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  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

 

  Mayo 26/2006

 

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  COLUMNA DE FRANCISCO GIRALT

 

 

JESÚS AL DESNUDO SIN CATOLICISMO

 

 

Francisco Giralt 

Sobre lo que hoy creemos saber del cristianismo, de Jesús y sus Iglesias.

Jesús el amoroso, el bien amado y venerado por sus seguidores cristianos; el Hombre-Dios que sigue siendo el Gran Mito de todos los tiempos cuya presencia parece fortalecernos al llegar las tan tradicionales Fiestas de Navidad y Pascua, aunque no seamos cristianos practicantes aceptemos todavía su memoria viva en nosotros desde cualquier punto de vista que nos sigue dando guerra. No nos hemos liberado aún de su gran poder de sugestión y tradición.

Debatido hasta el infinito como personaje histórico, ni los peores enemigos de Jesús han podido negar que haya habido otro hombre en la historia como Él, capaz de crear una Nueva Era y marcarla con una doctrina, utópica o no tanto, de una envergadura tan humanística que ha dado mucho que pensar durante esos 20 siglos.

A pesar de haber dado un resultado prácticamente inútil por la mala explotación que hicieron de él unas entidades pertenecientes a su gremio, el debate en pro y en contra continúa. ¿Quién lo ignora?... Igual que en todo, las entidades religiosas también pueden corromperse. ¡Y ser blasfemas! (por su conducta, por supuesto)

Es cierto que con su poderosa influencia, el cristianismo se ha mantenido gracias a la astucia, poder y riqueza de la Iglesia Católica la cual desde un principio supo valorar el gran negocio de esta religión enriqueciéndose al infiltrar su poder creativo con toda clase de engaños y llenando de mentiras las cabezas de los ignorantes e ingenuos creyentes laicos (¡nos dejamos pillar!) quienes fueron utilizados para detener el progreso y doblegar a los  pueblos.

 Pero con el uso del método infalible de la sugestión y una teocracia aceptada casi siempre con miedo por los temerosos y cobardes feligreses, dejaron un mal precedente al tergiversarse el verdadero sentido e interpretación de las grandes posibilidades de un cristianismo práctico y real, menos utópico, menos "duro", con mayores posibilidades de cumplir la sagrada misión de mejorar la humanidad tal y como quería el bien amado Jesús.  

Como sabemos, la doctrina  pasó por diversas fases desde su aparición practicada de boca a boca por los convencidos y leales discípulos no sería hasta tiempos más modernos cuando fue descubierta y comparada por unos pocos más adelantados intelectualmente, como base del Comunismo o Socialismo actual. Sin embargo, todavía hoy, (es vergonzoso admitirlo) la ceguera y falta de convencimiento de la mayoría de lo que es en realidad el Cristianismo, se sigue rechazando y considerando una aberración por  los mismos pseudo creyentes. ¿Cómo asimilar las maldades que los comunistas hicieron con los cristianos para considerarles cristianos?... ¿Pero de cuales cristianos hablamos? ¿De los auténticos (si los hay) o de los católicos y ortodoxos practicantes? Si el socialismo se hubiera sensibilizado muchos años atrás, el comunismo revolucionario no habría existido. Y todavía hoy los pseudo cristianos  no quieren ver a un Jesucristo socialista real, de verdad, sin sofismas y enmascarado en investiduras mitológicas inventadas que sirven muy bien para presentar a un buen Jesús disfrazado, idílico, falso, prefabricado física, social e históricamente irreal, como un Dios encarnado en hombre, (igual que  hacían los paganos) divinizado y resucitado de entre los muertos. En una palabra: un Jesucristo bien perfilado,"made in Vaticano" que accediera a nuestras fantasías de "cuento de hadas", -mentiras que los hipócritas siempre aceptan como estrategia-, quedando oculto lo poco de verdad que podamos saber de Él, que es casi nada desde la data de su existencia, (nunca se encontraron sus referencias) hasta cuál fuera su verdadero curriculum: ¿Dónde nació? ¿Si existió, en realidad? ¿Cómo fue físicamente? ¿De qué raza era? ¿Fue heterosexual, homosexual o bisexual? ¿Tuvo hermanos? ¿Se casó? ¿Tuvo hijos? ¿Viajó a la India, lugar donde se documentó a fondo sobre la religión Veda? ¿Resucitó, según el mito, o sin haber muerto fue recuperado por sus discípulos, atendido y curado para que regresara a la India donde murió muchos años más tarde y fuera enterrado allí? Los Evangelios, escritos "supuestamente" por los 4 evangelistas que conocemos, son otra incógnita. No hay autoría idónea de los firmantes. ¿Quienes los escribieron?  Aparecieron después de más de 50 años desde los tiempos que se cree que vivió Jesús. ¿Fue la historia de los evangelios una pura y simple creación literaria de un personaje de ficción por un grupo de escolares especialistas en filosofía y religión, que convertirían el Nuevo Testamento en un "best-seller" de la antigüedad?...  ¿Y los Evangelios Apócrifos?, ¿cuándo y quienes los escribieron? Y ahora, la aparición del Evangelio de Judas, apócrifo también, ¿es razonablemente creíble que pertenezca a ese período, o es simplemente otro de los "montajes" que podrían utilizarse muy de acuerdo para echar más leña al fuego de una fe que se apaga? ¿Es posible que la Sábana Santa nos muestre precisamente la verdadera figura de Jesús? Son las preguntas que han emergido últimamente por toda la faz de la Tierra, y aunque no son nuevas, sí son excluyentes hoy en día del yugo de la Iglesia que nunca dejó mencionarlas ni  "inspeccionarlas" dejando escondidas unas verdades que no les interesaba que fueran sabidas. Verdad o ficción, ¿qué pruebas tenemos?...

La losa de las religiones ha sido siempre enemiga del dejar vivir y el deseo vehemente de gozar de la vida espontáneamente. Es lo más censurado del cristianismo. ¿Por qué las iglesias se han empeñado siempre en separar el placer de vivir como un pecado de insumisión a la fe, en contra del dolor que ha de llevarnos a la salvación eterna? Ser los dirigentes del mundo ha sido desde siempre la perenne voluntad de la Iglesia y para su magisterio todo tenía que ser pecado y prohibiciones que se censuraban estrictamente en el confesionario políticamente.  Una horrorosa estrategia que nos mantuvo sometidos durante siglos bajo el peso de su dominio. ¡El colmo del "sin sentido", de un falta de humanidad  y  nuestra memez incurable! Hemos pagado caro nuestro fanatismo e ignorancia con frustración, injusticias, esclavitud y en aceptar la perversidad de un mundo basado en el engaño que nos llevó de generación en generación hasta ahora en que se está rompiendo el molde.

Lo que nos dice Michel Onfray en uno de sus ensayos, se aproxima mucho a ese comportamiento nefasto de las religiones. Dice Onfray, (traducción):       

 "Los tres monoteísmos, animados por un mismo impulso de muerte genealógica, comparten un conjunto de idénticos desprecios: odio a la razón y a la inteligencia, odio a la libertad, odio a todos los libros en nombre de uno sólo, odio a la vida; odio a la sexualidad, a las mujeres y al placer, odio a lo femenino, odio al cuerpo, a los deseos, a los impulsos. Y a la vez, el judaísmo, el cristianismo y el Islam, defienden la fe y la creencia, la obediencia y la sumisión, el gusto por la muerte y la pasión por el más allá, el ángel asexuado y la castidad, la virginidad y la fidelidad monogámica, la esposa y la madre, el alma y el espíritu. Todo lo cual es tanto como decir crucificar la vida y celebrar la nada..." 

¡Qué bien clarificado! Lo mal interpretado es la creencia sostenida por los católicos de que no podemos ser cristianos si no obedecemos las bases que sigue imponiendo la Iglesia Católica Apostólica y Romana. Siguen en el empeño de que seamos desgraciados y en poner vallas al progreso de la sociedad y de la ciencia. El mensaje de amor de Jesucristo es bien simple: "Amaros los unos a los otros igual que yo os he amado". ¡No hay más! Él no nos dice que no hagamos el amor, que no queramos ser felices amando la vida, que no progresemos, que la pobreza nos hará mejores. ¡Mentira! ¡Todos ellos adoran las riquezas y el poder!  Seríamos ingenuos no saber que es así. Al contrario, el lenguaje de Jesús es diferente al hablarnos de la igualdad social entre los hombres, de compartirlo todo. "Lo que no quieras para ti no lo quieras para tu hermano". "Haz bien y no mires a quien". Jesús no nos excluye de nada. Y si hay errores o contradicciones en su doctrina, que los hay en cantidad, tal vez no sean de Él sino de sus sucesores, de los diabólicos pensadores católicos  quienes  ampliaron los textos de la doctrina a su comodidad durante los primeros años de gran éxito. Luego llegarían los asesinatos y las guerras: la Inquisición, las Guerras Santas y tantas y tantas intervenciones no precisamente cristianas que todos conocemos, y no por la Causa de Jesús, sino por la suya propia, la del Poder Católico. Por poca lógica que tengamos, es imposible asumir que este  comportamiento de la Iglesia pudiera haber sido aprobado por el mismo Jesucristo. Igual que lo fuera durante su vida, Jesús sigue siendo el Gran Inocente mal acusado y crucificado por todos nosotros, egoístas empedernidos amoldados a lo que nos interesa, incluso a la clase de una religión fácil elegida puerilmente en la que podamos sentirnos cómplices en su forma superficial y falsaria de actuar.

Como dijo Jean-Jacques Rousseau:  cristianismo y catolicismo son dos cosas diferentes, incluso opuestas. Pero por su propia desgracia, la sociedad se ha inclinado desde siempre más bien por el Catolicismo. No le preocupa ser cristiana. Quiere vivir en la hipocresía siempre de acuerdo a los postulados de la Iglesia católica antes que afrontar los problemas reales de las personas humanas y servirse de un cristianismo sano, noble, sin tabúes y fuera de las mil sandeces del catolicismo que han entorpecido nuestra evolución para mejorarnos social  y espiritualmente.

Una vez alcanzado este punto, frente a la incógnita indescifrable de quien fue Jesús, y separarnos de toda ornamentación mitológica del catolicismo y de todas las diversificaciones de tantas sectas pertenecientes a distintas "reformas" del cristianismo, nos queda una pequeña y desfigurada prueba de la existencia de alguien que ha sido interpretado como al Jesús auténtico. Se trata de Jesua, un hombre puro que vivía en Judea y predicaba una doctrina parecida a la del Jesús improbable del que tenemos noticia, el cuál sí ha sido reconocido por los judíos de la época con testimonio en el censo y hallar su nombre en escritos importantes que hablan de él como de un gran profeta que enseñaba la superación de uno mismo utilizando métodos de entrenamiento espiritual hasta conseguir despertar el Dios interior que supuestamente todos llevamos dentro. Como nuestro Jesús, enseñaba con parábolas y hacía milagros. Lo distinto es que Jesua  no dijo que él fuera Dios ni nunca fue apresado ni perseguido y no murió clavado en una cruz. Su vida no fue el "culebrón" que  nos ha hecho tragar el Catolicismo. Fue un auténtico Avatar en sentido budista que se encarnó para ayudar a mejorar la humanidad. ("The Secret Doctrine", Madame Blavatsky).

¿Por qué no pensar y creer que éste es el auténtico Jesús, que inspiró los evangelios? Ciertos investigadores lo afirman. Nada de engendrado por obra y gracia del espíritu santo, ni resurrección en cuerpo y alma a los cielos. Un hombre simple, como los demás, ("just one more" como se dice cantando en "Jesus-Christ Super-Star") pero con una espiritualidad y humanidad superiores, nacido para enseñarnos a ser menos egoístas y a unirnos como hermanos en los difíciles andares por la vida y la esperanza a la hora de la muerte.

Por todo lo expuesto y con perdón si me he excedido, no comparto la opinión de los que creen que las religiones sean "malas" y habría que abolirlas. Especialmente, el cristianismo, ¿es tan horrible y culpable? A mí no me lo parece y sólo critico su carácter dictatorial, como todas las demás religiones. Más bien considero que ha sido una doctrina mal enfocada y materializada por la sociedad católica dirigente y ellos son los culpables de que se haya incrementado tanto el ateísmo. Tampoco miro a los ateos como condenados herejes o diablos. Nada de eso. Ser agnóstico o ateo me parece una respuesta noble, muy natural y aceptable y hasta consecuente para los que no pueden aceptar una religión, aunque tampoco puedo imaginarme un ateismo universal. La religión es una necesidad para muchos a pesar de que en ocasiones no es fácil  ser creyente toda una vida.  Hay momentos que llegamos a un punto de total indiferencia y alergia a estos referentes que no pueden convertirnos y somos incapaces de creer en nada del absurdo que nos explican. Necesitamos no creer en nada, dejar nuestra mente en blanco, y dejarla así, apaciguada, sin agitarla con lo indemostrable e inadmisible. Es otra forma de liberación mental y disfrutar de todo lo simple que nos rodea;  no necesitamos más, no pretendemos buscar más. Nacemos y morimos y ya está. Pero cuando hay inquietud por saber, por buscar en las religiones respuestas que no las encontramos en nada y uno las necesita, entonces uno puede sentirse anárquico incluso en contra del ateísmo. No hay porque negarse a ello y no dejarse llevar por las preguntas clave como respuesta a nuestras libertades y tal vez, "necesidades espirituales" si uno entiende de esto. Pienso que es verdad que "el hombre es un animal religioso" o supersticioso, lo que es parecido porque le atrae descubrir el misterio y no siempre está dispuesto a no salir del vacío de su interior sin encontrar alguna salida a sus importantes preguntas.  Nos lo confirma la Historia de la Humanidad a través de todos los pueblos.  Hablar de Dios en solitario, mentalmente o en comunidad, no siempre es en vano. Nos ayuda. Sobre todo a los  débiles o pobres de espíritu que somos todos alguna vez. Yo diría que es un privilegio que no se nos da con facilidad y que sólo se adquiere cuando se despierta  la motivación. Entonces cualquier religión vale, ya seamos idólatras o  iconoplastas,  con ritual o sin ritual, pero dejándolo todo a una mera cuestión de imaginación y curiosidad mística. Lo importante entonces es la doctrina, no el Maestro  que la creara (un poco así como la obra de arte y el artista. La obra es lo que cuenta. Así pensarían los doctores de la Iglesia de los primeros años de cristianismo). Finalmente pues, terminar sin rencor como posiblemente lo haría el mismo Jesús. Llegó la hora para los católicos de cargar con la culpa, pero es primordial ofrecer también un consenso fácil a las iglesias corruptas, cuya labor, aunque muy imperfecta y odiosa ha cumplido ciertos aspectos positivos de la doctrina y ha sido lo suficiente eficaz para preservarla hasta hoy, por cuyo esfuerzo tienen bien merecido el perdón. Que elija la Iglesia Católica quien se interese por ella y le sea eficaz para elevar su fe. Perdonar siempre es el gran lema que hemos de cuidar impidiendo desarrollar un odio que podría ser pernicioso para nosotros mismos, pues ¿quién lo ignora?...ante todo, la doctrina, y sin añadiduras, el rencor nunca puede ser cristiano*.

 

 

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