El proceso se siguió.

 

Arooj el relator nos contó que visitó a la mujer ofendida meses después del hecho y escuchó su historia. Ella le aseguró que jamás había sido violada por el muchacho y que ella conocía al acusador desde mucho antes que su esposo muriera. Que él siempre quiso tenerla a ella como una de sus esposas, pero como los padres de su marido la eligieron a ella, después de la muerte de su esposo el acusador comenzó a perseguirla y abusar de ella. Fue entonces cuando el chico lo descubrió en uno de sus ataques. El acusador viéndose descubierto atacó al chico para intimidarlo. Lo golpeó y violó. Después del crimen dejó de visitar a la mujer.

 

Los jueces condenaron al chico por violador y como pena fue condenado a recibir cien azotes y  sus dos hermanas menores a ser violadas por hombres de la tribu. Una mujer violada esta condenada al rechazo y la deshonra toda la vida junto con su familia.

 

 

zahurk@hotmail.com

 

 


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