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  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

 

Junio 15/2007


 

 

  COLUMNA DE IGNACIO RAMREZ

Director de Cronopios

 

 

 

La poética del adjetivo

y otros caminos del caimán

   

Javier Echeverri

Escritor colombiano

 

 

     Javier Echeverri Restrepo, un antioqueño sesentón, nacido en Jardín —la tierra donde pasó la infancia y transcurren muchas de las historias de Manuel Mejía Vallejo— fue hace ya 20 años el ganador del Premio Nacional de Literatura, en la modalidad de Novela, con un trabajo de 300 páginas titulado "El camino del caimán", seleccionado por el venezolano Luis Britto y los colombianos Ricardo Cano Gaviria (residente en España desde hace ya casi cuatro décadas) y Oscar Collazos.

    

     Echeverri Restrepo no era hasta entonces conocido en los medios literarios del país (y continúa ignorado), a pesar de que ya había ganado también un premio nacional de novela convocado por la Cámara de Comercio de Medellín, con el libro "Sangres Marcadas", cuyo tema es la crítica situación que se vivió entonces en Urabá. Es, asimismo, un personaje inmerso por completo en la literatura, la antropología y la filosofía y tiene muy particulares conceptos acerca del oficio, como que asegura ser un 98% lector y sólo un 2% escritor.

     Aunque la novela ganadora estuvo en entredicho por ser supuestamente costumbrista, el autor no tiene la menor duda al definirla como "una novela de corte experimental y escritura objetiva sobre cuatro ejes investigativos: una hipótesis sociológica, una antropológica, una etnolingüística y una poética del adjetivo". Ese 2% de escritor que es Angelus Silentii (seudónimo que utilizó para el concurso), ha tenido tiempo también para ser el creador de una filosofía denominada Aistesiología, que define como la ciencia de los sentidos y el arte de las ciencias, que "trabaja sobre fronteras de investigación, propone una nueva escritura con múltiples lúdicas, una especie de nó al costurero literario del pasado" y sostiene, con pasión evidente, que "la estética es ismo, evocación y pasado, mientras la aistesiología es sentido lúdico, investigación y presente, porque plantea la búsqueda del camino hacia una nueva sensibilidad y se aparta del esteticismo de corte tradicional; la estética es bonitismo y angelismo retórico, facilismo de escritorio; la aistesiología es la ciencia del sentir de la naturaleza".

     Javier, quien no reconoce influencias ni tiene autores favoritos, dice también ser el creador de un nuevo género llamado "relato ácido", que se enmarca en una singular visión literaria del mundo caótico que vivimos concretamente en Colombia, y que si tuviere algún parentesco con otro género narrativo "quizás sería la llamada  novela negra". De esos relatos ácidos ya Echeverri ha publicado, en el año 80, cuando la nación se sacudía con el estatuto de policía, un cuento llamado "Gota de aceite", que alguien seleccionó e incluyó en un volumen titulado "13 cuentos colombianos", después fue mención especial en el concurso de Editorial Diana de México, con la novela "Tierra Mágica" y ha incursionado también en la noufántica  y los diletarios , historias de duendes y aparecidos donde hay títulos como "El tintero del diablo", "El Cristo de las rosas" y "La monja de escolantazgo".

     "El camino del caimán", la novela ganadora hace dos décadas, noticia entonces y olvido hoy, es una investigación sobre la ventana del corredor pacífico, donde se mezclan personajes africanos y mestizos que recuperan o recrean un lenguaje afrocastellano a través del río Atrato y de los otros que van al Pacífico, tejiendo cierto tono poético dentro de una prosa llana, que habla en contextos sociales y políticos donde aparecen mafiosos, guerrilleros, ejército, al tiempo con leyendas africanas y  figuras de la conquista, como Vasco Núñez de Balboa (resucitado ahora por Fabio Martínez en su novela histórica El polizón del Pacífico), a quien vemos de pronto convertido en personaje mitológico. A pesar de tales connotaciones, su autor la define como "una novela en presente, cuyos ejes se mueven a través de un abanico de narradores". ¿Y cómo es eso de la poética del adjetivo? "El uso del adjetivo remueve y hace saltar el lugar común y eleva el giro de la frase hacia nuevos niveles del sentir y del decir". Se va el caimán. Al menos recordémoslo.

 

 

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