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New York, NY. EE.UU. Año 6 -

Julio 15 / 2006     

 

 

ARTÍCULOS LITERARIOS  

 

 

LA  SACRALIDAD  DEL  OJO  DEL  CULO  EN LA  CULTURA  DEL  MACHO COLOMBIANO

 

-notas marginales aproximativas  de  un simple observador-

 

 

Ramón de la Cruz Arango Pérez

 

La cultura colombiana se ha fundamentado esencialmente en los valores  implantados por el cristianismo o cultura judeo-cristiana predominante  en la denominada Cultura  Occidental.

 

Es así como el hombre y la mujer colombianos ha estructurado su modo  de ser moral con respecto al cuerpo, el cual se considera por parte del  credo cristiano como templo de Dios, por lo que este debe permanecer  en estado de pureza hasta tanto no se autorice su utilización para fines  de la reproducción.

 

Pero este asunto funciona de manera discriminatoria, ya que socialmente  se avala –por circunstancias de latente agresividad – la pureza en la  mujer mas es tolerable – y muchas veces provocada- la impureza  sexual  en el hombre.

 

De manera general esta repartición de roles, esta justificada por  condicionamientos ancestrales en los que la mujer es de la casa y el  hombre de la calle, es decir la mujer guarda la casa mientras el hombre cazador por excelencia sale a guerrear a la calle o al agresivo medio social. De esta manera la sociedad estructura moralmente su sexualidad  en los dos tópicos siguientes:

 

1-LA  VIRGINIDAD VAGINAL  DE  LA  MUJER

 

En la década de los años 50, la antropóloga Virginia Gutiérrez de Pineda  desarrollo la investigación sobre “La Familia y Cultura en Colombia”, donde de manera general, señala el papel de avalador o de  reconocimiento social de la Iglesia con respecto a las uniones  matrimoniales. Este hecho sostenido como tradición revela la ancestral  resolución de garantía de seguridad en la procreación de la prole del  hombre y la delegación de los bienes económicos adquiridos, a través de la virginidad vaginal de la mujer, expuesta de manera implícita en las  ceremonias religiosas.

 

Esto se asimila a la historia de María y el nacimiento de Jesús, en donde  las virtudes de María, lo que explica su exaltación extraordinaria de manera que pueda ser imitada por las mujeres cristianas en edad de merecer, como se dice.

 

Esta valoración de la virginidad de la mujer en el proceso de  procreación, es importante porque se cree que preserva la nobleza y el  buen nombre de las nuevas criaturas, y desde luego, esto establece de  manera tácita la división entre los bien nacidos y los mal nacidos:

-Es que ese es un hijo de puta¡-

 Se oye decir comúnmente para explicar el mal proceder de alguien que actúa deshonestamente. Aspecto que tiene su máxima expresión social en  los partidos de fútbol.

 

Como reflejo del valor de la virginidad de la mujer, y como  reafirmación del macho, es la obra de “Crónica de una muerte  anunciada” del escritor Gabriel  García  Márquez, la que nos muestra de  manera trágica la realidad humana, detrás de esa realidad vulnerada, en  donde el destino de los personajes esta de antemano marcado como   objetos de esa realidad valorativa.

 

Pero evidentemente estos valores han evolucionado, y se expresan de  manera diversa en las diferentes clases sociales. Más sin embargo parece  que el valor de la virginidad se puede constituir en un valor mediático  para el fundamento de una relación duradera basada en la mutua  confianza. Es decir que parece ser que estos valores están latentes dentro  de la sociedad más escogida o tradicional de las clases medias y altas, aunque parezca anacrónico que alguien reclame su existencia.

 

Entonces, la virginidad de la mujer es en líneas generales también paradójicamente un espacio de reafirmación del macho, es decir es el premio a sus esfuerzos en el proceso del logro de los bienes materiales  que le posibilitaran el mantenimiento de la prole.

 

Ahora, la conservación de la virginidad de las mujeres implica ciertos  fenómenos como el mantenimiento tolerante de la prostitución femenina y soterradamente de la prostitución masculina. Ya que el  macho necesita ser entrenado, “hacerse hombre”, y desde luego esto  tiene un desarrollo potencial hacia las clases bajas, lo que se podría  deducir en este orden de ideas que las muchachas de los pobres se  podrían considerar las putas de los ricos.

 

2-LA  SACRALIDAD DEL  OJO  DEL  CULO  DEL  MACHO  COLOMBIANO

 

Este segundo tópico estructural de la sexualidad social, tiene que ver  con el rol de guerrero, del macho, en la relación tradicional de la mujer  en la casa y el hombre en la calle.

 

Pero aunque esta realidad ha sido rebasada por la incorporación de la  mujer a las fuentes de trabajo, no deja de estar latente, ya que se observa  que en las relaciones entre los seres humanos, no deja de  estar implícita  una actitud de agresividad como fundamento de su animalidad masculina, carnívora y depredadora.

 

Esto es lo que se considera como la expresión por excelencia del macho en Colombia, naturaleza que se considera en culturas como la  Hindú  como demoníaca, o  por algunos nuestros que coinciden en definir la  concepción de ese hombre en Colombia como el mismo Satanás, amante  del licor, las  mujeres, las rancheras, la juerga y en general todos los  placeres corporales exceptuando los del ano. Ya que como cazador o guerrero en la lucha social por la supervivencia, debe “guardar la  espalda” de vulnerabilidades.

 

Por este hecho, es que la homosexualidad masculina, aunque  tradicional en la cultura judeo-cristiana, es aceptada como practica del  hombre en la versión de ser penetrador, pero estigmatizada socialmente  en la versión del hombre penetrado. Esto nos evidencia la negación del  ano en el macho como fuente de placer, lo que se ratifica con la  negación social del hombre mayor a los exámenes de la próstata, los que  requieren la apreciación táctil del medico por el recto o ano. Allí descansa  pues todo su concepto de virilidad.

 

Ahora, es particularmente curioso que el macho colombiano considere en general la practica religiosa como cosa de “maricas”, ya que se asocia la  imagen de Cristo clavado en la cruz, con la estigmatización del penetrado:

-a  ese le gusta que lo claven-  se dice como la forma disimulada de decirle a alguien “marica”, aunque haya adoptado la forma de expresión  femenina. Pero es de observar que aunque soterradamente denigre de la posición varonil de los practicantes de la religión, es esta la que busca  para que le de validez social a su relación matrimonial.

 

Todo lo anterior, debe verse dentro de las polaridades socialmente  establecidas de lo masculino y lo femenino, centradas; el primero en la exclusividad masculina del poder de la Iglesia,  y el  segundo  en todo  lo demás, así  aparentemente no lo sea. 

 

De manera general, podemos decir que la sexualidad del hombre y la  mujer colombianos, se estructura a partir de estos dos tópicos valorativos, tendientes a establecer un equilibrio preservador en la moral  social basada en la anulación del placer. -Así se niegue de manera  tendenciosa.-, lo que supone escapes o búsquedas de placer en otros  ámbitos como podría  ser el gusto por la violencia misma.

 

  

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