ARTICULOS LITERARIOS

New York, NY. EE.UU. Año 6 -

Junio 03 / 2006

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Celebramos los 80 años de

Allen Ginsberg (1926-1997)

 

Aullido de un poeta

que nunca fue un Rockefeller sin pantalones

 

     

Nota y versiones

por Esteban Moore

 

Allen Ginsberg fue sin duda una de las personalidades del siglo XX, el poeta que halló el tono definitivo de la poesía norteamericana, un poeta que dejó su marca en la literatura contemporánea.  Es reconocido además  como uno de los padres  espirituales del Flower Power y del  hippismo, movimientos sociales que se extendieron por el mundo entero. Tuvo una participación activa en  los grupos que se opusieron a la guerra en Vietnam, se asoció al Movimiento por los Derechos Civiles y dio su apoyo a  todas las  organizaciones defensoras de la libertad de expresión.  Las minorías étnicas, sexuales y religiosas  hallaron en él  una voz solidaria dispuesta a hacer del compromiso una razón de vida. Fue arrestado en varias ocasiones por encabezar marchas de protesta de toda índole.

Recibió premios, honores, becas, pero también fue una de las fuentes de mayor energía imaginativa de esa comunidad de mentes lúcidas conformada por los beats  y el administrador de lo que muchos en tono burlón bautizaron como la Empresa Allen Ginsberg (“Allen Ginsberg Industries”), que consistía en una oficina en Nueva York financiada por él desde la cual emitía sus ‘mensajes’, pero que también funcionó como una bolsa de trabajo para muchos poetas con dificultades económicas. Su generosidad no conoció límites, en sus últimos días de vida, mientras agonizaba, dedicó muchas horas de su escaso tiempo para hablar con  sus amigos por teléfono, y la conversación incluyó siempre una pregunta directa: “¿Necesitas dinero?”

En la década de los 60 su interés por la música popular lo llevó a conocer a los Beatles y desarrollar una amistad con ellos, particularmente con John Lennon. Compartió el escenario con  The Fugs y Jefferson Airplane, y  Bob Dylan lo incluyó en una de sus extensas giras por todo el país (Rolling Thunder Review). Sus intervenciones en radio y televisión, siempre controvertidas y espectaculares, lo convirtieron en una figura pública y le permitieron extender  el alcance  de su poesía así como la de otros autores. 

En los años setenta fundó  junto a Anne Waldman una escuela de poesía alternativa fuera de los ámbitos tradicionales de  enseñanza, un sitio  donde los poetas pudieran transmitir su experiencia. La  llamó “The Jack Kerouac School of Disembodied Poetics”,  un claro y sincero homenaje a uno de sus grandes amigos de la juventud. El objeto de esta escuela no era sólo difundir aquellas estéticas que no hallaban un lugar en la universidad, sino actuar como centro de oportunidades laborales para muchos poetas y escritores que eran marginados del circuito académico.

Nació  el 3 de junio de 1926 en la ciudad de Newark, Nueva Jersey. Asistió a la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York de la que fue expulsado, allí conoció a Jack Kerouac, a Neil Cassady y a Herbert Huncke. Para evitar una condena en la prisión estatal, luego de ser arrestado junto a otras personas a bordo de un auto robado,  se declara mentalmente incapacitado y el juez lo obliga a permanecer ocho meses en un instituto psiquiátrico. Nuevamente en libertad decide reiniciar su vida, se declara heterosexual y comienza a trabajar como creativo en una agencia de publicidad.  Insatisfecho con esta vida rutinaria hace pública su homosexualidad  y cambia varias veces de empleo. Fue sucesivamente lavaplatos, sereno y soldador en una metalúrgica. Luego finalmente acepta los consejos de Jack Kerouac y se traslada  a la Costa oeste. En aquellos primeros años de la década de los cincuenta, cuando él arriba a la ciudad de San Francisco, “...el portal a Oriente de los Estados Unidos de América…” según Rudyard Kipling, caracterizada por Bret Harte como “…serena, indiferente al destino… guardiana de dos continentes…”, “…el último refugio de los bohemios…” en la opinión de Karl Shapiro, ésta era el centro de  una intensísima actividad cultural que se desarrollaba en toda la región de la bahía. En el campo de la performance Kenneth Rexroth y Kenneth Patchen leían sus poemas en público acompañados por músicos de jazz. Lawrence Ferlinghetti, quien se había instalado allí en 1950 y que en ocasiones participaba de estas veladas en The Cellar (El sótano), escribía en esa época sus “mensajes orales espontáneos”, textos concebidos por su autor para ser escuchados, en los que registra definitivamente la dicción del habla coloquial que ya nunca se ausentaría de su discurso poético. En el centro de poesía de la Universidad local, dirigido por Ruth Witt-Diamant, y en cafés y galerías de arte, se organizaban lecturas de poesía en las cuales era posible enterarse de las últimas tendencias poéticas, o de lo que estaban produciendo el surrealista Philip Lamantia o el casi místico-católico William Everson.

Esta ciudad relajada y tranquila se convirtió en un involuntario punto de reunión para varios poetas: Ginsberg, Kerouac, Philip Whalen, James Harmon, Michael McLure, Robert Creeley, Gary Snyder y Gregory Corso. En la casa de Kenneth Rexroth podían intercambiar opiniones con Lew Welch, Robert Duncan y Jack Spicer. Rexroth era un escritor que al igual que William Carlos Williams, discutía con los poetas más jóvenes acerca de sus teorías estéticas, les brindaba su apoyo, y escribía generosas cartas de recomendación. Su hogar se había convertido en uno de los centros culturales más importantes de la ciudad.

En octubre de 1955, siguiendo la recomendación de Rexroth, el poeta organiza una lectura de poemas en la Galería Six, una pequeña galería de arte  cercana a Embarcadero, donde exponían su obra los artistas jóvenes de la ciudad y en ocasiones se realizaban conciertos y lecturas de poemas. Leerían allí su trabajo la noche del 7, McClure, Snyder, Whalen, Lamantia y Ginsberg. Rexroth se había ofrecido para oficiar de maestro de ceremonias. Entre el público estaban Ferlinghetti y Kerouac.

Esa noche, que luego sería llamada por la prensa local la del “Renacimiento poético” de San Francisco, Ginsberg leyó un texto sobre el cual estaba trabajando hacía algunos años y que no tenía intención de publicar: Howl (Aullido). Cantó sus versos, los gimió, y en la parte final de su lectura estuvo al borde del llanto. Esta performance causó una emotiva reacción en el público. Él comprendió entonces que liberando su personalidad sobre el escenario  podía conmover a otras personas. La idea de crear una nueva audiencia para la  poesía  ya no le pereció tan descabellada.

Con Aullido no sólo comienza un momento en la literatura norteamericana,  sino que también se inicia un nuevo estilo de composición. Ginsberg dice que él sigue el modelo de Kerouac y que su objetivo es calcar en la página los pensamientos de la mente y sus  sonidos. Ésta debe ser comprendida como la “escritura de la mente”. Este procedimiento fue descrito por su maestro el venerable, Chögyam Trumpa, como el resultado natural de su consigna: “Primer pensamiento, el mejor pensamiento”. Esta definición, insistiría Ginsberg, siempre es paralela a la de Kerouac: “La mente es la belleza de la forma”. Su poema seminal plantea el regreso a una tradición que muchos poetas en su país habían desatendido: la de Whitmam, Apollinaire, Artaud, Lorca, William Carlos Williams y Maiakovsky. El suyo es un intento de expandir la propia tradición insertando voces diversas, combinando los  largos versos de Whitman, el tono de ciertos poemas de Christopher Smart (Jubilate Agno), de Percy Bysshe Shelley (Adonais, Ode to the West Wind), las iluminaciones de Blake, con la renovada apreciación de la naturaleza de la forma del cubismo francés y español y la poesía onomatopéyica del entonces olvidado Kurt Schwitters.

Aullido, según su propio autor, fue construido como una letrina de ladrillos, parte por parte, dentro de una estructura rítmica que se desarrolla y crece continuamente en sí misma. Podemos agregar que el contrapunto de  los sonidos en sus tres niveles: el de las palabras en una misma línea, el de las líneas en una misma parte y el de las partes del poema entre sí, es fundamental para la comprensión de  los significados de este texto que podemos comparar con la figura de un triángulo equilátero, en el sentido de  que el ritmo nace de su vértice superior y se expande hacia la base. Un ritmo que es modelado a partir de su propio aliento, lo que produce la liberación de la respiración de la poesía norteamericana. Ginsberg  leyó incansablemente la obra  de Pound y en particular Los Cantos,  que para él se sostienen a través del ritmo, del contrapunto logrado cuando la frase verbal  enfrenta su propio eco. Su intento de reconstruir sobre la página los sonidos de la mente como una  forma de detener el tiempo, es indicativo de  la importancia que para él representaba este elemento constitutivo del poema  que Pound en su “Treatrise on Metric” compara con las formas,  como  pueden ser “la quilla de un barco o el motor de un automóvil”, antes de declarar: “El ritmo es una forma del tiempo”.  Pero quizás la influencia más grande que podemos percibir en el autor de La caída de América y Wichita Vortex Sutra, es la de su maestro William Carlos Williams quién también dedicó su vida a la creación de una lengua vernácula, vivaz y espontánea.

La escritura de los Beats emergió en una época en que la literatura norteamericana, según  Paul Hoover, estaba  caracterizada por un exceso de decoro y formalismo. Ellos encarnaron una actitud poética antiintelectual y antijerárquica,  en la que la búsqueda de visiones y revelaciones no está reservada sólo a aquellos que pueden darle expresión literaria o artística, sino que debe ser compartida por todos los que rechazan el pasado y el futuro por igual, por todos los que se rebelan contra toda  forma de autoridad u organización social, por todos aquellos que desean aguzar sus sentidos para enriquecer su propio diálogo con la existencia. Ellos no deseaban controlar  la naturaleza,  los eventos o a las personas. Sabían que vivían en un mundo que se encaminaba a su propia destrucción y que eran necesarias respuestas renovadas. En este proceso que se sucede dentro de los extendidos y difusos límites de lo que se llamó Movimiento Beat, toda forma de conocimiento que permitiera ampliar las fronteras de la percepción fue aceptada. Los beats contemplaron al mundo de una manera diferente a partir de sus lecturas de textos pertenecientes a la tradición del Budismo-Zen, de su creencia en que la interacción de distintas concepciones religiosas conformaría una nueva conciencia espiritual, de su reconocimiento de las culturas indígenas y de sus experiencias con alucinógenos, entre otras cosas.

Todos aquellos que formaron parte de lo que en la actualidad se reconoce como el Movimiento beat o la generación Beat, cultivaron en sus discursos distintos grados de diversidad estética, desarrollaron poéticas reconocibles; para ellos las tendencias estéticas, como las lenguas, no se imponen unas a otras: traducen, se integran, colaboran, realizan prestámos, y en este contexto recrean la significación lingüística

Lawrence Ferlinghetti explica este fenómeno  de la siguiente manera: Si has estado leyendo acerca de la interpretación de las poéticas de los Beats (especialmente la de Ginsberg) hallarás en ellas que los términos ‘poético’ y ‘poéticamente’ son en realidad ‘malas palabras’, deben ser evitados. Lo concreto es lo más poético. El detalle exacto, sin bordados adicionales. De esto trata precisamente la ética de los Beats. Una ética que asumiera la nueva sensibilidad ante la belleza que se estaba produciendo y que diera cuenta de ella en su percepción poética. Las palabras de Ferlinghetti son de algún modo  la traducción actual de aquéllas de Ezra Pound: “El objeto en su  naturalidad es siempre el símbolo adecuado.”

 

Yo no soy

 

Yo no soy una lesbiana aullando en el sótano

amarrada a una telaraña de cuero

no soy un Rockefeller sin pantalones infartándose

en la gran cama rococó

no soy un intelectual ultra estalinista marica

no soy un rabino antisemita negro sombrero

barba blanca uñas muy muy sucias

ni soy el poeta en la celda de la cárcel de San Francisco

apaleado en vísperas del año nuevo por los cobardes

lacayos de la policía

ni Gregory Corso Orpheus Maudit de estos Estados

ni ese maestro de escuela con un maravilloso salario

Yo no soy ninguno que conozca

de hecho sólo estaré aquí 80 años.

 

*****

Esos 80 años que Allen Ginsberg cumpliría hoy, son los que Cronopios celebra recordándole.

 

           
 

 

 

 


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