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  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

 

  Agosto 15/2005

 

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  COLUMNA DE JOTAMARIO ARBELÁEZ

 

Las perlas del genio

20 glosas a García Márquez

 

 

Jotamario Arbeláez 

Para recordar el pavor de Hiroshima, e insistir en la bomba de la violencia que nos explota todos los días como triquitraque, escribí hace poco un artículo que publiqué en El País, y un lector acucioso descubrió en medio del patetismo del tema una garrafal errata que no dudó en señalarme. Y amistosos medios de difusión internética se han encargado de que trote por el mundo, con todo y frase.

            Nadie se conmueve con las masacres pero, país letrado, los cazadores de gazapos arman el zaperoco no bien atisban el yerro.  Me cito: “Nunca he tomado un arma, ni de destrucción masiva, ni de repetición, ni de fuego y ni siquiera una puñaleta. Pienso que quitar una vida es dañar el mundo. Un ser vivo es el testimonio de la creación y mandarlo a la fosa es como matar a Dios. No estoy hecho para la guerra, y como yo, habemos millares de colombianos. Que esperamos ese día de gracia para nuestro país en que en lugar de matarnos nos abracemos. Y no estoy pecando de ingenuo ni de cobarde. Pongo los poderes de la vida, entre ellos la dignidad, la libertad, el erotismo y el humor loco, por encima de cualquier consigna de muerte.” Imaginé un aplauso por mi humanismo recalentado y lo que recibí fue una befa gramatical: “Muy buen artículo, pero mala la redacción. ‘Habemos algunos colombianos’, cuando debiera decir, ‘hay conmigo algunos colombianos”. Aunque nunca me enseñaron esa conjugación compuesta, acuso el dardo. Y pienso que en adelante, cuando quiera que alguno de mis temas alcance resonancia universal, debo deslizar adrede algún errorcillo. Así, en aras de las demostraciones de lo mal que escribo, se conocerá lo bien que pienso.

Para olvidar tan enojoso asunto comienzo a hojear el último libro editado por Icono que acaba de entrarme por la ventana, nada menos que la biblia literaria, pues se trata de El mundo según García Márquez, sesuda compilación de Piedad Bonet, en preciosa y deliciosa edición, con un dibujo de Barti en portada del patriarca en su plenitud. No logro concentrarme, no se me pasa la piedra por mi metida de pata. Eso indica que me falta taller, disciplina, aptitud y vocación alertas. Así cuándo me voy a ganar el Nobel. O algún premio seco de periodismo.

            Me aplico al libro de mi héroe literario, del Cervantes de Aracataca. Unas 350 definiciones y conceptos acerca de aquellos eternos temas trascendentales, o trillados, o tontos. Pero, o estoy muy psicosiado, o en todas partes se cuecen habas. Comienzo a ver a granel atropellos. Con todo respeto, y más bien para sacarme el clavo mamando gallo -ejercicio tan caro a Gabo-, tomo nota de algunas posibles inconsistencias en la redacción del mejor escritor del mundo. 

l. Cuento. “... cuando uno acaba de leer un cuento puede imaginarse lo que se le ocurra del antes y el después, y todo eso seguirá siendo parte de la materia y la magia de lo que leyó.” ¿Imaginarse lo que se le ocurra? ¿Leí bien?

2. Francés. “Cuando se tuvieron noticias de la revolución cubana, los europeos, y digo principalmente los franceses, hubieron de preguntarse dónde quedaba Cuba...” ¿Se tuvieron noticias? Una vez más el tuvo tuvo la culpa.

3. García Márquez, Gabriel. “...hay algo que sí sé: soy el mejor amigo de mis amigos, y ese primer puesto no me lo dejo quitar de nadie.”  La frase implica lo contrario de lo que quiso decir el entrañable escritor. No pueden ser cada uno de sus amigos su mejor amigo, pues estaría jugando al hipócrita. Pero el que para cada uno de su millón de amigos él si sea el mejor amigo, suena un poco pedante. 

4. Gramática. “La gramática es un corsé y hace rato la mandé al diablo”. Si la gramática es un corsé, lo debió mandar al diablo hace rato. Digo la gramática, a Gabo.

5. Historia de Colombia. “Está tergiversada la historia que se ha escrito en el país... Estoy proponiendo que se piense en relato la historia”. Aparte de que la segunda parte de la frase suena medio chueca, ¿se piensa la historia más que se escribe? Y el hecho de pensarla o escribirla en forma de relato, ¿por qué iría a redimirla de las tergiversaciones?

6. Homosexual. “Son gente que desafía prejuicios morales muy arraigados.” ¿Son gente? ¿Es gente? ¿Son gentes?

7. Humanidad. “... la humanidad actual no puede progresar sino en un solo sentido.” Pues claro, en el del progreso. Y todavía sobra el solo.

8. Imaginación 1. “Basta con leer los periódicos, o abrir bien los ojos, para sentirse dispuesto a gritar con los universitarios franceses: “El poder de la imaginación”. Oyó cantar el gallo y no supo dónde. La frase de los universitarios de Mayo, según me la tradujo Francoise, fue “¡La imaginación al poder!”

9. Imaginación 2. “La gran mayoría de las cosas de este mundo, desde las cucarachas hasta los trasplantes del corazón, estuvieron en la imaginación de los hombres antes de estar en la realidad”.  Respetando el caracter metafórico de la frase, debo precisar que esa cosa llamada la cucaracha es, según mi finado profesor de zoología, ¿o sería el de antropología?, un milenario antepasado del homo sapiens.

10. Invierno. “... a nadie se le ocurre decir lo que decía en diciembre con pleno conocimiento de causa: Voy mañana en la noche llueva, truene o relampagueé.” Hemos llegado al final de los tiempos, por lo menos de los verbales. Iré ayer que no llueve.

11. Lealtad. “La lealtad de las mujeres con el hombre que les juega limpio siempre, aunque fuera de la casa hagan lo que sea, es una lealtad hasta la muerte.” Otro tiro por la culata. La frase termina significando lo contrario de la exaltación femenina que quiso plantear el Nobel. Como no concuerda el singular “el hombre” con el plural “hagan”, quedan siendo las mujeres las callejeras. Y ¡valiente una lealtad femenina haciendo lo que sea fuera de casa!

12. Literatura. “Es el mejor juguete que se ha inventado para burlarse de la gente”. Lo curioso es que fue inventado por la misma gente, y ahí desaparece la burla. Pero estaba señalando errores gramaticales y no burradas de contenido. De las que basten dos ejemplos:

13. Medicina. “No hay medicina que cure lo que no cura la felicidad”. No se puede formular como apotegma hipocrático semejante sofisma de distracción.

14. Humanidad. “El destino inmediato de la humanidad es el socialismo”. Atenete y no corrás.

15. Memoria. “Generalmente las memorias se escriben cuando ya no se acuerda de nada.” Entendido. Las memorias se escriben solas para alivio del olvidadizo escritor.

16. Mujer. “En todo momento de mi vida hay una mujer que me lleva de la mano en las tinieblas de una realidad que las mujeres conocen mejor que los hombres, y en las cuales se orientan mejor que con menos luces.” Me luce rara la frase. ¿Con menos luces que las tinieblas? Difícil.

17. Novela social. “... mis reservas personales sobre lo que se conoce como novela social, que es la nota más alta de la novela comprometida, se fundan en su carácter fragmentario, excluyente, maniqueísta, que condenan al lector a una visión parcial del mundo y de la vida”.  Parece, por la falta de concordancia, que fueran las reservas personales del novelista las que condenan al lector, y no el carácter tal y tal y tal de la novela social.

18. Nueva York. “Los Estados Unidos es un país extraordinario”. Lo serán, si lo dice Gabo, lo que no me cuadra es el es.

19. Semana. “... entiendo que la semana es un vestido que le queda demasiado grande a todos los hombres”. Sospecho que a todos los hombres les queda demasiado grande tan metafórico  vestido.

20. Premio Nobel. “Me gustaría que me lo concedieran cuando ya mi trabajo me haya producido suficiente dinero para rechazarlo...” Un escritor más pobre habría escrito “... me hubiera producido”. O, “Me gustará que me lo concedan cuando...”

            He invertido una noche en este ejercicio, del cual me queda en claro que Gabo no es ningún filósofo, y mucho menos un consecuente gramático. Con todo y estos errores sigue siendo el escritor más grande de nuestro tiempo. Y un inmenso poeta. Lo que no entiendo es cómo a la perspicaz antóloga –poeta, novelista, dramaturga, ensayista y catedrática- se le fueron las luces con semejante florilegio de pifias. Imagino la angustia de los revisores de estilo –entre ellos el propio editor Gustavo Mauricio García, que no deja pasar una-, quienes tienen prohibido modificarle una sola palabra a Gabo, desde que un buen día en España tuvieron el desacato de reescribirle de cabo a rabo su novela La mala hora.

                                                                                                                        

            nadaismo@telesat.com.co

 

 

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