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  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

 

  Octubre 7/2004

 

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  COLUMNA DE GUSTAVO ALVAREZ GARDEAZÁBAL

 

Las heridas abiertas

 

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

Las secuelas del sadomasoquismo judeo cristiano se hicieron sentir en América Latina desde los inicios de la conquista. En el caso colombiano, en donde la iglesia católica, apostólica y romana provino de la versión inquisidora española, la herencia ha sido mucho mas fuerte y buena parte de la responsabilidad de ser un país de asesinos recae en gran medida sobre ese mitológico proceso de sumisión y venganza en que nos hemos bañado los colombianos primero con la moral del pecado y ahora con la moral del dinero.

 

Tal vez por ello se pueda explicar las actuaciones que por estos días ha tenido el presidente Álvaro Uribe Vélez cuando ha decidido reabrir las heridas cicatrizadas del indulto entregado a los guerrilleros del M-19 hace 12 años  y afirmar que el país se equivocó perdonándolos en la forma en que lo hizo.

 

Católico convencido, racista evidente, derechista irredento, el presidente Uribe es antes que un estadista un hábil negociante y como buen  vendedor de caballos viejos cree que reabriendo heridas cicatrizadas va a ganar fuerza y puntos para extender cobijo a la presa que ahora tiene entre manos y que por tanto terminará  sin rechazo entregando lo mismo a las autodefensas con las cuales dialoga y negocia actualmente.

 

Pero reabrir heridas en un país que se acostumbró a la muerte pero ha encontrado siempre en el perdón y el olvido la herramienta para poder seguir sobreviviendo puede resultarle funesto al presidente colombiano. Esa herida abierta nuevamente y enardecida con el picante venenoso de afirmar que el M-19 atacó el Palacio de Justicia financiado por los narcotraficantes  llevará a que se abra toda la herida y, como dice Pedro Juan Moreno en su peligrosísima revista LA OTRA VERDAD, el país tenga que recordar que el papá de Uribe toreaba al rejoneo en la plaza de toros de Medellín a favor de las obras sociales de Pablo Escobar y al lado de Fabio Ochoa, hoy preso en Miami y que cuando el Pentágono lo incluyó en la lista que develó el mes pasado junto con 98 asesinos confesos estaba abriendo las fauces de la misma herida que se lo puede tragar.

 

Galeano expolió sobre las venas abiertas de América, Uribe  actuando como buen  sadomasoquista judeocristiano, quiere reabrir heridas en un país que no cesa de producírselas a diario. ¡Maldito oficio el de nuestro presidente!

 

El Porce, octubre del 2004 \

E-mail: gardeazabal@latinmail.com

 

 

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