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  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

 

  Septiembre 29/2004

 

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  COLUMNA DE GUSTAVO ALVAREZ GARDEAZABAL

 

Una guerra loca: la guerra de la coca

 

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

Igual a como sucedió en el siglo 19 con la guerra del opio  cuando las oligarquías victorianas y moralistas de Inglaterra no podían permitir ni el ascenso de clase social de los cultivadores de amapola ni mucho menos de sus intermediarios y distribuidores y terminaron por crear, como solución, un Hong Kong para que todo lo que allí pasara se lavara de pecado, la guerra de la coca que ahora se libra en Colombia de manera despiadada se ha vuelto tan loca que no tiene nada de raro pensar que va camino de    generar otro Hong Kong, esta vez colombiano, controlado y desarrollado como la actual provincia china y en donde lo que ahora es delito sea permisible por la vía de unos pactos.

 

Como de nada nos  ha servido  haber fumigado durante 25 años los campos colombianos porque se sigue tumbando monte para sembrar mas coca un poquito mas allá de donde los gringos fumigan. Como de nada nos  ha servido haber visto caer una generación entera de muchachos  metidos a la guerrilla o a los paracos, al ejército o a la policía, a los traquetos o a la delincuencia. Como nadie valora la pérdida de soberanía por haber humillado ante el gringo poderoso a la justicia y a las fuerzas constitucionales solo podemos admitir como conclusión que el dinero del narcotráfico, los dólares y los euros que pagan los norteamericanos y los europeos por meter cocaína sigue sosteniendo  la loca  guerra colombiana.

 

Con esos dólares y esos euros que pagan los consumidores compran armas los paracos y los guerrillos. Pero también es con armas y helicópteros en desuso financiados con la plata de los  contribuyentes gringos que el ejército y la policía colombianas mantienen la democracia. En otras palabras, los colombianos nos estamos matando como marionetas de un tinglado, igual a como se mataban los chinos cuando los ingleses y los europeos financiaban las armas para la guerra del opio.

 

Mientras ello sea así, mientras en las calles de Nueva York o en los bares de Madrid, en los palacios de Moscú o en las playas de Marbella no se combata el porte y uso de la cocaína de nada servirá que Colombia continúe repitiendo su martirio y cada nuevo presidente que elija tenga que cambiar de rodilleras para no ser convertido en reo de alta peligrosidad por la maquinaria imperial.

 

Pero como la guerra de la coca  es una guerra loca, ya está llegando a otro extremo en su comportamiento. Los paramilitares parecen asumir papel de mando y control de cada vez mas extensos territorios bajo el paraguas de  Uribe, un presidente que piensa como ellos, que tiene fincas en territorios que ellos domina y que además no acepta negociar con la guerrilla mientras no cuadre el pacto de rendición con los paras. Arrogantes como los guerrillos en el Caguán, los paras en Ralito exigen suspender las extradiciones a los Estados Unidos aunque se financian por igual que las FARC con el producido de la venta de cocaína en los mercados gringos y europeos. Tan solo el ELN, prolongando su agonía, repite sin cesar que se muere porque no usó la coca como combustible para mantenerse vivo y vigente.

 

Es una guerra loca, es la guerra de la coca.

 

E-mail: gardeazabal@latinmail.com

 

 

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