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  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

Octubre 26 - 2006   

 

 

  ARTÍCULOS LITERARIOS

Othon Alberto  Dacunha recuerda al astro brasileño

 

Cuando Garrincha enloqueció a Barranquilla

 

 

Garrincha

El mundialista brasileño Manoel Francisco Dos Santos, conocido como  Garrincha, jugó un solo partido con el Júnior en 1968. Su compatriota Othon Alberto Dacunha rememora hoy episodios de su paso por Barranquilla, Colombia, y, especialmente, el día que lo vio jugar en el estadio Romelio Martínez.

 

Por Jorge Luis Peñaloza  O.

 

Son las  3:40 de la tarde del 25 de agosto de 1968. El escenario es el mítico estadio de fútbol Romelio Martínez, el de la calle 72 de la caribeña ciudad de Barranquilla. Ahí, junto a la raya, en todo el centro del campo, uno de los 22 jugadores, regordete y de piernas corvadas, espera el pitazo del árbitro Omar Delgado.

 

El hombre con el número 7 a sus espaldas, tan famoso en el mundo como el Papa Paulo VI, inicia el juego y se hace  enseguida por la punta derecha, en ese corredor donde se ha hecho temible y escurridizo con su endemoniado dribling  que termina casi siempre con una frenada brusca, que deja a su marcador totalmente ido, ridiculizado al extremo.

 

Así comienza el vuelo de un ´pájaro  feo’ llamado Garrincha, pero nacido como Manoel Francisco Dos Santos,  en Pau Grande, cerca a Río de Janeiro, Brasil, un 28 de octubre de 1933.

 

En un extremo del estadio,  sentado en una vieja banca de madera, embelesado está el otro 7, un mozalbete brasileño nacido un 19 de septiembre de 1941 en Río de Janeiro, de cejas tupidas y con un corte al estilo militar que remata con un abultado y alargado copete. Su nombre es Othon Alberto Dacunha Nogueira.

 

Al lado de Dacunha,  el técnico  Luis Alberto Miloc, un viejo zorro del fútbol venido del  Uruguay, lleva su mano derecha al hombro del brasileño, quien sonríe y sigue deleitándose con su ídolo y paisano que ya a los cinco minutos del encuentro ha dado la primera muestra de su genialidad.

 

Es el partidazo del año y ni el Papa  Paulo VI,  a punto de llegar a Colombia, distrae  a la prensa con el espectáculo deportivo. El equipo consentido de Bogotá, el Santa fe de  Heriberto Solís, Walberto Maya, Waltinho, Cañón, Klinger, Maravilla Gamboa, Prieto, entre otros, está en la gramilla del Romelio frente a un increíble Junior lleno de estrellas: Mario Thull, Segovia, Segrera, Nelson Díaz, Peña, Serrano, Moreno, Ayrton, Osvaldo Pérez,  Texeira Lima y  Garrincha por la punta derecha. ¡Qué tal!

 

El sol de este día de agosto es limpio y brillante, lo que aprovechan unas 23 mil almas apretujadas desde las primeras horas de la mañana en el coliseo de la 72 de esta ciudad del Caribe colombiano. En donde se baila, se grita y se confunden todos, no importa si vienen de barrios de estratos bajos como Rebolo y Santuario,  o altos como Paraíso o Ciudad Jardín.

 

Garrincha ensaya uno de sus primeros centros después de dejar regado a dos contrarios. Su paisano Ayrton se eleva y más adelante el argentino Osvaldo Pérez hace lo mismo. El público se levanta y la estructura de madera y cemento se estremece. En las afueras del Romelio y en todos los rincones de la ciudad, los miles de fanáticos que no pudieron ingresar se lamentan con una mano, mientras que con la otra pegan el radio transistor a su oreja. Pero lo que importa es que  en el rectángulo de la 72 está el mismísimo Garrincha, el del Botafogo, Corinthias y Flamengo; el compañero de Pelé, Didí, Vavá y Zagalo, el amante, esposo y marido de la idolatrada Elsa Soarez. Y su camiseta ahora  es de rojo ardoroso y blanco espumoso, del  Junior, el Junior del alma.

 

 

“Solo quería verlo jugar”

 

Dacunha mira al ´Marciano´ Miloc, quien aún le tiene puesta la mano en el hombro, y sonríe hacía sus adentros. Está absorto, aún perplejo viendo a Garrincha, aunque pesado, ‘aletear’ por esa punta que también es de él, con el mismo número de él y con la camiseta que lleva en sus entrañas desde hace dos años, en una tierra donde ya es ídolo y reconocido por su copete, su veloz carrera, el dribling y buen dominio de pelota, y el gran caballero que es dentro y fuera de la cancha.

 

En los días previos al encuentro, Dacunha había conversado con Miloc y ya intuía que podía ser uno de los sacrificados. Pero no le molestaba la idea, lo que deseaba en realidad era ver jugar a su ídolo Garrincha. Deleitarse, escudriñar sus gambetas, ver cuadro a cuadro -como en una película en cámara lenta- la veloz carrera y su increíble freno que ya lo había hecho famoso en los mundiales de Suecia 1958, Chile 1962 e Inglaterra 1966.

 

Días antes de la llegada de Garrincha a Barranquilla, Dacunha ya había sentido como la fiebre de los barranquilleros por el crack brasilero se había tomado todos los rincones de la ciudad. En la esquina del Mocho Murillo, en Los Almendros, en inmediaciones del Tía, en la Cien, en el Paseo Bolívar, en la 72;  sólo se hablaba de Garrincha … y de Elsa Soarez.

 

A las 7:55 de la noche del 19 de agosto de 1968 Manuel Dos Santos Garrincha llega al viejo aeropuerto de Soledad, un municipio aledaño a Barranquilla. Regordete y de buen ánimo la estrella brasilera dijo que venía a quedarse con el Junior hasta noviembre de ese año, y solo esperaba que su amada Elsa, siempre Elsa, llegara a acompañarlo en los próximos días. “Elsa es parte de mi vida e interviene en todas mis decisiones”, le dijo entonces a la prensa que lo siguió en caravana hasta el Hotel Majestic.

 

Esa noche, por lo menos tres mil barranquilleros lo aclamaron a él, pero también alabaron el empeño puesto por dirigentes de la talla de Arturo Fernández Renowitzky, Alberto Mario Pumarejo, Guillermo Marín, Guy De Castro y Eduardo Osío, quienes fueron a recibirlo al aeropuerto soledeño.

 

Garrincha no tuvo tiempo para descansar. Al día siguiente en la mañana hizo su presentación. “Durante los entrenamientos de la semana en el Estadio Municipal, las gradas estaban siempre repletas de un público deseoso de ver de cerca a aquella fulgurante estrella mundialista que había llegado al Junior…”, narra el periodista barranquillero Ahmed Aguirre en su bien documentado libro Junior, una Historia de Diamantes.

 

Durante la semana de entrenamientos, la prensa hablaba sobre la incertidumbre que existía sobre la posibilidad de que el mundialista brasileño pudiera jugar ese domingo 25 de agosto ante el  equipo capitalino Santa Fé.

 

El jueves 22 de agosto llega a Bogotá el Papa Paulo VI, quien es recibido por el Presidente de la República, Carlos Lleras Restrepo. Es la primera vez que un Sumo Pontífice visita tierra latinoamericana. La prensa capitalina se vuelca a cubrir este trascendental hecho, y en Barranquilla y la Costa Caribe los medios impresos llenan sus primeras páginas con grandes fotos de tan ilustre personaje. En medio de todo, la expectativa por el debut de Garrincha seguía siendo el plato fuerte.

 

Garrincha es asediado por numerosos aficionados y por la prensa en la piscina del Majestic. Junto a Dacunha, Ayrton, Texeira Lima y Osvaldo Pérez, pasa horas descansando,  habituándose al incansable público  y  a la tenaz prensa local.

 

“Por ahora no pienso regresar a Brasil, me han tratado muy mal”, dijo entonces al periódico local  El Heraldo. Garrincha se refería a su enemistad con la prensa de su país que no le perdonaba el hecho de haber dejado a su primera esposa y a sus siete hijas, para irse a vivir  con la famosa cantante Elsa Soarez, conocida también como la Reina de la Samba.

 

Pero la prensa barranquillera no se quedaba atrás y todos los días procuraba informar lo que sucedía día a día con Garrincha y con Elsa Soarez. Ante tanto asedio,  Mané aceptó en más de una ocasión la invitación que le hiciera Othon Dacunha a su casa, situada en el barrio Ciudad Jardín, al norte de Barranquilla. Ya Othon iniciaba su vida en familia en su nueva tierra.

 

“Hablábamos de todo, yo lo invité para que se adaptara mejor, para que conociera la ciudad y su gente  alegre y espontánea”, dice Dacunha.

 

Pero como sucede en Barranquilla, a Garrincha lo conocían y lo llamaban mejor por  ‘Mañe’ que por ‘Mané’.

 

“Salíamos a la calle y la gente nos acompañaba, nos seguía a todas partes y a Garrincha le decían muy espontáneamente: ‘¡Aja!, Mañe, ¿vas a jugar el domingo?’”, dice hoy Dacunha. Pero de lo que también alcanzaron a hablar y de lo que todos los días preguntaba la prensa era de Elsa,  de Elsa Soarez.

 

“Elsa viene en los próximos días, creo que se va a presentar aquí en Barranquilla”, le dijo Garrincha a Dacunha, a la prensa, y a todos quienes preguntaban por su amada y ya famosa cantante de voz ronca (que recordaba a las cantantes de blues) y de sutil sentido del ritmo y de la improvisación.

 

Garrincha había encontrado en Elsa no solamente la pasión y el embrujo del amor, sino también la posibilidad de concebir un hijo varón,  lo que siempre había anhelado, pese a su amor de padre que sentía por sus siete hijas del primer matrimonio. Dacunha  recuerda que en más de una ocasión tocaron ese tema, cuando departían en la terraza de su casa en las  tardes soleadas de agosto y septiembre de 1968 en Barranquilla. 

 

“Era un hombre normal, muy sencillo, con las preocupaciones de cualquier profesional del fútbol por querer brindar un buen espectáculo, que pensaba mucho en sus hijos y, por supuesto, en  Elsa”, narra Dacunha.

 

“Garrinchazo del Santafé”

 

El   Estadio Romelio Martínez  es un hervidero, al igual que la 72 y  todos los rincones de la ciudad, donde llega la transmisión radial de este esperado debut de Garrincha.

 

Dacunha, todavía sentado junto a Miloc, advierte que la faena no será tan fácil para Garrincha, quien ya había confesado a los periodistas haber llegado con 25 días sin haber tocado una pelota y de tener cuatro kilos por encima de su peso normal,  es decir 76 kilos. El sol está muy brillante y es una tarde hermosa, caliente, de gente que se ve alegre y gozando.

 

Pero Dacunha no se siente extraño en este ambiente, por el contrario recuerda sus inicios como futbolista en las calles de Vila da Penha, un barrio popular de Río de Janeiro, donde nació y se crió junto a sus hermanos, entre ellos  Jorge, quien también jugaría en el Júnior en  esa época,  y que todos recuerdan como ‘Pasarinho’.

 

El partido va por los primeros minutos y a Garrincha le cuesta, pese a que ya ha enviado los primeros pelotazos a Ayrton y a Osvaldo Pérez. Dacunha sabe que es cuestión de minutos o de partidos mientras ´Mañe´, como le gritan a Garrincha  desde las tribunas,  toma el ritmo. Y es que en su natal Pau Grande, ahí cerquita de Río de Janeiro, se vive con el mismo calor y la gente es muy parecida a la de Barranquilla. 

 

Sí, Pau Grande, donde  Mané se pasaba tardes enteras cazando pájaros y jugando fútbol en las improvisadas canchas de arena, donde nació el nombre que después fue un mito: Garrincha. Mané contaba apenas con cuatro años de edad cuando se le presentó a su hermana Rosa con un pájaro en sus manos. “Es igualito a ti, es un garrincha”, le dijo su hermana, tal como lo narró el escritor Álvaro Cepeda Samudio en su célebre reportaje de la época, convertido hoy en un clásico del periodismo colombiano.

 

Y el Junior de Garrincha  anota primero por intermedio de la estrella brasileña Eduardo  Texeira Lima a los 15 minutos del primer tiempo. El estadio se quiere caer. Garrincha se pega a la raya y sigue disparando centros. En una veloz carrera, deja a su marcador Prieto y  de pronto se ve de frente con los reporteros gráficos apostados al lado del arco del espigado arquero  Heriberto Solís.

 

Pero “Maravilla” Gamboa empata el partido al rato con un soberbio disparo. Garrincha sigue en el corredor derecho, y pareciera que Ayrton y Osvaldo Pérez no se comprendieran. Walberto Maya del Santa fe, se hace impasable. En el segundo tiempo, el maestro Alfonso Cañón no desaprovecha una oportunidad de la recia defensa juniorista y  apenas iniciando el período hace el segundo gol santafereño.

 

El estadio enmudece por unos segundos que parecen eternos, pero al rato regresa el son de los tambores y la alegría de los aficionados gritando en coro ¡Garrincha! ¡Garrincha! ¡Garrincha!. Y, ¡Mañe! ¡Mañe! ¡Mañe!,  por supuesto.

 

Dacunha sabe que Garrincha está haciendo su mejor esfuerzo, pero también sabe que el crack brasilero a sus 33 años todavía no está listo. Aún luce pesado, pese a su buen dominio de balón. Él lo conoce bien, y no es la primera vez que lo ve jugar. Años atrás, cuando Dacunha alineaba con el Flamengo lo enfrentó en más de una oportunidad. Entonces, Mané jugaba para el Corinthias, y venía de dejar a su amado Botafogo.  

 

Garrincha toma un nuevo aire y se le ve con más ganas. El Junior se le va encima al Santa fe y Ayrton, después de una serie de combinaciones y pases, bate a Solís y empata el partido  minuto y medio después del gol de Cañón. El Romelio estalla, se estremece,  y Barranquilla sigue paralizada.

 

Dacunha observa como peligrosamente el Junior se va encima de Santa fe. Arriba es posible ver al gran Hermenegildo Segrera y al mundialista uruguayo Nelson Díaz, ambos defensas,  tratando de cabecear todos los centros y los tiros de esquina.

 

Por momentos, Garrincha se ve aislado y cansado, pero sigue siendo un gran peligro para la defensa santafereña cada vez que toma la pelota con  sus guayos 39. Santa fe se repliega por momentos, pero se hace peligroso con las descolgadas de Klinger y los centros de Maravilla Gamboa.

 

Cae la tarde en la 72, y en el Romelio de Barranquilla se viven las postrimerías de este clásico del fútbol colombiano. Los ojos de los miles de hinchas siguen puestos y esperanzados en Garrincha. Dacunha sabe que es muy improbable que suceda algo arriba, al ver tan bien parada la defensa santafereña.

 

Y a los 29 minutos, luego de una veloz arremetida santafereña, de nuevo el extraordinario Alfonso Cañón, el maestrico, empalma un zapatazo y vence a Thull. No hay nada que hacer,  Junior 2  Santa fe 3.

 

Con ese resultado termina el partido, pero como ya era  tradición el  público barranquillero espera a sus jugadores a la salida del Romelio y los aplaude, mientras sigue coreando el nombre de Garrincha, tal como si Junior hubiese ganado.

 

No había tristezas, al contrario, el público barranquillero salió a la 72 para  ver y tocar a su nuevo ídolo: Garrincha, a quien terminaron acompañándolo al hotel Majestic. Dacunha rememora hoy como disfrutaba  de esa increíble alegría y calor ñero, que ya había conocido en otras tardes gloriosas en el Romelio.

 

“Para nosotros era de gran satisfacción y alegría que la afición nos cuidara y nos acompañara hasta el hotel, e incluso hasta a nuestras casas cuando terminábamos un partido”, cuenta el hoy reconocido y exitoso técnico de las divisiones menores del Junior, quien  conformó una de las delanteras más temibles y encumbradas del fútbol colombiano al lado de  Dida,  Rada y Quarentinha a mediados de la década del 60.

 

Al día siguiente del partido, el diario capitalino El Espectador se acordó de aquella tarde trágica para el fútbol carioca cuando la selección de Uruguay le ganó a su similar de Brasil,  dando origen al inolvidable Maracanazo. En esta oportunidad el título fue: “Garrinchazo del Santa fe”.

 

 

Se va Garrincha

 

Los comentarios de la semana fueron que Garrincha no había dado todo lo que tenía, que no debieron ponerlo a jugar tan pronto y que era necesario hacerlo bajar de peso y darle más tiempo y partidos de fútbol.

 

Garrincha lo reconoció y anunció entonces que entraba en concentración. Que estaba feliz de estar en Barranquilla, pese al calor de la época, y que ya se estaba amoldando a la alegría y el fervor de la gente. Además,  que ya entendía cuando le llamaban por ´Mañe´.

 

Dacunha continuaba sirviendo de anfitrión al afamado jugador, y de Barranquilla salían noticias para el resto del país y para el mundo sobre todo lo que hacía Mané. A donde iba, donde lo veían y sobre su próximo partido. El Júnior viaja a Cúcuta pero sin Garrincha. Después fue anunciado para el clásico costeño frente al Unión Magdalena, pero la estrella brasilera no estaba lista.

 

Desde Río de Janeiro llegaron los primeros rumores. Elsa, la hermosa mestiza de 30 años,  no viene a Barranquilla, por el contrario su amado Mané se regresa al Brasil.

 

Garrincha, a quien le pagaban 600 dólares por partido jugado como se lo contó a Cepeda Samudio, se muestra intranquilo, y anuncia que un equipo norteamericano está interesado en él y por ello debe viajar a Río de Janeiro para recoger a Elsa y seguir inmediatamente a Nueva York. “Si no hay nada concreto me devuelvo a Barranquilla, donde me han tratado muy bien y en donde hay un gran equipo”, dijo a El Heraldo en los primeros días de septiembre de 1968.

 

Pero en Barranquilla, la prensa y quienes le conocían señalaban que era por Elsa que se iba, que sin ella era difícil que Mané pasara las noches solitarias en una habitación del Majestic. En la tarde del miércoles 11 de septiembre de 1968, Garrincha tomó un avión de Avianca  que lo llevó a Bogotá y de allí a Río de Janeiro, donde le esperaba Elsa, a quien no veía desde el pasado 19 de agosto del mismo año.

 

En Barranquilla aún existía la esperanza de que regresara, que se pusiera  nuevamente la camiseta rojiblanca, y que con Dacunha de volante, Ayrton, Osvaldo Pérez y Texeira Lima, Garrincha, uno de los más grandes futbolistas de todos los tiempos, continuara escribiendo la historia que apenas teñía las primeras páginas de su vida en el amado Junior de Barranquilla, el Junior del alma.

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