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  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

 

  Octubre 18/2008

 


  

 

  Columna de Gabriel Jaime Caro (Gajaka)

 

“La fiesta del chivo”, 2006

Retrato escalofriante en el cine del General Trujillo

 

 

Gabriel JaimeCaro

El filósofo Hegel escribía hace 200 años de que el pueblo se equivoca cuando escoge o mejor aprueba a sus dictadores o a sus generales para que administren justicia y velar por sus derechos civiles. Talvez por la falta de experiencia, ya que por milenios no ha sido si no un pueblo esclavo, que no conozca la aptitud correcta a asumir, y se tire a las calles a llorar la muerte de un dictador sanguinario, como ocurre en el filme “La fiesta del chivo”, 2006, del director peruano Luís Llosa, primo del escritor Mario Vargas Llosa, y del libro del mismo nombre del renombrado Mario.

Es gratificante que por fin se haga para el cine el retrato de un dictador americano, tan fascista como Mussolini y Hitler, y tan absurdos como Franco, Somoza y Pinochet. Y tan ajenos al marxismo competitivo como Stalin; sea porque uno quiere limpiar la raza, para no mezclarse, y perpetren los genocidios conocidos, y otros como Franco, Trujillo y Pinochet, dizque para acabar con el comunismo, y lo que hacen (con su estulticia) es destruir (castrar) la conciencia de los individuos,  y llevarlos a una degradación absoluta de cero a la izquierda en su determinación, y por lo tanto como conejillos de indias salen a defenderlos, aunque sepan de sus crímenes. Pobre pueblo. Mientras que la burguesía se enriquece a costa de este quid en la cuestión equivocada.

Y el pueblo continúa en el limbo para una posible democracia, que no funciona, según Pericles, “ si no en una ciudad amurallada”, mas o menos con retraso de aperturas. “Otra cosa es la no división de clases, en la isla de las sensaciones”, según el poeta Pessoa.

En este filme con puesta en escena en la propia República Dominicana, y en Madrid, todo se presta para la cinematografía, y para el esclarecimiento de los crímenes de Trujillo, junto a su actitud de vampiro con las niñas bonitas, es escalofriante. El actor cubano, Tomás Milian, se entrega en sutilezas a desmontar a este asesino que se burló de su pueblo, como un César romano, y que como el libro “Maten al León, de Jorge Ibarguengoitia, mueren como cínicos pajeados.

Isabela Rosselini, aporta su origen latino, para personificar a Urania (hija de uno de los subalternos del aniquilador);  una mujer que fue víctima de los crímenes del dictador romano, y que a su vez es representada en su niñez por la actriz Stephanie Leónidas.

Otros actores destacados son el británico Paul Freeman y Juan Diego Botto. La Rosellini, hace su papel con logrados efectos en la busca del personaje de la sicología de una víctima de un sanguinario, a treinta años A.

Se queda uno en vilo cuando algunos poetas conocidos admiran a Trujillo por machista, y por tener un poder tan absoluto, que daba envidia. Y veían en Balaguer, la mano derecha del dictador, la continuación de sus crímenes. Destacándose la mordaza hacia los periodistas, mandados a asesinar estén en el país o en USA (Malaver, Martínez, etc). De Trujillo, aprendieron nuestras nuevas dictaduras, su disfraz, para impresionar cómo gorilas en acción, a acallar las voces de nuestros críticos con torturas inimaginables.

“Monarcas nefastos”, fueron las últimas palabras de Francisco de Quevedo en su lecho de muerte, después de pagar 4 años de cárcel en su vejez, por  tratar de salvar de la miseria al pueblo español con una nota escrita en una servilleta para el Rey, durante la hegemonía del Conde Duque de Olivares, a consta del inútil Felipe IV.

Esta apreciación en esta crítica de la película, para guiarnos en la horripilante modernidad de nuestras dictaduras, con herencia maldita, que no acaban de desaparecer, por lo inmundo del poder político.

No creo que el filme al ser hablado en inglés por exigencias comerciales sea inconsecuente y sufra de asepsia (contaminación) en la realización, ya que puede ser recreada por un público exigente y globalizado en otro idioma que no sea el español o subtitulada en francés para Haití.  Lo que importa es la imagen mágica del cine. Y poder hacer un filme, casi imposible, en estos momentos en donde no hay industria del cine en República Dominicana, un logro de sentidos encontrados en el ocio repetitivo antillano.

No entiendo tampoco el porque de la censura en algunos países por mostrar los crímenes al desnudo de un dictador, sobre todo la escena de la violación de Urania. “La fiesta del chivo” es una buena película, como bueno es el libro de Mario Vargas Llosa. Decir que el libro es mejor que la película, es una pendejada como dicen en Colombia.

gajaka@hotmail.com

 

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