agencia de NOTICIAS LITERA

  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

 

  Julio 15/2006

 

Principal

 Agenda

 Noticias
 Cultura
 MásBiografías
 Mutimedios-Prensa
 Reseña de libros

 Entrevistas

Columnas Opinión
 Artículos Literarios
 Relatos y Cuentos

 Reportajes

 Historia día a día
a

Especiales

 Libros Digitales
 Curiosidades
 Libros Recibidos
 Agentes Literarios
 Editoriales

Concursos literarios

 Enlaces
 Clasificados
a

Servicios

 Correo recibido
 Suscripción
 Quienes somos

a 

  COLUMNA DE PATRICIA LORENTE

 

 

Difranco, mi amigo D., y un café en la mano

 

Patricia Lorente

Anni Difranco me recuerda particularmente a una tarde que pasé con D.  Solíamos patearnos la city en busca de bares o cafés baratos pero con buen ambiente, algo así como un café Gijón a lo cutre, vamos, que lo queríamos todo. A menudo cedíamos de un lado o de otro: o pagábamos más de lo debido, o acabábamos en un Burger King tomando café, pero de vez en cuando, encontrábamos EL SITIO.

 

Aquella tarde acertamos. Era un bar de copas con mesas al fondo, abierto como café por las tardes, estaba entre Chueca y Las Salesas, y juro que jamás he podido volver a encontrarlo, tal vez es que nunca existió. Era un lugar simple, que no brillaba por su decoración, pero tenía algo… Enseguida nos gusto, nos pedimos un par de cafés, y nos fuimos al fondo.

 

La camarera era guapa y estilosa, con un flequillo indie de cuidado, note cómo D. la miraba de más, y le vino de perlas que yo le preguntase quién era la cantante, porque así pudimos hablar con ella, que era simpatiquísima. D se quedó encantado.

 

En la mesita del fondo, nos liamos un canuto; yo le di dos caladas y D. no fumó mucho más, ninguno de los dos éramos fumetas, me lo había dado alguien, y ahora imagino que aquello nos hacía sentir más importantes, como me lo haría sentir ahora, sólo que ahora no me lo fumaría no sé bien porqué. Era un placer pasar las tardes charlando con D., fue un placer aquella tarde, nuestro café, nuestra conversación, Anni Difranco, y nuestra porción de importancia.

 

Cada vez que escucho a Difranco (que son pocas), me acuerdo de D., y le echo de menos. Se sacó una novia estupenda, quedamos un par de veces, y no volvimos a vernos. Parece que a “ella” no le apetecía un novio con amigas, especialmente si habían sido novias en algún momento, como era mi caso con D., independientemente de que hubiera sido años atrás, y bien enterrado por la amistad incondicional y verdadera que habíamos continuado más tarde. Yo incluso vivía con mi novio… pero nada; no hubo manera de volvernos a ver, ni con parejas, ni sin ellas.

 

A veces me parece que mi amistad con D., al igual que aquel bar, nunca existió, o que tal vez era más barata que los cafés que nos tomábamos. Y la verdad es que puedo llegar a entender a esta chica, que al fin y al cabo, no me debe nada. A quien nunca entenderé, pero sí perdono, es a mi querido D.

 

SUBIR


 © 2006 por NoticiasLiterarias.com

Reservados todos los derechos

Diseño Gráfico: Grafisoft Digital