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  New York, NY. EE.UU. Año 6 -

 

 

 

 

  ARTÍCULOS LITERARIOS

Gardeazábal: el último librepensador colombiano

 

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

Por estos días, cuando el profesor Jonathan Tittler termina en Filadelfia la biografía del novelista colombiano Gustavo Álvarez Gardeazábal (Tuluá, 1945) su nombre y sus ideas se vislumbran en el unanimista océano de la realidad colombiana como las de un islote solitario.

 

Vertical, controvertido, polémico, víctima de sus propias decisiones y de las que manejan quienes siempre han querido atajarle, Gardeazábal vive retirado en una finca después de su atronador derrocamiento como gobernador del Valle y su prisión por casi cuatro años por haber cometido el delito de venderle una estatuilla (que resultó siendo una falsificación a la hora del juicio) a la esposa de un traqueto vallecaucano.

 

Sus aventuras políticas terminaron por mandato judicial pues de acuerdo a la legislación colombiana nunca podrá volver a ser elegido u ocupar cargo público lo que parece causarle una gran tranquilidad y un margen infinito para ejercer lo que ha sido siempre y no parece tener congéneres: un librepensador .

 

¿No cree que fue una equivocación haber dejado la literatura para meterse a la política?

 

Nunca. Hacer política en un país como Colombia es un deber de todo aquél que tiene el privilegio de ser leído y oído. La injusticia, el hambre y la estupidez reinantes no pueden ser simplemente descritas con metáforas y giros gramaticales.

 

Pero los costos de haber tomado ese camino parecen haber sido muy onerosos...

 

Y pueden ser más caros todavía. Nos acercamos peligrosamente en Colombia a un gobierno napoleónico y figuras como yo, capaces de decir las cosas y de no tener la palabra miedo incluida en nuestro diccionario volveremos a ser la víctima. Así lo enseña la historia.

 

¿Hasta donde resultan sus planteamientos siendo oídos por los gobernantes o por la clase dominante? ¿No cree que más bien pueda resultar siendo un orate predicando en el desierto?

 

Si, cada vez que toco el dedo en la llaga y nadie responde pienso que estoy perdiendo el tiempo. Sin embargo cuando veo en otras veces que hay actitudes silenciosas pero contundentes corrigiendo lo que he advertido, entiendo que este oficio de opinar sobre la realidad del país tiene sus frutos.

 

¿No sería mejor expresar esas ideas en sus novelas que en columnas periodísticas o en conferencias, como lo está haciendo últimamente?

 

En Colombia cada vez son menos las personas que leen libros. Cada vez hay menos, pero muchísimo menos librerías y casi nadie escribe una nota de comentario sobre los libros que se editan. Las novelas ya no conmueven así sean monumentos incontrovertibles de denuncia. Y ni qué decir de los libros de ensayo, somos el país mas diagnosticado y estudiado del mundo y a nadie sensibiliza ni para bien ni para mal las conclusiones acertadas o equivocadas que se emiten a través de esos libros.

 

¿No es muy cerrado su ángulo de visión creyendo que sus obras solo pueden tener lectores en Colombia?

 

Mis novelas no circulan en España desde cuando editaba con Destino en la década del 70. Nunca he tenido agente literario. Fui antimarxista cuando se necesitaba ser áulico de esas teorías para poder ser alabado y admitido en los cenáculos editoriales y literarios. Me fui en contravía una vez mas demostrando que  pese a ser un literato podía ganar las elecciones a que me sometía( gané dos como alcalde y una como gobernador)  y no perdiéndolas como Vargas Llosa. Todo ello me ha llevado a girar en espacios muy provincianos.... lejos, muy lejos de las grandes vitrinas.

 

Sus editores han sido casas muy aprestigiadas, Plaza y Janés, Grijalbo-Mondadori...

 

Y para que me sirvieron? Por cuenta de ellos nunca fui  ni editado en España y mucho menos traducido. Las traducciones que hay de mis libros llegaron por si solas o por medio de los profesores que me han estudiado en varias universidades del mundo. Solo les interesaba Gardeazábal como escritor para vender cantidades en Colombia..Como tal entonces fui siempre un escritor de la parroquia y uno debe reconocer lo que ha sido y no pretender ser más.

 

Sin embargo a usted lo estudian en las universidades norteamericanas con mucha frecuencia…

 

Si y qué? Como no pertenezco a la burocracia literaria internacional ni voy a congresos y cuando me invitan los profesores gringos que me estudian  en sus clases y escriben artículos y libros sobre mis obras, me niegan la visa las autoridades norteamericanas nada de eso ha servido para tener lectores mas allá de las fronteras patrias.

 

Cóndores no entierran todos los días” es   la obra mas conocida suya y aunque hace mas de treinta años que la editó por primera vez se sigue leyendo permanentemente. No cree que eso es ya de por si una hazaña y una muestra del gancho que ejerce a sus lectores? 

 

Si... pero en Colombia solamente. Esa novela nunca ha sido traducida a otro idioma. ”El bazar de los idiotas” lo tradujeron al inglés y al chino, “Dabeiba” al italiano y al rumano. ”El Divino”al alemán  y jamás han traducido “Cóndores”. Claro, le repito, tampoco he tenido agente literario y fui una marioneta olvidada de mis editores aunque sus cifras de ventas en Colombia  de mis libros fueron gigantescas.

 

¿Esa respuesta deja el sabor de que no quisiera seguir escribiendo novelas o publicando libros?

 

 Es cierto, se me acabaron las ganas. Después del chasco que me llevé  con la fusión de Plaza y Janés con Mondadori  me resbalé con estos últimos y me sentí peor que la puta del paseo cuando me editaron  “Comandante Paraíso” y” LAS MUJERES DE LA MUERTE”. Haga de cuenta que he quedado como gato escaldado.

 

¿Qué será entonces de su vida?

 

No dejaré de escribir así sean mis herederos los que publiquen mis obras después de que muera. Seguiré escribiendo mi columna periodística  todos los martes en El Colombiano de Medellín hasta que no me la vuelvan a publicar mas y continuaré por ahí consiguiendo de qué comer dictando conferencias donde me inviten.

 

¿Y del futuro de la literatura colombiana?

 

Debe tener futuro como toda literatura de un país que tiene tantas cosas absurdas que contar ,pero con quienes hacen literatura hoy en día no van a llegar a dos años. No hay con quién.

 

¿No le parece exagerado su criterio a ese respecto?

 

En absoluto. Yo ayudé a muchos de los cercanos de mi generación a ser leídos con mis columnas de crítica de libros, con mis talleres de escritores. Andrés Caicedo, Aguilera Garramuño, Gustavo González Zafra, Carmiña Navia que algo o mucho han hecho. Pero de los que ahora surgen no se ve a nadie con garra para reemplazarnos y ya es hora de que nos releven.

 

¿Su obsesión por la muerte ha vuelto a aparecer?

 

Cuando joven creí que, por enfermo, no viviría mucho. Mis amigos y lectores no alcanzan a entender como en un país como Colombia no me han matado pese a lo que digo y a las posiciones radicales y contestatarias que adopto. Después de la cárcel aprendí a entender que la vida puede ser tan igual como la muerte y que todo lo que viene se va.

 

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