agencia de NOTICIAS LITERA

  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

 

  Junio 29/2005

 


 

 

  Columna de Gabriel Jaime Caro

 

“Satanás”:

el cerebro enloquecido del chimpancé.

 

 

Gabriel JaimeCaro

El viejito se levantó de la silla, y dijo: ese tipo no es colombiano (refiriéndose a Satanás), y yo le dije que sí, y resulta que el actor es mexicano (Damián Alcázar, mejor actor en varios festivales de cine); como estamos de unidos, que nos parecemos un poco, y la cuota mexicana en el cine actual es fundamental para el éxito de la película.

 

Acabábamos de ver un filme colombiano que se cuidó de caer en la crueldad por la crueldad como en  la cinta mexicana “Perfume de violetas”, 2000, de Marisa Sistach, en donde la autora nos lleva a unas escenas de crueldad completamente humillantes para el espectador, un hiperrealismo enfermizo, en donde una lesbiana asesina en medio de su desesperación por el rechazo, en un estrato social medio, a la amante niña.

 

En “Satanás”, 2007, Opera prima del joven autor caleño Andrés Baiz, también hay crueldad al final del filme (en una adaptación de una historia real, es diferente) pero de una contención melodramática que nos da un respiradero, con aquel ralentí en la toma de la estudiante de inglés asesinada, que nos retrata nuestra maldad inquisidora (e ahí un gen notable para genetistas radicales).

 

Teoricismo en el cine sobre el gen asesino ni mas ni menos; bien o mal nos cae de perlas este enfoque cinematográfico que supera la novela en el script, del mismo nombre (Satanás) de Mario Mendoza, de la cual se extractaron estos hechos acaecidos hace 20 años en la ciudad de Bogotá, Colombia, en donde un asesino llamado Campo Elías Delgado, decide acabar con su mundo en un día, después de matar a su madre y sacar todo el dinero que posee en el banco, y seguir aniquilando a sus seres queridos y a sus acompañantes en el restaurante Pozzeto, y después suicidarse, acto que podríamos negar como suicidio, cuando se da esta masacre de la muerte. En total 32 asesinatos, como para un record criminal de un ex combatiente de la guerra de Vietnam, un machista herido de orgullo por su madre y su niña bonita.

 

Claro qué, esta clase de crímenes solo habían sucedido en USA, pero como Colombia ha sido la servil, con sus tipos tirados hacia delante buscando ser estadounidense como un orgullo anglo, hay tenemos la consecuencia cuando alguien (un veterano de la guerra desde sus 20 años!!) ya no sirve para nada en un sistema imperialista por el simple hecho de haber asistido a un acabose tradicional, enloqueciendo a sus soldados, incluyendo los de origen latino, para el arte de matar por matar en la guerra, a cuanto vietnamita se les apareciera en el frente de batalla.

 

En este caso la guerra cochina de Bahía cochinos, hoy Irak, y en sus vidas, mejor dicho en fin del mundo, como lo monologaba Campo Elías, Eliseo en el filme de Baiz, después de intentar despedirse con una posible suplica ilusa de un cura (interpretado por el genial actor Blas Jaramillo) que estaba poseído por el demonio, según la novela de Mendoza, y que en “Satanás”, hace las  escenas más eróticas, vivo retrato de una época pasada del catolicismo que si no se casan (digo los curitas) están perdidos para el futuro de una era de felicidad, que está más allá de los dioses del amor.

 

Marcela Mar (antes Gardeazábal) también nos seduce en el papel de Paola, que exigía mucho de ella, por el destape y la consecuencia de su personaje, en una sociedad que tiene todas las ventajas para hacer del crimen una forma de vida, que obligue a salir de la miseria por la miseria de la filosofía y su consiguiente arribismo. La fila de cafres, victimas del desclasamiento social, ya da la vuelta al mundo, y solo esperan que este mundo se apague para su completo cese.

 

Sí, “La sombra del caminante”, 2005,  de otro colombiano, Ciro Guerra, nos retrata a otro criminal arrepentido, con sus consecuentes flash back, de cómo cierta hierba, encontrada en la selva del Amazonas,  es una droga que hace olvidar los sentimientos, y se recurre a matar hasta los seres mas queridos, no lejos estamos de seguir con esta veta para la literatura y el cine del Tercer Mundo; ya que no todos los criminales son de la causa de “Satanás”, por ser excombatientes de Vietnam o de otras guerras, si no de la naturaleza social y determinante de la gran mayoría de pueblos espantados por los poderes hacia los territorios ancentrales, donde tuvo que existir un cuidado con estas tomas o fumas, para no llegar al exterminio completo de sus tribus, cierto chaman semidivino debió existir siempre.

 

A manera de conclusión:

 

Qué se levante de la sala, mejor, Claude Chabrol, y ratifique esta incontenible migraña de la muerte, en “Satanás” (el verdadero carnicero), de su filme “El carnicero”, 1969, su personaje pueblerino que solo ha matado una persona, sin cizaña, y le da a la imagen (un incordio) de una buena persona, en ese pueblito francés, viviendo la felicidad, después de la Segunda guerra mundial.

 

gajaka@hotmail.com

 

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