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  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

Agosto 22 - 2006   

 

 

  ARTÍCULOS LITERARIOS

Emilio Salgari, el padre de Sandokán*

 

 

Emilo Salgari

Hoy 21 de agosto (algunos biógrafos inseguros dicen que fue el 22) se cumple otro año del nacimiento de Emilio Salgari, uno de los autores más leídos de todos los tiempos. Generalmente ignorado por los sectores literarios mas 'cultos', no son pocos los fanáticos de los llamados subgéneros que lo reivindican (un montón de escritores entre ellos) como una de las influencias clave en la cultura popular de los últimos noventa años. Su estilo directo, intenso y fuertemente expresivo, marcó en gran medida el lenguaje de medios como el cine, la novela de acción, el policial y muy especialmente, el estilo eminentemente visual del comic.

 

Si la importancia de un artista puede medirse en el impacto de su obra a lo largo del tiempo, especialmente dentro del gusto del público, entonces es claro que Emilio Salgari es un escritor importante. No es menos claro que ese criterio nunca fue relevante para él, cuyo interés casi exclusivo fue ganarse la vida escribiendo sobre cosas que conocía bien. Si esa fue su meta, a la postre también terminaría siendo su utopía ya que, pese a haber sido leído por millones de personas, nunca logró una vida cómoda para sí y para los suyos. Salgari fue, en sus propias palabras, un "galeote de la pluma".

 

Una de las primeras sorpresas que se presentan al acometer la tarea de escribir sobre Emilio Salgari es la ausencia casi total de información sobre su vida y obra en los ámbitos habituales para cualquier lector. Después de rastrear exhaustivamente la Web, las páginas que aparecen pertenecen a: 1) Un ensayo de Fernando Santillo Barrio y los datos de una escuela italiana que lleva el nombre del popular escritor, 2) una editorial que puso a la venta una biografía (disponible sólo en Italia y por supuesto en italiano), 3) algunas entrevistas en donde escritores de distintos pelajes y colores recuerdan haberse iniciado en la lectura con una novela del italiano, y, finalmente, 4) una no muy confiable bibliografía de la obra de Salgari en donde se desglosan sus libros "auténticos" de los "falsos". El resto de las páginas que el buscador despliega no contiene sino menciones laterales al autor.

 

Recurriendo a la Biblioteca Nacional el problema es más o menos el mismo. Salvo por la información contenida en un par de vetustas enciclopedias, en donde las fechas de nacimiento de Salgari no coinciden y en donde aparece un breve comentario que señala la escasa calidad de la obra literaria del veronés, el resultado es poco menos que cero.

 

Tomando en cuenta el impacto de los libros de Salgari en las varias generaciones transcurridas desde que los escribiera (en las se cuentan decenas de escritores que señalan alguna de sus novelas como una de sus primeras e influyentes lecturas), resulta como mínimo llamativo que no haya en el medio información de fácil acceso sobre su vida y obra. De trágico y cruel final, la vida de Salgari es aún hoy una contradicción y en buena medida un enigma que no ha sido objeto de análisis de sus muchos seguidores y críticos.

 

Mientras en Colombia muchos autores de la generación nacida en la primera década de siglo XX sostienen haber leído con fascinación, en su infancia y juventud, las obras de Salgari,  los rasgos del padre literario de Sandokán resultan ausentes en los escritores de las siguientes descendencias y aunque hoy mismo existen concursos sobre su obra, resulta casi imposible hallar literatura crítica sobre uno de los autores más leídos de todos los tiempos.

 

La permanencia

 

Usualmente calificado como literatura para niños y/o adolescentes, Emilio Salgari es el responsable de varios de los mejores relatos de aventuras jamás escritos. Con su estilo narrativo, que combinaba veloces argumentos con personajes honorables y audaces, fuertemente impregnados por las ideas positivistas de la época, dio vida a uno de los héroes más formidables de todos los tiempos, Sandokán, el Tigre de la Malasia. Contrariamente al destino que el propio Salgari presagiaba para su obra, sus libros no han sido olvidados.

 

"Nací el 21 de agosto de 1863 en Verona, Italia" afirma Salgari en su autobiografía, dato que es desmentido por la Enciclopedia Espasa Calpe de 1926 que asegura que el escritor habría nacido un año antes, un error que se repite en varias de las breves biografías que sobre el autor pueden encontrarse en la Web.

 

Algo similar ocurre con la información que habitualmente aparece sobre su vida: mientras todas las reseñas de sus libros aseguran que el veronés nunca salió de Italia y que construyó su universo de aventuras con base en las lecturas de los viajes que se llevaron a cabo durante la segunda mitad del siglo XIX, el propio Salgari asegura en su autobiografía que entre los 18 y los 23 años no hizo otra cosa que viajar como capitán de distintos barcos por el Pacifico y que, de hecho, sus personajes más famosos están basados en personas reales que conoció durante esos años. Más todavía, en su versión de los hechos, el portugués Yáñez, compañero inseparable de Sandokán, no sería otro que el propio Emilio Salgari en su versión novelada.

 

Más allá de la posible controversia sobre las fuentes de sus libros (controversia que se extiende a los libros mismos ya que se supone que varios de los que llevan su firma no fueron escritos por él sino por imitadores) el hecho es que la riqueza expresiva de los textos de Salgari ha superado el paso del tiempo y todavía hoy continua impactando la retina de muchos lectores. ¿Por qué un escritor que no tuvo mas pretensión que, según sus propias palabras, trasladar al papel lo que le había ocurrido en la vida y, eventualmente, ganarse la vida con ello, logra trascender su propia época no precisamente por los elogios de la critica sino por haber permanecido en el gusto de los lectores?

 

De la misma forma que, algunos años mas tarde, lo haría Dashiell Hammett en la novela policial, Salgari construyó un universo propio, con personajes que llevaban con firmeza la acción, siempre siguiendo arquetipos morales (el bien, el mal, la codicia, la generosidad, el honor), paradigmas que, pese a la distancia que puede existir con un hoy mucho mas ambiguo, en absoluto han perdido su vigencia.

 

O quizá se deba a que, como señala el periodista español Eduardo Mendicutti a propósito de una reciente reedición de la novela Los cazadores de focas de la Bahía de Baffin, las historias del escritor veronés "las protagonizan piratas, cazadores, balleneros o cowboys que siempre son, según el papel que les corresponda, arrojados, valientes, feroces, fornidos, leales o implacables, pero que siempre tienen con la naturaleza una relación noble y generosa. De ahí que Salgari, hoy, no sea sólo un autor capaz de rejuvenecernos, sino capaz de rejuvenecer el mundo".

 

La vida real

 

Después de una infancia habitual para el hijo de una familia acomodada de la clase media veronesa, Salgari descubrió en su adolescencia el indomable deseo de vivir aventuras. Muy lejos del futuro que para el tenían planeado sus padres, el joven Emilio decidió estudiar para capitán de barco con el fin de así vivir aventuras en el mar.

 

Rápidamente cursados, los estudios marinos le abrieron las puertas a un empleo como segundo de a bordo de un barco que hacía la ruta del Adriático. Bajo el mando del capitán Valak, borracho y pendenciero, Salgari viviría sus primeras experiencias a bordo, obviamente muy lejanas a las aventuras que su exultante carácter y su poblada imaginación demandaban. A nombre de la goleta Italia Una, el futuro escritor sería testigo de una trágica historia amorosa entre uno de los marineros y su prometida, por lo que, de alguna forma, ya en ese viaje inaugural Salgari encontraría los elementos que años después poblarán su obra: el honor y las lealtades en primer lugar, siempre por delante de los mezquinos intereses personales.

 

Después de un par de tormentas terribles y algunos peligros corridos como resultado de la desmedida ambición del capitán del barco, Salgari hace una pequeña escala en su hogar materno, sólo para continuar su viaje algunos meses después, enrolándose otra vez como segundo de a bordo en un velero de tres palos comandado por otro capitán difícil y violento. Después de severas discusiones con su jefe, Salgari es despedido en Bombay en donde un misterioso personaje, con quien se cruza en una taberna, le ofrece empleo. En el momento de abandonar ese lugar, Salgari se percata de que su empleador esta siendo seguido, por lo que, habiéndolo puesto sobre aviso, ambos la emprenden a golpes con sus perseguidores. Al decidir aceptar el empleo que le es ofrecido, Salgari da comienzo a la aventura más grande de su vida.

 

Rumbo a Mompracem

 

"Cuando una potencia europea quiere apoderarse de un territorio dominado por un, así llamado, soberano bárbaro, comienza por declarar que es de urgente necesidad civilizar aquel territorio", comenta Salgari a la hora de justificar su unión a las fuerzas de un hombre que marcaría su vida y su obra literaria en forma radical. Porque Sandokán no es imaginario, al menos no enteramente, y muchas de las anécdotas que son narradas en las novelas de Salgari están basadas en sucesos reales. Al menos eso es lo que asegura el novelista en sus memorias, publicadas por la desaparecida editorial catalana Maucci.

 

Después de abandonar Bombay, Salgari se une a la flota de un rajá que ha sido desposeído de sus propiedades por Inglaterra. Los motivos por los cuales Salgari acepta convertirse en capitán de un barco que Occidente calificaría de pirata son varios: en primer término, la sed de aventuras y riesgos que movía al futuro novelista desde niño; en segundo, un frustrado amor por una jovencita inglesa que lo había llevado a odiar Inglaterra con toda su alma, y en tercer lugar, la justicia de la causa que defendería. A pesar del aire occidentalista que impregna a sus héroes y heroínas, no es menos cierto que las potencias coloniales, especialmente Inglaterra, son mostradas en los libros de Salgari como ávidas y crueles aves de rapiña que saquean el lugar en donde se hayan posado.

 

Cuando Salgari entra en contacto con el rajá que en sus libros se llamará Sandokán queda de inmediato impresionado por el aura de convicción que ese hombre despide, por lo que sus dudas sobre su papel como capitán en la flota del "Tigre de Mompracem" quedan atrás y comienza una serie de viajes destinados a obtener metales destinados a la fabricación de armas que dispararán contra las tropas británicas.

 

En medio de esas aventuras, que son narradas por Salgari como una más de sus novelas, conoce a Eva, una valiente joven inglesa de quien queda enamorado al instante, siendo, esta vez sí, correspondido su afecto. Trágicamente, la joven muere víctima de una fiebre tropical y otro tanto ocurre con el joven marino portugués, Campoamor, que se les había unido poco tiempo antes. No es difícil ver quiénes serán ellos en la ficción: Campoamor es parte del Yañez de Salgari, que se completa con el propio escritor y sus correrías en Malasia; la joven Eva no será otra que la Mariana de quien Sandokán quedará para siempre enamorado.

 

Una brutal tormenta termina con el barco de Salgari y junto a su contramaestre, que en la ficción se llamará Tremal-Naik, y algunos "tigres" sobrevivientes, consiguen llegar a una isla, solo para ser diezmados por las tropas inglesas y holandesas. Salgari logra escapar a duras penas, casi muerto de hambre y debilitado por la fiebre, logrando llegar a la costa en donde es recogido por el barco María, comandado por el capitán Pierre. En ese barco es donde Salgari pasará sus siguientes dos años, en los que no le sucedió "ninguna aventura digna de mención".

 

Para ese entonces, las fiebres tropicales habían minado la salud del futuro novelista hasta el punto que su sed de aventuras casi había desaparecido. En el puerto de Marsella, Salgari se despide del capitán Pierre y regresa a Italia.

 

El escritor

 

Apenas llegado a su país natal, Salgari comienza a considerar la posibilidad de dedicarse a escribir. Sus motivos, tal como cuando se unió al rajá en sus actos de piratería, son varios.

 

En primer término, Salgari escribió "para dar desahogo al tumulto de impresiones que había coleccionado" durante su "vida peligrosa", como él mismo la llama. Poco a poco, esa "necesidad moral" da paso a la "necesidad material, "en la triste necesidad material de cambiar pan por páginas escritas" diría en sus memorias. En todo momento Salgari tuvo claro que sus correrías por el Pacífico no serían vistas con buenos ojos en Verona, donde sin duda alguna sería consideradas simples actos de piratería y no una campaña por la liberación de Borneo de manos invasoras. Por eso la versión que el futuro escritor cuenta a sus familiares y amigos de los acontecimientos en los que se ha visto involucrado es necesariamente edulcorada. Es en la ficción en donde Salgari podrá plasmar y multiplicar sus experiencias de riesgo.

 

En segundo lugar, Salgari tenía una profunda antipatía por la llamada literatura juvenil de su época, a la que hallaba "insulsa" y "llena de sentimentalismo" que no hacia sino "debilitar cada vez más a la juventud italiana".

 

Para Salgari, los jóvenes italianos "tenían necesidad de libros que templasen en ellos el sentido viril, que los preparasen para una vida de atrevimiento, el sentimiento de la libertad personal, que les infundieran afición a los viajes, a los riesgos, a las hermosas aventuras". Es escribiendo esos libros en donde Salgari encontraría una "compensación espiritual a aquella implacable necesidad de una vida peligrosa" que todavía lo dominaba.

 

Guiado por este norte Salgari publica su primer libro, Los misterios de la jungla negra, a la vez que ingresa como periodista al diario veronés Arena. Una disputa de bar con otro periodista, este del Adige, diario rival del suyo, termina en un duelo con sable. Salgari saldrá victorioso, dejando una marca indeleble en el rostro de su contendiente, pero debiendo pasar 50 días en la prisión de Peschiera. Por Los misterios de la jungla negra, Salgari recibe la ínfima suma de 50 liras. "¡Comenzaba bien mis negocios editoriales!" apunta sarcástico el escritor en sus memorias.

 

Después de haber participado en un par de trifulcas de taberna que no duda en calificar de "aventuras", en 1891 el escritor conoce a quien será su compañera de amor y futuro infortunio: Aida Peruzzi, quien en ese entonces era una joven actriz de teatro. Después de casarse, el 30 de enero de 1892, la pareja se traslada a Turín, donde Salgari publica su segunda novela, El rey de la montaña.

 

La información sobre las fechas de publicación de los libros de Salgari no es menos confusa que la información sobre su vida: algunas versiones afirman que Los misterios de la Jungla negra se publico en 1896 y no antes, por lo que El rey de la montaña sería aún posterior a esta fecha. Sin embargo, el propio Salgari fija en 1892 la publicación de su segunda novela, sin aportar datos sobre la fecha de aparición de la primera, aunque probablemente haya sido publicada sobre fines de la década del ochenta.

 

Es en Génova donde Salgari obtendrá su primer contrato editorial, el primero de varios que no harían sino sumirlo en la ruina económica y espiritual. Como apunta al comienzo de sus memorias, "heme aquí hoy, después de tantas luchas, después de haber publicado un montón de volúmenes, después de hacer la fortuna de, lo menos, dos editores, heme aquí frente a las más serias necesidades de la vida": a pesar de haber sido tremendamente popular en vida, de haber sido leído por millones de jóvenes y adultos, de haber escrito mas de 80 novelas y 100 cuentos en poco menos de veinte años, Salgari nunca tuvo una vida que se pudiera llamar decorosa, mucho menos acorde con sus virtudes literarias y la abundancia de su producción.

 

El primer contrato editorial obligaba a Salgari a entregar tres novelas cada doce meses, durante varios años, trabajando en exclusiva para esa editorial, cobrando tres mil liras anuales y debiendo someter cada argumento a una revisión previa por parte del editor.

 

Salgari justifica su decisión, que lo obligó a escribir día y noche para ganar esa cifra predeterminada, por el apremio económico que significaba su creciente familia: "El pan, había que ganarse el pan. El editor me lanzó, es verdad, con deslumbradoras cubiertas, pero vendía ejemplar tras ejemplar y yo... yo me atareaba en emborronar cuartillas y cuartillas para ganar lo indispensable para no morir de hambre".

 

Según su hijo Nadir, en cambio, la explicación estaba tanto en el difícil carácter de Salgari, que no admitía ningún comentario o consejo sobre sus contratos editoriales, como en su profundo desprecio por el dinero y la perversa situación que lo obligaba a escribir sin cesar: "el, que había triunfado en las selvas y en el mar, debía sucumbir ante las prosaicas necesidades de la vida civilizada" apunta Nadir Salgari en la breve nota final que acompaña las memorias de su padre.

 

Es llamativo también el hecho de que el padre de Emilio Salgari haya sido un próspero comerciante que llevaba una "vida cómoda", contrastando con un hijo que tenía nula capacidad de comerciar con su propia obra, que despreciaba el dinero y que optó (y finalmente quedó confinado) a vivir una existencia muy lejana a los suaves ritmos burgueses.

 

Los últimos años

 

Entre 1890 y 1910, Salgari escribió unas 80 novelas y un centenar de cuentos. Diversas fuentes (no muy confiables páginas Web, es cierto) aseguran que varios libros firmados por Salgari en realidad fueron escritos por imitadores auspiciados por los propios editores que ansiaban sacar aún mas réditos del éxito literario del veronés.

 

Lo que sí es verdad es que el propio Salgari se imitaba a si mismo con el objeto de publicar bajo un seudónimo y de esa forma eludir la trampa editorial en la que se encontraba y así aportar algunas liras extra a su hogar. Por cierto, estas maniobras también fueron alentadas por los editores de Salgari, quienes sabían que, aún escribiendo novelas de segunda clase, el escritor resultaba muy superior a su corte de imitadores.

 

A pesar de su exuberante personalidad y su inagotable cantera de ideas, la psiquis de Salgari comienza a fallar hasta el punto en que en 1910 intenta suicidarse con una cuchillada en el corazón. Ya desde 1908 sus memorias se reducen a angustiados comentarios aislados, a razón de uno por año, no más, y sus textos e ideas inconclusas comienzan a acumularse en su pequeño estudio de Madonna del Pilone, poblado cercano a Turín.

 

En diciembre de 1910, su amada Aida pierde la razón. Salgari escribe entonces: "he perdido cuanto más tenía de querido, ¡mi Aida! Aquella que todo lo compartió conmigo, aquella que sufrió con mis pesares, mi inspiradora, mi amiga, mi alma... Me siento perder, mi vida declina, ha llegado el fin, ha llegado el fin".

 

El 25 de abril de 1911, el día siguiente a la última anotación en sus memorias, Emilio Salgari sube a las alturas del Val de San Martino y se suicida de una cuchillada en el vientre. Su cuerpo, desgarrado y cubierto de sangre, fue encontrado la tarde de ese mismo día, con el rostro vuelto hacia el cielo.

 

* Publicado originalmente en Insomnia, Nº 63.

 

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