COLUMNAS DE OPINION

New York, NY. EE.UU. Año 7 -

  Marzo 25/2009

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Mayores y favoritos poetas colombianos

 

“Cuando Neil

                       Armtrong

descendió de la nave espacial

encontró que muchos poetas

estaban en la luna”.

                               Gustavo Adolfo Garcés (“Disidencia del limbo”)

 

Por Gabriel Jaime Caro (Gajaka)

 

 

Gabriel JaimeCaro

“Nunca es tarde para hacer las cosas” decía mi jardinero favorito, Álvaro Aguilar, que en estos días caminando por un parque me lanzó la albahaca envuelta en un liencillo para que me refrescara ante la cara insulsa de la contaminación dirigida.

 

Yo le leí un poema de la amilfeña Piedad Bonnett, que no me gusta mucho, pero, con el asombro de los dos, y dejé caer el libro, que pesaba más que la iluminación espiritual que tuve, a tantos años a. No es cuestión de odios, si por fin hay que saberlo decir, o simplemente de la caída en el tiempo que nos desmoraliza, teniendo ahí afuera la caldera con las brujitas medio vestidas para nuestro gusto, o hambrientas con parche y todo, dejadas por ser muchas judías del tercer mundo, no estoy muy seguro, con un primer poder de seducción por la literatura.

 

Y viene el merequetengue. Algunos poetas se escudaron en nombres comunes, algunos salidos del directorio telefónico, no hay duda, otros matriculados en el surrealismo con nombres muy apropiados atacando a cuanto iniciado se les atraviesa en su camino u nadaistas; yo que trato de conocerlos a todos, a los convidados a la mesa, a la caldera mugrienta, a “La risa de Demóstenes, rara II”, pero otros acudieron al llamado de la Gajaka marimonda, gracias. La Era apenas comienza, el volcán pacífico adquiere su forma de seducción y destrucción a su debido tiempo.

 

Cito: “que este poeta es un sapo, un monstruo o una rata, ratas, enemigos de la cultura, hampones, negreros”. Cito: “Roca, F. Rendón, Samuel Vásquez, Mario Rivero, Harold Alvarado, Jotamario, Jaramillo Agudelo, ”, enemigos de la cultura (sic). Están podridos. Traidores”.

 

Los comentarios amorfos a escoja sus “5 poetas favoritos de Colombia” ni siquiera fueron paliques, tan comunes en la crítica finisecular del siglo 19 (los famosos paliques de Silva que provocaron odio y desprecio por parte de los liberales radicales), solo dicterios llenos de ignorancia, envidias pero no de tus lindos ojos, ni dislates, cuando se deshonra a alguien para descuartizarlo espiritualmente.                  

 

Nos quedamos con los remos cortos para cruzar hacia la otra orilla, en donde nos reciben con desagrado por un dizque retraso donde no lo hay, para que, tildando el devenir con envidias, de comer tantas adelfas venenosas, se detiene la pluma de avestruz y cae al abismo insondable del que no sabe ni a donde esta parado. El mito poético pasa como una extraña avefría.

 

Y el poema bien escrito se pierde con la peste de nuestros recintos de arena mojada. Nos dejan los mitógrafos, y se quedan los Neos dispersos los unos a los otros en la llanura detestable.

 

II

 

Fueron ESCOGIDOS al comienzo de este llamado los poetas mas reconocidos del país para el blog del Churrunguis Tunguis: Silva (Poeta Mayor), Aurelio Arturo (P.M.), Barba Jacob, De Greiff (P.M.), Gaitán Durán, Álvaro Mutis (P.M.), J. M. Roca, y empezaron a sumar otros, Vidales, Rojas Herazo, Obregón Carlos, José Manuel Arango, Quessep, Domínguez Camargo de la época de la Colonia, nuestro barroco gongorista, poeta mayor. Charry Lara, Amílkar Osorio, Fernando Arbeláez, Raúl Henao, Gonzalo Arango, Emilia Ayarza, X-504, Gómez Jattin, Alberto Mosquera.

 

Y aparecen nuevos y viejos en las listas como Mario Rivero, Cobo Borda, Junieles, Ibarra Merlano, Andrea Cote, Carlos Vásquez T., Eduardo y Ramón Cote, Armando Romero, Víctor Gaviria, Rafael Pombo (P.M.), Anabel Torres, Jorge Rojas, Elkín Restrepo, María Mercedes Carranza, Fernando Denis (el más destacado), William Ospina, Harold Alvarado Tenorio, Alberto Escobar, Darío Lemos, Gustavo Adolfo Garcés, Eduardo Carranza, “El tuerto” López, Rogelio Echavarría, Horacio Benavides, Carlos Patiño, Pedro Arturo Estrada, Carlos Enrique Ortiz, Gabriel Jaime Franco, Gabriel Jaime Caro (aspirante a Neobarroco), Gonzalo Márquez Cristo, Eduardo Peláez P., Rómulo Bustos, Oscar Torres Duque, Meira del Mar, Omar Castillo, Jaime Manrique, Luís Mizar Mestre, Piedad Bonnett, Joaquín Omar Mattos, Miguel Falquez Certain, Lucía Estrada, Alberto Vélez, Eugenia Sánchez Nieto, Darío Jllo Agudelo, Samuel Jaramillo, Tomás Quintero, Marta Quiñónez, Matilde Espinosa, entre otros.

Recibimos votos de lectores de otros países. “Hay una tarde varada frente a un río/y entre los dos un niño canta/vaiviniéndose en su mecedora de bejuco” (R.G.Jattin).

 

Y los que tuvieron un voto, no dejan de ser reconocidos, porque no vamos a borrarlos como hacemos en Colombia, por el capricho de ciertos editores godos o visigodos, sino que conservémoslos a todos como hacen en Argentina, con sus 5 mil poetas reconocidos, y en Uruguay con 1250.

 

Imperdonable que poetas como Diógenes Arrieta, Carlos Arturo Torres, José María Grueso y sus antipoemas en el siglo 19, Fernando Garabito, Mauro Trujillo, Max Grillo, Rafael Vásquez, no tengan mención en nuevas antologías colombianas, y en esta encuesta. Diógenes Arrieta fue de los pocos que admiraba a Silva, lo mismo el presidente Caro.

 

Estuvo Ricardo Silva en las encuestas, el padre de José Asunción, que se nos hace muy grato gracias a Santos Molano. De ahí que diga que a Silva lo mataron sus parientes cercanos en un rito muy extraño, seudoórfico, masón.

 

Una Batalla de versos sin precedentes la que hemos librado, por mantener el estilo libre frente a los sonetistas, pocos de ellos reconocidos; “El tuerto” López, E. Castillo, Rasch Islas (¿quién los lee ahora?) Los especialistas en el ocio térmico, incluidas las arañas gemelas de los anaqueles olvidados.

 

Habría que decir como cierto crítico callejero, “que nos olvidemos de las generaciones desencantadas porque nada (fisieron) en épocas violentas de narcos y banquetes paralizados”.

 

Se les acaba el contacto con la Diosa Blanca o con el sol pagano, algo que constatábamos desde la revista Realidad Aparte. Se les acaba, o como dicen se les seca la mente y la metáfora (a no ser que recurran a las hierbas mágicas), la inspiración de formulitas;  no por la edad sino por el maldito dogmatismo, el miedo a ser diferente.

 

Puedo concluir que el mejor poema de la poesía colombiana es El relato de Sergio Stepansky de León de Greiff, inspirado en un poema de Eric Fjordson: “!Juego mi vida, la llevo perdida sin remedio… Bien poco valía!, que lo trabajó por 10 años, para concluir su Cuarto Mamotreto. Otros poemas favoritos: Morada al sur, Canción de la vida profunda, Nocturnos de Silva, Carta rumbo a Gales y, escoja usted el suyo.

 

Fin

 

 


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