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New York, NY. EE.UU. Año 6 -  -
 

 

 

 

 

LUIS CERNUDA

1902 - 1963

 

Por: Felipe Restrepo

 

 

Aunque un tanto olvidado, Luis Cernuda es uno de los poetas más significativos del siglo XX en España.  No cabe duda del valor de su permanente búsqueda estética y de su deseo de convertir el testimonio de su atormentada existencia en la más inteligente poesía. Al cumplirse cien años de su nacimiento, vale la pena recordar a este, un importante miembro de la generación española del 27.  

 

 

Dice José Luis Cano, en su libro La poesía de la generación del 27, definiendo de una manera bastante exacta el sentimiento que embarga de manera análoga la vida y la obra poética de Luis Cernuda: <<Es el poeta que habiendo soñado la vida, en su adolescencia como un embeleso inagotable, como fuente pura de goce y de libertad, tropieza, apenas abandonado su cielo adolescente, con la sucia y torpe realidad, fea de alma y muchas veces de cuerpo. El contraste entre el sueño y la vida, entre el deseo y la realidad, deviene tan violento, que el poeta llega, en su desilusión a actitudes extremas>>. En efecto, para este poeta, nacido en Sevilla, la vida fue una oscilación entre el deseo creativo y la desilusión constante de chocarse contra un mundo que no le ofrecía más que su desprecio y su desagradable realidad. Sin embargo, Cernuda fue un hombre que, tanto en su vida como en su obra, definió los valores del siglo XX y de la modernidad literaria. Este poeta vivió plenamente su siglo y, en su obra, logró condensar las experiencias y la sensibilidad de este.

 

En su juventud, Cernuda leyó a Rimbaud, Rilke, Bécquer, Gide y Hölderlin, poetas que marcaron la primera parte de su obra. Con la publicación de su primer libro, Perfil del aire en 1927, se anunció la búsqueda de Cernuda. En esta primera parte de la obra (en la que podríamos situar Égloga, Elegía, Oda (1928), Un río, un amor (1929), Los placeres prohibidos (1931) y Donde habite el olvido (1933)) hay una gran influencia de la vanguardia francesa, pero mantiene un decidido tono romántico. Fue por esta primera serie de obras que Cernuda fue incluido en la antología poética de Gerardo Diego y de misma manera fue incluido en la generación del 27.

 

En 1938, Cernuda debió exiliarse en Gran Bretaña y posteriormente en Estados Unidos, donde tuvo un primer contacto con la poesía anglosajona. Leyó, con especial admiración a Keats y a Withman. Estas lecturas serían la gran influencia de la segunda parte de su obra, entre la que se encuentran los libros: Invocaciones (1934), Las nubes (1937), Vivir sin estar viviendo (1944), Con las horas contadas (1950) y Desolación de la Quimera (1956). Casi diez años más tarde, Cernuda debió partir a México, donde hizo una gran corrección y recopilación de toda su obra, titulada La realidad y el deseo (ediciones en 1936, 1940, 1958 y 1965). También, incursionó en la prosa poética con dos libros: Ocnos (1942) y Variaciones sobre tema mexicano (1952). Su labor como crítico literario se encuentra en Poesía y literatura (2 vols. 1960). Así mismo, en su artículo autobiográfico Historial de un libro, Cernuda mismo encadena los elementos que marcaron el camino hacia su propio desastre y hace una evaluación personal de su obra.

 

<<Al final de sus días, Cernuda duda entre la realidad de su obra y la irrealidad de su vida. Su libro fue su verdadera vida y fue construido hora a hora, como quien levanta una arquitectura. Edificó con el tiempo vivo y su palabra fue piedra de escándalo. Nos ha dejado, en todos los sentidos, una obra edificante.>>, dice Octavio Paz en su ensayo La palabra edificante, refiriéndose a la significación de La realidad y el deseo. Al leer esta obra entendemos que no se trató tan solo de una compilación de todos los trabajos de Cernuda, sino que verdaderamente se trata de La Obra de Cernuda, la síntesis de su búsqueda poética, la respuesta definitiva a todas las preguntas que se había hecho durante sus años de escritura.

 

La musicalidad, tomada seguramente de una lectura atenta de Rubén Darío, es una condición básica de su poesía, así el ritmo es creado por un lenguaje limpio y sintético. El mismo Cernuda definió el ritmo como: “La calidad primera de la poesía”, posición que  coincide con la de los simbolistas franceses, en particular con Verlaine, quien decía en su poema Art poétique: “La musique avant tout”. Es evidente que la poesía de Cernuda, y la de la generación del 27 en general, crean un vínculo entre la poesía francesa y la española, basándose en un tratamiento cuidadoso del lenguaje lírico. Pero, la música en Cernuda es silente. Es la melodía del vacío y lo desconocido, y esto queda demostrado cuando el español dice en Historial de un libro: <<Si en el verso hay música, mi preferencia se orientó hacia la música callada del mismo. (...) Igual antipatía tuve siempre al lenguaje suculento e inusitado, tratando siempre de usar, los vocablos de empleo diario>>. En un poema de Cernuda jamás sobra nada, hay una economía total que crea un ritmo perfecto.

 

La búsqueda de Cernuda es la de una poesía pura. Es decir, una poesía que no busca decir, sino apenas presentar sensaciones. Es evidente el gusto del poeta por lo no dicho, por la insinuación sensual. Poniendo en términos de pintura, la poesía de Cernuda es un claroscuro: la evocación del elemento que se encuentra en el umbral entre lo oscuro y alumbrado. Hay una recreación, en sus versos, de la pintura de Caravaggio que nunca pintaba formas concretas, sino que apenas las insinuaba en el lienzo con unos trazos.

 

Es muy importante anotar la relación entre lenguaje y tiempo en la poesía de Cernuda. En sus primeras obras, las palabras tienen la función de congelar el tiempo: lo que busca es encerrar los elementos bellos que lo atraen en una prisión imperecedera: la del lenguaje. La “misión” que se impone Cernuda es la de transformar los elementos efímeros (como la belleza) en lenguaje. Pero, al final de sus días descubre la imposibilidad de llevar a cabo esta tarea, pues en unos versos es imposible cristalizar la belleza, y lo efímero no se puede capturar en la poesía. La decepción enorme de Cernuda es encontrar que lo lírico no alcanza la dimensión de lo físicamente bello y que por lo tanto, la poesía no puede ser belleza únicamente, sino lenguaje bello. En sus últimas obras, Cernuda se dedica a describir el paso del tiempo y la imposibilidad de mantenerlo vivo. Su lenguaje se transforma entonces en decepción, en soledad.

 

Es así como uno de los primeros elementos que marca la poesía de Cernuda es el del paraíso perdido. En efecto, es constante la evocación que Cernuda hace del pasado, en donde fue feliz. Se trata desde luego de su infancia y de su juventud en Sevilla, esa época remota que lo marcó de por vida, por la intensidad con que vivió la belleza y el amor. En el frío exilio de los países anglosajones, la felicidad es apenas añoranza: una época que ya jamás se volverá a vivir. Aunque en sus últimos años en México, Cernuda creyó reencontrar la felicidad, en general su vida y su poesía están marcadas por la melancolía; él siente que su destino es el de un ángel caído que ha sido expulsado del paraíso, como se puede ver en el poema Bajo el anochecer inmenso:

 

Quisiste siempre, al fin sabes

Cómo ha muerto la luz, tu luz un día,

Mientras vas, errabundo mendigo, recordando, deseando;

Recordando, deseando.

 

 

Para Cernuda, la existencia era el fracaso del sueño: la condición del hombre era la de un prisionero que debe permanecer en la celda del mundo. La materialización de esta prisión se ve claramente en un elemento: el amor imposible. El amor fue siempre percibido por él como una privación, como un sentimiento trágico. Dice al respecto Octavio Paz, en el ensayo citado previamente: <<La realidad acaba por destruir al deseo, nuestra vida es una continua oscilación entre privación y saciedad>>. Como ya se había dicho, el poeta busca encontrar en la poesía un equivalente correlativo a la experiencia estética y por lo tanto la consumación del amor era su más grande anhelo. Sin embargo, Cernuda se vio envuelto por la decepción, y de allí que el tema del amor fuera visto con melancolía (Lo que nos recuerda sin duda la poesía romántica de Gustavo Adolfo Bécquer). El amor era la única realidad que Cernuda quería aceptar, pero al entender que el mundo le negaba su identidad homosexual, este se convirtió en su mayor prisión. Esto es muy claro en el poema XVIII de Perfil del aire:

Los muros nada más.

Yace la vida inerte,

Sin vida, sin ruido,

Sin palabras crueles.

 

La luz lívida escapa

Y el cristal ya se afirma

Contra la noche incierta,

De arrebatadas lluvias.

Pero nadie suspira.

 

Un llanto entre las manos

Sólo. Silencio; nada,

La oscuridad temblando

 

Otro poema en donde el amor es visto como un acto triste, casi desagradable es en Qué ruido tan triste:

Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos

Cuando se aman,

Parece como el viento que se mece en el otoño

Sobre adolescentes mutilados

 

 

Durante toda su vida, Luis Cernuda manifestó su deseo por la evasión. Desde muy joven comprendió que España era una prisión intelectual donde jamás podría expresarse libremente, por eso salió de su país apenas le fue posible. Debido a esto, se convirtió en una especie de nómada que jamás tuvo un hogar ni un lugar que fuera verdaderamente suyo, fue un extranjero. Son constantes las alusiones despectivas que Cernuda hace de su país del que consideraba se encontraba en una nueva Edad Media. La barbarie de la guerra civil y la muerte de García Lorca fueron dos situaciones que contribuyeron a fomentar el desprecio por todo lo español. Además debemos sumarle a esto que Cernuda sentía que su trabajo no era apreciado por los demás españoles. Cernuda era un poeta  que habitaba  el olvido:

Donde habite el olvido,

En los vastos jardines sin aurora;

Donde yo sólo sea

Memoria de una piedra sepultada entre ortigas

Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios

 

Allá, allá lejos;

Donde habite el olvido.

 

En otros poemas como La partida o Soñando la muerte el lector se ve enfrentado a un pensamiento desesperanzado y podríamos hablar no de una poesía metafísica sino de una poesía existencialista. En estos textos no hay diferencia entre el hombre que sufre y el poeta: son muchos los poemas que profesan un total desapego del mundo material. El poeta manifiesta su tristeza frente al mundo hostil o indiferente de los hombres, y de ahí una de las frases más impresionantes y desgarradoras escritas por Cernuda en un artículo dirigido a Gerardo Diego, y que podría ser el epígrafe de La realidad y el deseo: <<Detesto la realidad como todo lo que a ella pertenece: mis amigos, mi familia, mi país. No sé nada, no quiero nada, no espero nada. Y si aún pudiera esperar algo, sólo sería morir allí donde aún no ha penetrado esta grotesca civilización que envanece a los hombres>>.

 

Sin duda, la existencia de Cernuda estaba marcada por la soledad y el desapego a su propia condición. La poesía se convirtió entonces en la única compañera posible de su triste pasar por el mundo. Volviendo a Octavio Paz, la poesía de Cernuda es realmente una palabra edificante: con ella el poeta creó un mundo propio, en el que vivía, escondiendo la cara de ese mundo que tanto le desagradaba.

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