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  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

 

  Octubre 13/2004

 

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  COLUMNA DE GUSTAVO ALVAREZ GARDEAZÁBAL

 

Derribando a Colón

 

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

La imagen no puede resultar más significativa: la revolución bolivariana de Chávez derriba cual estatua de Lenin después de la caída del comunismo a la estatua de Cristóbal Colón, el catalán o italiano que descubrió América a nombre de los reyes de España.

 

En un gesto demasiado significativo, que nos recuerda a las actitudes permisivas de las fuerzas del orden alemán de la Alemania pre-nazi, ninguno de los uniformados de las fuerzas armadas constitucionales o tan siquiera de las policiales de Caracas intervino para impedir que la estatua del gran almirante rodara por los suelos como si se tratara de la odiada figura del Sadam.

 

Iconoclastas llamaban los antiguos a los destructores de las estatuas con las cuales significaban la pérdida de aprecio o el final de la permanencia en el  poder de quienes  los ciudadanos consideraban indignos de ser guardados en su memoria.

 

Por eso vimos rodar las estatuas de Marx y de Lenin  cuando el muro de Berlín se vino abajo y la perestroika les dijo a los rusos que el poder de criticar la plusvalía había terminado. Por eso vimos rodar las estatuas del generalísimo y padre de la patria Rafael Leonidas Trujillo cuando los chivos de Vargas Llosa lo acribillaron a balazos. Por eso   los colombianos  vimos caer desde los balcones de los concejos municipales y las alcaldías,  el 10 de mayo de 1957, los bustos y las inmensas fotografías que el general Gustavo Rojas Pinilla había permitido y patrocinado para que en ninguna municipalidad se olvidara su rostro y su poder. Por eso vimos rodar por las cámaras de televisión la estatua de Sadam, tirada al suelo por norteamericanos disfrazados de irakíes, el día que los gringos creyeron que necesitaban simbolizar  la caída del régimen del funesto  dictador.

 

Pero que bajo la complacencia del coronel Chávez rueden por las calles de Caracas y se pisotee la estatua de Colón, tiene otro y muy preocupante significado. Parecería que  ha comenzado a llegar la hora de la revisión fanática de la presencia española en América. Que hubiese asomado el día del juicio para las atrocidades y asesinatos  que los conquistadores españoles cometieron por doquier contra quienes habitaban estas tierras.

 

Será entonces que está muy cerca el día cuando  desempeñando las mismas funciones que el juez Garzón ha ejercido contra Pinochet y los generales argentinos los magistrados de la corte venezolana llamen a juicio al reino de España por mandarnos a Pizarro y a Belalcázar a Cortés y a Balboa, los redomados asesinos que sembraron de sangre y terror estas tierras a comienzos del 1500?

 

E-mail: gardeazabal@latinmail.com

 

 

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