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  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

ARTÍCULOS LITERARIOS

 

 

 

 

 

POR UNA REFORMA SEXUAL*

 Al Segundo Congreso Internacional por la Reforma Sexual, en beneficio de una variedad oprimida del se humano (Copenhague 1928)

 

Por Magnus Hirachfeld

 

Honorable Sr. Presidente, distinguidos miembros del Congreso.

 

Les agradezco que me hayan dado la oportunidad de traer la expresión de mis pensamientos ante Uds. aunque indirectamente. (1) Yo mismo los habría presentado en medio vuestro, si mi situación económica no me hubiera impedido emprender el viaje a Copenhague.

 

Mi tarea es: llegar hasta el Foro Internacional que Uds. han establecido, para decir al mundo: una variedad del ser humano, extraña, pero completamente digna, inofensiva, inocente, ha existido entre todos los pueblos hasta hoy. Vivimos ahora como vivíamos en los más oscuros medioevos: absurdamente, horriblemente perseguidos por una gran parte del pueblo, bajo la dirección de sus legisladores, gobiernos, y jueces. El mundo pensante, individuos de todas las naciones que son explorados y guías del intelecto, se rebelan contra esta barbarie y exigen en nombre de la humanidad: ¡Basta!

         

La gente de la que hablo es la minoría  que es conciente de sus inclinaciones amorosas hacia miembros del mismo sexo, en vez de miembros del sexo opuesto: los así llamados homosexuales, uranistas, o invertidos.

 

          Son fugitivos porque, se ha dicho, sus sentimientos y actos son ‘contrarios a la naturaleza’. Pero sus sentimientos y actos están arraigados en su predisposición, la cual es un componente del carácter que les fue asignado por la Naturaleza. Si las historias de todos los pueblos primitivos y civilizados indicaran la existencia de tal minoría en todas las edades, esto significaría que debemos tratar de entender esta naturaleza como perfectamente natural. Un fenómeno de la naturaleza acerca de la cual la mayoría es incomprensiva o incomoda, no deja de ser por ese motivo un fenómeno de la naturaleza.

 

          El amor homosexual no es una burla de la naturaleza, sino más bien un juego de la naturaleza. Y cualquiera que asegure lo contrario, que el amor debe servir a la preservación de las especies, que la energía homosexual o heterosexual es malgastada cuando se le usa para fines distintos de los de la propagación’, ése no tiene en cuenta la sobreabundancia de millones y billones de formas con que la ‘naturaleza, en todas sus riquezas, derrocha semen. Como Nietzache lo expresó en Marganroto. La procreación es un resultado accidental –que ocurre frecuentemente- de un modo de satisfacer los impulsos sexuales, no es su objetivo, ni su necesario resultado’, La teoría según la cual el objetivo de la sexualidad es la propagación, se desenmascara directamente como precipitada, simplista y falaz a la luz del fenómeno del amor homosexual. Las leyes de la naturaleza, no contrasta con las leyes de la razón, generalmente no se transgreden a sí misma. La afirmación de que un definido fenómeno de la Naturaleza puede ser ‘contrario a la Naturaleza’ es, o un completo disparate, lo que es, o nada. Sin embargo, esta destinada afirmación se ha venido arrastrando a lo largo de muchos cientos de años a través de la literatura y las leyes, y aún muy famosos pensadores han salido con esta estupidez.

 

          Incluso en tiempos recientes, un mundialmente conocido vocero de la Izquierda Europea, Henri Barbusse, exhibió su sabiduría y poder cerebral del modo más desfavorable cuando, (en el “Paris Journal’, Les Marges, del 15 de marzo de 1926) contestó, en respuesta a una encuesta circular sobre la homosexualidad: ‘esta desviación de un instinto natural es, como toda otra perversión un signo del profundo decaimiento social y ético de un cierto sector de la sociedad actual. Siempre los signos de decaimiento se han presentado en un exceso de refinamiento y anomalías en los aspectos vitales de la sensibilidad, y emoción'. Se debe replicar al Sr. Barbusse que este declarado 'exceso de refinamiento' del que habla anticríticamente y remedando una falsa noción popular, se ha presentado siempre tanto en tiempos de ascenso de una raza como en tiempos de declinación. Por ejemplo, Grecia, en su juventud como en la plenitud permitió el amor entre hombres y muchachos sin tratar de ignorarlo. Lo mismo, fue verdad en la época brillante de la cultura Islámica, y en la de Miguel Ángel.

 

Este 'marxista' se vuelve ridículo cuando vincula a la homosexualidad actual con la lucha de clases, señalándola como un signo del 'decaimiento ético de un ‘cierto', o sea del sector burgués de la sociedad. ¡Como si el amor homosexual entre proletarios de todas clases, obreros, campesinos, empleados, gente común en todas las ramas de la ocupación, no pudiera ser encontrado en la misma medida que entre los propietarios! La naturaleza, cuando crea su maravillosa variedad entre seres humanos, no se detiene ante clases sociales. Es verdad que el proletariado como regla, tiene menos tiempo y medios que las clases poseedoras para dedicar a los goces del placer sexual, incluso a las formas sublimadas del erotismo; y este es, entre muchas razones, una de las que debe dirigir al luchador por la felicidad humana hacia el socialismo... o debería dirigirlo. Pero eso es verdad tanto para la gran masa de proletarios considerada heterosexual como para su minoría homosexual.

 

Se oye hablar mucho menos abiertamente de la homosexualidad de la gente común que del lujoso círculo de la alta burguesía, pero sería extremadamente superficial concluir sobre esta base que la homosexualidad es una especia de monopolio de la burguesía. Uno se debe dar cuenta, más bien, que la proscripción del amor homosexual golpea al homosexual proletario aún más duramente que al homosexual capitalista porque éste, como resultado de todos los privilegios y ayudas a su disposición puede escapar más fácilmente.

 

En todo caso, el trabajador predispuesto homosexualmente poco puede agradecer al Sr. Barbusse, cuando este escribe acerca de la declarada 'satisfacción' con que algunos autores colocan su 'delicado talento' al servicio de la cuestión homosexual, 'mientras nuestro viejo mundo se convulsiona en terribles crisis económicas y sociales'. Con el más extremado veneno, el Sr. Barbusse no ofrece ‘ningún respeto a esta decadente falange intelectual' y puede 'sólo lanzar el desprecio que las fuerzas populares y jóvenes vigorosas sienten hacia los representantes de esta doctrina morbosa y artificial.'

 

Las 'terribles crisis económicas y sociales', en las que el mundo 'se convulsiona 'impiden ávidamente al Sr. Barbusse abandonar un prejuicio que comparte con las gentes más atrasadas de cualquier nación. Al emperador Napoleón y su canciller Cambaceres, cuando dieron libertad para actos homosexuales en su Código Penal, fueron más revolucionarios hace cuatro generaciones que este revolucionario de hoy. Barbusse canta en el mismo tono moral sobre este asunto, acerca del cual no entiende nada, que los más reaccionarios Directores de Ministerio alemanes, cuando su 'tarea’ es estirar proyectos de ley sobre asuntos de los cuales tampoco entienden nada. 'Desprecio', 'vigorosas fuerzas populares', y 'doctrina morbosa' -ya lo hemos sido en boca de los conservadores juristas de oficina en tiempos de Guillermo.-

 

En este momento, cuando la Unión Soviética ha eliminado los actos homosexuales (como tales) como sujetos a penas (2): cuando el fascismo se alza, apareciendo en Italia por primera vez en generaciones: cuando en Alemania y en varias otras naciones la Reacción y el Progreso luchan violentamente en tomo del 'problema' homosexual: aquí llega el camarada Barbusse, miembro de la Tercera Internacional. Desprovisto de ningún conocimiento especial, lanza una diatribe agitadora y cenagosa contra un grupo de seres humanos ya suficientemente atacado. Inescrupulosamente ataca por la espalda a los luchadores por una buena -aún cuando por su naturaleza impopular- causa por la libertad. Lamento que sea necesario decir semejante grosera verdad a un maestro, cuyo trabajo poético y político-filosófico aprecio tanto; pero cuanto más alto se sitúa el que disemina teorías conservadoras y falsas, tanto más agudamente debemos censurarle, pues tanto más peligro es.

 

No es verdad que la homosexualidad sea un síntoma 'decadente' o algo enfermo. Hombres de floreciente salud física, o de indudable entereza psíquica y de gran fuerza intelectual han tenido esta predisposición -tan a menudo como los débiles e inestables la tuvieron. Hay homosexuales de poco valor, medio y gran valor- exactamente como hay heterosexuales de poco valor, medio y gran valor. Pertenecer, no a la regla, a la ' norma', sino a la excepción, a la minoría, a una variedad, no es ni degenerativo ni un síntoma patológico. Tampoco ser pelirrojo es decadente o enfermo. Si es verdad que los porcentajes de los sobre- excitables son más altos entre homosexuales que entre heterosexuales, los porcentajes de los psíquicamente débiles, los excéntricos, los desequilibrados, los hipersensibles etc., entonces uno debe culpar no a la disposición, sino más bien a la difícil situación de esta gente. El que vive constantemente bajo el peso de ideas y leyes que señalan su inclinación particular como inferior, debe ser de insólita y robusta naturaleza para poder retener todo su valor en todo sentido. Sí el peso terrible del desprecio y de la persecución que los oprime fuera eliminado así en el mismo grado desaparecería cualquier desorden nervioso. Y el valor creativo de sus seres, especialmente el valor pedagógico, del cual Platón escribió, sería alcanzado. Los homosexuales necesitan construirse en la cultura social general, asignarse un lugar en la sociedad en el cual puedan ser productivos. Grecia, sobre todo Esparta, supo esto y entendió a través de este conocimiento cómo sacar conclusiones prácticas.

 

Pero antes de asignar a la homosexualidad este papel extraordinario y positivo en el Estado, que responda a la inclinación particular y al mismo tiempo sirva al Estado, es necesario completar las acciones libertadoras y humanizadoras que se relacionan con los mas burdos asuntos: que la proscripción pública bajo la cual sufren los homosexuales sea abolida en todas las naciones. Muy ciertamente no es sólo un asunto del Código Penal, pero el Código Penal debe ser modificado primero.

 

Inglaterra (uno recuerda la tragedia de Oscar Wilde), los Estados Unidos junto con Argentina y Chile, Alemania y Austria, varios estados escandinavos, del Este y los Balkanes, y también el Cantón Alemán en Suiza todavía castigan actos homosexuales concretados entre adultos absolutamente competentes con una comprensión de libre y mutuo consentimiento (sólo las mujeres homosexuales son más privilegiadas). Realmente, estos países amenazan con la perspectiva de largos años de cárcel. El Código Penal alemán provee duras penas de hasta 10 años de cárcel.

 

Y no son las sociedades de estas naciones las que sacan provecho de esta situación sino la banda de extorsionistas. Miles de existencias valiosas se quiebran. Francia -a pesar del Sr. Barbusse- y con Francia la gran mayoría de los países latinos no conoce ya el castigo; tampoco las tierras Islámicas, tampoco China y Japón lo conocen; y la Unión Soviética, como se ha mencionado, también lo ha eliminado, (verdad en 1928, pero no por largo tiempo). (M.P.)

 

Queda claro que la conducta socialmente dañosa en la esfera del amor homosexual debe ser castigada en el mismo grado que la conducta socialmente dañosa en la esfera del amor heterosexual; que la libre autodeterminación sexual de adultos y la inexperiencia de la juventud sexualmente inmadura debe ser protegida por códigos criminales, que el mal uso de dependencias económicas u oficiales para fines lascivos debe ser prohibido, como así también las ofensas en calles públicas y lugares -con absoluta paridad entre actos heterosexuales y homosexuales. Miente quien afirma que la liberación de los homosexuales sería una 'carta blanca' para orgías incontrolables y peligrosas, o que responder a los intereses de los ‘anormales' sería descuidar los intereses de la sociedad. Los intereses de la sociedad están primero; pero yo me pregunto si los intereses de la sociedad reclaman que seres humanos, simplemente porque su gusto en amor difiere del de la mayoría, y por cuyos actos nadie se perjudica, deben ser puestos en prisión, deshonrados, y destruidos socialmente. Me pregunto si se sirve al interés de la sociedad cuando una ley con duras penas fuerza a una minoría de sus miembros a toda una vida de abstinencia sexual o a la masturbación (se pone a los convictos a cadena perpetua en esta situación) -una minoría, nótese bien, que, cuando sigue su propia naturaleza, no causa el más mínimo daño. Que la violación de menores y el asesinato por causes sexuales deben ser protegidos, no viene al caso definitivamente en este discurso.

 

Mojigatería, junto con distorsiones, ideas contradictorias acerca de los modos en que los homosexuales hacen el amor, impiden una discusión general y Pública sobre el problema -especialmente en la naciones más interesada. Y aún más que mojigatería: la torpeza, la falta personal de interés en las masas y en los intelectuales. Se debe tener en gran medida un sentido de justicia y sacrificio para asumir la lucha contra la injusticia de una minoría perseguida a la cual no se pertenece. Pero afortunadamente, hay todavía un número significativo de seres humanos que se distinguen por semejante equidad. Esta gente comprende que es esta época, en la que el interés por las minorías nacionales es tan agudo y activo, debe trabajar junta para proteger a una minoría que -seguramente- no tiene nacionalidad, pero que puede ser encontrada en todos los países, y que es tan digna de protección, no habiendo país en el mundo en el cual sean mayoría y con la que, como otras minorías nacionales, se puedan identificar. Los derechos internacionales para las minorías, que toman forma lentamente, deben poner bajo su protección no sólo a las minorías nacionales, raciales y religiosas, sino también a las minorías sexuales, psicobiológicas, hasta tanto sean inofensivas; y si el Segundo Congreso Internacional para la reforma Sexual hablara francamente por estas ideas, sería este un acto valeroso de razón ética. **

 

 

NOTAS:

 

* El presente artículo fue cedido por la revista AZU el hombre infinito a NoticiasLiterarias.com

** Este artículo fue traducido del alemán por LA MARIPOSA ROJA y del inglés por REVOLUCIÓN HOMOSEXUAL DEL TERCER MUNDO de RADIOAK-TIVA, por Kurt Hiller-Wiesbaden: Limes Verlag, 1966 págs 72-77 y reeditado por la revista AZU el hombre infinito, No 7 - New York - winter 1972.

1) El discurso fue  leído por el presidente del Congreso, Magnus Hirachfeld.

2) Las viejas leyes anti-homosexuales zaristas fueron borradas de los libros por Lenin en 1917. Sin embargo, coincidiendo con el curso retrogrado general de la política soviética, estas  leyes  fueron puestas en efectividad nuevamente en 1934 por Stalin.

  

 

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