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  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

 

  Mayo 26 de 2006

 

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  COLUMNA DE JOTAMARIO ARBELÁEZ

 

 

Legítima defensa

 

 

Jotamario Arbeláez 

Nunca me olvido del profesor de literatura en cuarto, quinto y sexto de bachillerato en Santa Librada, Varela, a quien le decían “Cuchufleta”, pendiente de que mis lecturas de los autores puestos por la iglesia en el “Índice” no fueran a pervertirme el estilo y sesgarme las convicciones. Si me sorprendía leyendo, por ejemplo, a Zola o Pittigrilli, él trataba de contrarrestarlos con lecturas más edificantes, y me pasaba a Kempis o a León Bloy. Había descubierto que yo podía ser escritor si me lo proponía y le hacía caso a sus claves. Una de ellas era no burlarse del lector por burro que fuera.

 

         A los quince años, hace hoy 50, logró que me publicaran en el suplemento de Relator un artículo sobre las desdichas de un escritor que se propone echarse sobre los hombros los pecados del mundo en busca de redimirlo. Ese era yo por entonces, y lo peor es que sigo siéndolo. En ese extenso lapso no ha pasado una semana en que no me exprese por lo menos por la prensa escrita, buscando generar una sonrisa en quien se ponga en el trabajo de repasarme. Y no porque sea un cuentachistes -antes bien poso de aguafiestas-, pero me propuse edificar las oraciones en tal forma que, aún tratándose de libelos o de blasfemias, proporcionen un placer estético en gracia de la construcción.  

 

         Eso lo he aprendido de autores como Nabokov, Groucho Marx, Woody Allen, Ambrose Bierce, Cimifú y Juan José Saavedra. Hasta en las cartas de amor y en los memoriales a las autoridades se me cuelan los benditos juegos de palabras sin segunda intención. Mi papá cuando me leía solía calificarme con un verso de Garrik, el cómico famoso: “Eres el más gracioso de la tierra, y el más feliz.” Yo desde luego que como cómico me reía.

 

         También había que crear escozor con las palabras encadenadas. Cuando uno decide expresarse a contra corriente, es natural que le pele el cuero a los escamosos. Y se eche encima una corriente de energúmenos que buscan neutralizarte con una caterva de insultos que dan grima por la letra y la ortografía. A una señora que me tenía loco con anónimos amenazantes y fue descubierta por la policía me tocó ponerle una caución por 15 años -que acaban de cumplirse- y no sería nada raro que sea quien ahora está incursionando con severos seudónimos en los correos virtuales de los periódicos pidiendo que me suspendan las columnas por tal por cual.  

 

         En realidad no se compadece que después de 50 años de trabajo continuado como escritor público esté uno destinado a que cada 8 días le endilguen un madrazo por el periódico. Y que el periódico advierta que no responde por estas opiniones de los amables lectores. Lo peor es que el motivo es, las más de las veces, porque menciono el nombre del colegio, o los nombres de mis amigos escritores desaparecidos Gonzalo Arango y Andrés Caicedo.

 

     De la abundancia del corazón habla la boca, dice una Biblia que encontré abandonada en un taxi. Y hay que ver el pobre lexicón de los aberrantes heridores, con ortografía tan degenerada que la escriben con j. Y si el periódico pone filtros para que no se cuelen palabras gruesas simplemente le ponen un punto entre las letras y rellenan la letrina. Menos mal que en buen momento la academia de la lengua nos puso el remoquete de “escritores de alcantarilla”. Así estamos a salvo de las cuchufletas de quienes con tan pobres recursos pretenden imitarnos para enlodarnos.

 

     Coda. Agradezco de todo corazón al profesor y crítico literario Fabio Jurado la generosa y tal vez no del todo merecida mención que hace de mi nombre en el prólogo de su reciente antología de la poesía colombiana.

 

     Coda 2. Y a votar por Gaviria.

 

Ahora me alimento

con agua y cáscaras de frutas

    

  

     Carta del poeta dariolemos a Jotamario

    

Hemos hallado esta patética carta-alarido y profesión poética de dariolemos al poeta Jotamario. Tiene día y mes pero no año. Tampoco importa. Es una forma de demostrar la inmortalidad de los poetas. ¡Cómo no compartirla con los Cronopios!

 

Medellín, noviembre 9, lunes

 

Jotamario

 

Por fin puedo sostener el lápiz en la mano. La enfermedad me ha estado rodeando como una araña negra.

 

No te había escrito para no hablarte de muertes. María de las Estrellas no ha muerto, ha nacido para nosotros que la amamos.

 

Ya me levanté de esa acera donde bebía alcohol con agua. He dejado la botellita guardada en ese árbol, escondida porque es posible que la vida me lleve nuevamente a ese infierno. No Jotica, no. Estoy fatigado de mirar la noche acostado en un zaguán, estoy cansado de la oscuridad, merezco ya la luz. Yo sé que mi corazón de nadaísta será lamido por los pájaros de la noche. Pero, querido poeta, quiero vivir, quiero vivir. ¡Ya no tengo dientes! ¡Mis dientes se quebraron contra las puertas del sol! Si ahora sonriera, mis encías serían dos hermanas huérfanas en la oscuridad de la boca. Sólo cuando se quiebran los dientes aparece el alma como una niña temerosa, cuando se quiebran los dientes desaparecen la risa. Hace dos años no sonrío. Yo sé que mi posición es muy ridícula, porque tú sabes, Jota, que te he querido y he sido consecuente con los principios nadaístas. Pero el poeta es blando, el poeta es un pájaro que llora en un árbol desnudo. Quiero salir de ese hueco, ayúdame, cógeme de las alas que están casi afuera. Lanza un poco de tu aliento frío que tengo el cuerpo quemado; soy un incendio. Hace poco hice un recital en la Universidad de Antioquia, me cansaron un poco los aplausos, pero nuevamente levantaré mi fusil, sí, Jotica, estoy condenado a la poesía. Mi hijo Boris está bello; parece un caballo, un caballo padre sobre los pastizales verdes. El me hace vivir, pero sé que si no reacciono, pronto, muy pronto, también seré su muerto. Tengo hambre. Ahora me alimento con agua y cáscaras de frutas. He pensado viajar a esa ciudad, pero necesito recuperar las energías. Necesito pagar una cama bajo techo en el tenebroso Guayaquil. En otra oportunidad te enviaré el último poema que escribí; es un poema "extraño”.

Te abrazo

dariolemos 

 

                                                                                                                        

            nadaismo@telesat.com.co

 

 

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