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  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

 

  Marzo 28 de 2007

 

a 

  COLUMNA DE JOTAMARIO ARBELÁEZ

 

La insignia del coraje

a El Espectador

 

Multado, cerrado, incendiado, volado,

asesinado en la persona de su director.

 

 

Jotamario Arbeláez 

Una de las sensaciones más deliciosas que vengo disfrutando desde que tengo casa y memoria, es el suisss por debajo de la puerta del periódico en la mañana. Y, como yo soy así, es un placer que se repite tres veces los sábados y dos veces el resto de la semana, con El Tiempo, El País y El Espectador, fundados en 1911, en 1950 y en 1887.

         En los dos primeros detento sendas columnas de opinión, ante el llamado de Pacho Santos y de Kiko Lloreda, ¡sea con ellos la magnificencia de Dios! En el tercero la tuve cuando debí suspender la de El Tiempo, por ejercer un cargo público, el de Secretario de Cultura de Cundinamarca. Lo que quiere decir que mi trabajo periodístico, que es extensión del literario, lo he ejercido desde estas tres cunas, porque prácticamente era un nene cuando me comenzaron a publicar esporádicamente, desde 1959.

         Mi primer trabajo literario me lo publicó GOG en el Magazín de El Espectador –se llamaba Merci, Godard- y desde entonces me consideré un elegido. Eran las épocas en que uno debía limitarse a leer sus cuentos publicados por detrás del hombro de un contertulio del café, por la física falta de la moneda para adquirir el periódico dominical después de pedir un tinto. En esa revista se dio cita toda la generación que avanzaba parejo con el nadaísmo. De Gonzalo Arango, Amílcar Osorio, Jaime Jaramillo Escobar, Malmgren Restrepo, Humberto Navarro, Elmo Valencia a Fanny Buitrago, Álvaro Medina, Pilarica Alvear Sanín, Miguel de Francisco, Darío Jaramillo, Ebel Botero, el doctor Rayo, Eutiquio Leal, Bor Torre, Hugo Ruiz, entre muchos otros. En el suplemento Lecturas Dominicales de El Tiempo, Eduardo Mendoza Varela hizo una labor similar, tal vez más decantada, con esta irrupción del nuevo talento. 

         En los primeros tiempos casi todos publicábamos nuestros textos por el solo amor a la letra impresa, y ya con ello nos considerábamos salvados del naufragio con nuestros relatos. Pero fue sólo cuando don Guillermo Cano me pidió que pasara por el periódico por un cheque -por la publicación del cuento Las mariposas no tienen ombligo-, en las épocas de penuria en que me alojaba en la funeraria Gaviria, cuando supe lo que era convertir la palabra en oro, en lo que García Márquez resultó experto Melquíades.    

         Después de GOG tomó las riendas del Magazín el médico y humanista Juan Mendoza Vega y luego don Guillermo Cano, quienes continuaron con la labor del cataqueño genial de impulsar la literatura (me refiero a Gonzalo González, GOG), tradición que venía no sólo de 1947, cuando Eduardo Zalamea Borda publicara el primer cuento de Gabo, La tercera resignación, sino desde las crónicas de Luis Tejada en los años 20, hoy consideradas joyas de estilo; el enganche de Barba-Jacob como jefe de redacción, cuando publicó agudas crónicas con el seudónimo Juan sin Miedo, y las colaboraciones de Eduardo Zalamea, Álvaro Pachón de la Torre, Felipe González Toledo, Germán Pinzón, Silvia Galvis, Germán Rey y Gonzalo Arango. De esta pléyade de Grandes Plumas, dio cuenta el periódico en la espléndida edición del pasado 25 de marzo. 

         El Espectador cumple, pues, 120 años de haber sido fundado. Durante los cuales ha dado prueba de independencia y valor civil. Y por ello ha sido sancionado, multado, chantajeado, cerrado, incendiado, volado, asesinado en la persona de su director, don Guillermo Cano. Pero nunca en verdad acallado. Lagar de insumisión y de inteligencia. Merecedor de la insignia roja del coraje. Lo proclamo con tanta admiración como gratitud.

         Es significativo que el nombre de su fundador, hace un siglo y veinte años, Fidel Cano -por lo que corresponde a Fidel, uno de los nombres varoniles más respetable, como igualmente respetable es el apellido-, sea el mismo de su actual director. Quien el año pasado resultó homenajeado por Seguros Bolívar como el periodista del año. Y quien ha logrado hacer del diario legendario un semanario extraordinario.  

 

 

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