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  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

 

  Octubre 4/2004

 

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  COLUMNA DE JOTAMARIO ARBELÁEZ

 

Intermedio

 

El grillo que se hizo rey

 

 

Jotamario Arbeláez 

Cuando comenzó a proyectarse la cinta para la prensa, a las 11 de la mañana de un día de trabajo, me sentí treinta y cinco años antes por el barrio de San Nicolás a la medianoche, recién bañado, locionado y vestido como un Gran Gatsby pachuco camino del Grill Picapiedra, donde luego de recibir el efusivo saludo de “El Grillo”, con su advertencia al mesero de que no me cobrara por ser el poeta universal del barrio -y a mí la de que cuidadito con ir a “armar” problemas-, me entregaría a beber cerveza y a echar paso caliente con las chicas que iba encontrando. Allí una vez un apache celoso trató de darme un puñetazo que fue detenido en el aire por “El enmaletado” Jaime Azcárate, quien lo dejó groggy con una llave, antes de que el Rey expulsara del establecimiento al energúmeno pero sin la chica, que se quedaba en calidad de custodia. A la hora de la salida me haría acompañar por un subteniente amigo hasta el taxi, para evitar cualquier emboscada.

        Le hice su poema al Enmaletado, pero nunca al anfitrión. Y ahora me encontraba contemplando “El Rey”. una película hecha por otro habitante de la noche de aquellos años. Comenzaban los tiempos del narcotráfico, y las matas de coca se venían dando chotas en el parque de San Nicolás y en el barrio Granada, donde desde chicos les roíamos las pepas rojas y llevábamos hojitas para la casa, que nuestras madres preparaban  en infusiones para desarreglos estomacales. La sustentación narrativa del caso fue confiada -primer acierto- a ese otro talento que fue nuestro inolvidable Fulvio González Caicedo, el creador del radial detective  Chang-Li-Pó, quien ante el menor indicio exclamaba “muy intelechante”. Él supo hilvanar la historia, murió en el entretanto, y la película a la vez le rinde homenaje. Allí establece cómo andaban por nuestras tierras jóvenes gringos enviados por la Alianza para el Progreso del presidente Kennedy, chicos y chicas universitarios sin rumbo cuando no abiertamente cías, que venían a establecerse entre los grupos libertarios y de vanguardia, terminando la mayoría no sólo disfrutando primero de la marihuana nacional y después de la cocaína, sino abriendo mercados hacia su complaciente y complacido país, para dejar fundada una industria que les causaría tantos problemas que tendrían que venir ellos mismos a resolverlos desde aquí mismo y a pesar de nosotros mismos. Tolerarían a los capos y permitirían que permearan a todos los núcleos sociales. Ya habría tiempo para pasar la cuenta. Por lo general eran los chicos quienes se apasionaban por las drogas y los conciertos, las chicas preferían el izquierdismo y a los líderes guerrilleros. Algunas hasta se casaron con poetas del nadaismo y terminaron fervorosas de Fidel y del Che Guevara. ¡Muy, pero muy intelechante!

Aunque no es una biografía al detalle del personaje, y en realidad se ficciona, si es muy claro quién es el chacho. No se trata de cantar al bandido, aunque hay que reconocer que por lo menos en la historia del arte y la literatura -a partir del astuto Ulises y su Odisea-, hay más apologías de éstos que del policía, del juez y hasta de los mismos dioses. Tal vez porque adquieren el carácter de personajes míticos, en ocasiones humanísticos, robinjudescos. El Grillo, a la hora de su asesinato por el subteniente amigo, sostenía a más de 6.000 empleados, y amparaba a toda clase de gatos que rodaban por sus establecimientos. Por eso medio Cali asistió a sus funerales y no cesaba de entonar la canción mejicana Pero sigo siendo el rey, que no se oye en la película porque no la quisieron ceder los herederos de José Alfredo Jiménez.

La película fue hecha con tanto amor como profesionalismo por Antonio Dorado, después de vencer dificultades sin fin, y sin aun terminar de solucionarlas.  El desempeño de los personajes, principales y secundarios es impactante, es sensible y es memorable. Bien muerto está, pero además bien recordado, el primero que tuvo el olfato para el negocio.

El verdadero cántico es para Cali, que aportó el personaje de la historia y al personaje que la hiciera real, en una obra de arte cinematográfica que da alas a nuestro cine.

            nadaismo@telesat.com.co

 

 

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