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  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

 

  Octubre 27/2004

 

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  COLUMNA DE GUSTAVO ALVAREZ GARDEAZÁBAL

 

Simón Trinidad

 

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

La noticia filtrada en la prensa colombiana de que el gobierno de Álvaro Uribe se dispone a extraditar a los Estados Unidos al jefe guerrillero Simón Trinidad mas parece una página de Macondo que de la triste y repetida historia colombiana, como en realidad lo es.

 

En una actitud miserable Colombia ha decidido, como si no hubiesen pasado 200 años de vida republicana, enviar a la metrópoli a cuanto ciudadano le rompe el orden establecido llámese narcotraficante, guerrillero, paramilitar o lavador de dólares. Repitiendo lo que se hiciera entre 1808 y 1816 con todos los colombianos que se rebelaban contra el gobierno colonial español, el gobierno de Uribe envía a juicio a los Estados Unidos a todos aquellos que considera inconveniente enjuiciar dentro del país o que pudieran ser sospechosos de romper el orden imperial decretado desde Washington.

 

Con esos actos Colombia demuestra que su gobierno no cree en la justicia institucionalizada dentro del país, que no es una república independiente sino una colonia del gobierno gringo y que como lo hiciera la Judea en tiempos de los romanos o la real Audiencia y los virreyes en tiempos de Carlos III y Fernando VII, prefiere enviar a las cárceles de USA imitando a quienes enviaban a las mazmorras de Roma o de Cádiz.

 

El envío probable de Simón Trinidad tiene empero mayores significaciones que las de reconocer la pérdida de eso que antaño llamábamos el orgullo patrio. Esa extradición es el resultado de una actitud política, es la comprobación de que el concepto de “ terrorismo” se aplica a diestra y siniestra a todo aquél que desde su debilidad se rebele contra el orden establecido y, como tal, generará respuestas políticas y hasta bélicas.

 

Admitido que las FARC llevan una lucha guerrillera contra el gobierno constitucional colombiana. Admitido y condenado que como todas las agrupaciones sublevadas pasan con extrema facilidad de las armas y costumbres de la guerra a la utilización del terrorismo como arma de guerra, la actitud del gobierno colombiano puede hacer repetir la de los patriotas partidarios de la independencia de la metrópoli madrileña a comienzos del siglo 19, que se crezcan en su protesta, que se envalentonen en su batalla y con actitudes mas suicidas que terroristas siembren de mas cruces los cementerios de Colombia.

 

Por supuesto el gobierno colombiano no cree que las FARC tengan ya capacidad de respuesta y, por el contrario, parecerían afirmar con su deseo de extraditar a Simón Trinidad que lo buscado es dar un golpe contundente para que los guerrilleros le tengan tanto miedo a la extradición a  Estados Unidos como lo tienen y lo expresan los jefes paramilitares que ahora negocian la paz con Uribe.

 

 

El Porce, octubre del 2004

E-mail: gardeazabal@latinmail.com

 

 

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