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LOS REYES DE LA LITERATURA

Poeta Mexicano, desde Monterrey

 

Por Margarito Cuellar

 

Ellos rinden pleitesía a la palabra escrita y sus obras son como estrellas guías.

¿Se ha preguntado alguna vez quienes podrían ser los reyes o las reinas de la literatura en México o en América Latina? A estos personajes no se les ve montados en camellos por las calles del Distrito Federal, Buenos Aires, Santiago de Chile, Quito, Caracas, Guadalajara, Monterrey u otras ciudades importantes en la vida literaria de cada país. Tampoco se les identifica por una corona en la cabeza. No dejan juguetes ni se llaman Melchor, Gaspar o Baltasar.

¿Bajo qué vara mágica se designaría a reyes y reinas de la literatura contemporánea? Este trabajo pretende hacer una exploración en ese campo, atendiendo a las aportaciones que han hecho a las letras de habla hispana desde nuestro continente. Contribuciones realizadas a través de distinciones nacionales e internacionales, obra publicada, trascendencia e impacto en otros autores y en otras literaturas.

 

El rey ha muerto viva el rey

Autores como Juan Rulfo (1917 - 1986) y Octavio Paz (1914 – 1998) (México), Jorge Luis Borges (1899 – 1986), Julio Cortazar (1914 – 1984) (Argentina) y Augusto Roa Bastos (Paraguay, 1917 -2005,), siguen siendo figuras literarias de primer orden en el reino de las letras. El legado literario de Rulfo tiene un peso específico en Centroamérica y América del Sur, pese a que su bibliografía compone sólo de El llano en llamas y Pedro Páramo. Con Borges sucede algo similar, aunque su bibliografía es más abundante y hermética. Paz deja una huella muy singular en las letras y su influencia se deja sentir con sobriedad en varias generaciones de escritores.

 

Letras vivas

México: José Emilio Pacheco (1939), Carlos Monsiváis (1938) y Carlos Fuentes (1928) (serían los reyes de la literatura mexicana. Monsiváis, dueño de un humor corrosivo, dignifica el ensayo y la crónica. Es ante todo una reminiscencia actualizada de los “cínicos”, filósofos que desconfiaron de las instituciones de su época y le inyectaron humor a una disciplina abstracta. Nada queda con vida en la pluma de este cronista que hace de los géneros literarios híbridos una espada flamígera. Si Monsiváis fuera una carta de la baraja sería el rey de espadas, ya que no deja títere con cabeza.

Pacheco es, como Alfonso Reyes, un hombre de letras. Escritor íntegro, ejerce con singular maestría, desde su juventud, el ensayo literario, la poesía, la novela, el cuento, la traducción literaria y el periodismo cultural.

Monsiváis es un francotirador de la literatura y Pacheco un caballero, erudición plena, historia y actualidad integradas en un discurso inteligente, actual, sustentado en la historia y contagiado de la mejor tradición universal.

No me preguntes cómo pasa el tiempo, con el que gana en 1968 el premio nacional de poesía Aguascalientes, es un claro ejemplo de poesía de altura, en un momento crucial para el país. Las batallas en el desierto y El principio del placer le ofrecen al lector atmósferas lúdicas y radiantes, plenas de recuerdos, gozo juvenil, engarzados con los acontecimientos históricos y lo incierto del futuro.

Monsiváis y Pacheco son la conciencia de un México sin memoria.

El rey Carlos Fuentes es nuestro producto de exportación. Lo fue desde muy joven, cuando se engarzó al “boom” latinoamericano. Algunas de sus novelas son casi ensayos antropológicos. Tocan la raíz y la piel de un México postrevolucionario, decadente y nacionalista. Escritor prolífico, su largo reinado, que data desde los años sesenta, ha dado novelas como La región más transparente (1958), Las buenas conciencias (1959), Aura (1962), La muerte de Artemio Cruz (1962), Gringo viejo (1985), El naranjo o los círculos del tiempo (1993) y Diana y los cazadores (1996).

 

En el exilio

Hay monarcas que comparten prestigio, el idioma español y territorio, aunque provienen de cuna extranjera. Una tercia de reyes en el exilio estaría integrada por Gabriel García Márquez (1927), Álvaro Mutis, 1923 (Colombia) y Juan Gelman (Argentina, 1930). Ellos eligieron México para seguir haciendo su obra y enriquecer la literatura escrita en lengua española.

García Márquez es una carta mayor. Se asentó en México hacia los años sesenta. En este país escribió la novela que le ha dado fama mundial y que hace despuntar el “boom” de la novela latinoamericana: Cien años de soledad. Atrás dejó sus días de reportero, cuando era feliz e indocumentado. El premio Nobel que le otorgara la academia sueca en 1982, es un reconocimiento compartido por Colombia, de donde es originario el autor de Del amor en los tiempos del cólera, pero también por México, la tierra que ha visto nacer varias de sus obras.

América Latina le dio el movimiento modernista al mundo, con Rubén Darío a la cabeza, pero también el boom latinoamericano. En el primero la poesía le brinda al lector nuevas posibilidades expresivas. En el segundo la narrativa se traza metas no alcanzadas hasta entonces. Hubo mucho que decir y descubrir, aunque todo estaba ahí, en la imaginación de sus autores y en la cultura de territorios desconocidos que parecían mágicos de tan reales.

Mutis es un rey silencioso. De origen colombiano, reside en México desde 1956. Desde este país ha recibido reconocimientos internacionales como el premio Médicis, premio de poesía Reina Sofía y el Príncipe de Asturias de las Letras (1997. Ha hecho de la poesía en prosa y en verso libre un discurso singular, contagiado por las noticias de un trópico lejano, enriquecido por el presente. Un título general define su narrativa: Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero. También es autor de La nieve del Almirante y de Ilona llega con la lluvia.

Gelman, de nacionalidad argentina, es uno de los exponentes más destacados de la poesía Latinoamericana. Tiene varias incursiones a México, donde se queda a vivir a partir de los años ochenta. Desde la hora temprana, los años 50 (Violín y otras cuestiones), inició un camino que continúa renovando la poesía de habla hispana. Reconocido en 1998 el Premio Nacional de Literatura de Argentina y en 2000 con el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, no sólo es una voz singular en el terreno de la poesía, sino también en el de los derechos humanos.

Algunos de sus libros son: Citas y comentarios (1982),  Gotán (1962), Cólera buey (1969), Hechos y relaciones (1980), Incompletamente (1997), Antología personal (2000), En el hoy y mañana y ayer (2000).

Gelman ha dicho: “… los soles solan y los mares maran los farmacéuticos especifican dictan bellas recetas para el pasmo se desayunan en su gran centímetro a mí me toca gelmanear” (…)

Argentina: César Aira (1949), Mempo Giardinelli (1947), Tomás Eloy Martínez (1934). Aira es traductor, novelista, dramaturgo y ensayista. Escritor prolífico. Su novela Cómo me hice monja (1998), fue elogiada por la crítica española y latinoamericana. Giardinelli incluyó a México en su peregrinar; en este país dejó amigos, recuerdos y varios libros, entre ellos: La revolución en bicicleta (1980), Luna caliente (premio nacional de novela México, 1983) y Qué solos se quedan los muertos (1985). Tomás Eloy es un novelista exitoso; La novela de Perón ha vendido más de 150,000 ejemplares. 

Colombia: Jotamario Arbeláez (1940), Jaime Jaramillo Escobar (1932) y Jorge Franco Ramos (1964). Jaramillo fue conocido mucho tiempo sólo como X-504. Voz personalísima, originario de Medellín, impulsor del Nadaismo. Arbeláez, también egresado de las filas del Dadaísmo colombiano. Una especie de patriarca provocador, líricamente desenfadado y humorístico en su poesía. Franco es un narrador consistente. Su novela Rosario Tijeras ha sido llevada al cine con éxito. Paraíso Travel recoge el drama de los indocumentados centroamericanos y sudamericanos en su vía crucis hacia el barrio de Queens en Nueva York.

Cuba: Ernesto Fernández Retamar (1930), Fina García Marruz (1923), Cintio Vitier (1921). Retamar es un promotor incansable de las letras latinoamericanas a través de la revista Casa de las Américas, además de gran poeta. García Marruz formó parte del grupo Orígenes, en los años cuarenta, al igual que Vitier. Entre sus obras destacan Visitaciones (1970) y Créditos de Charlot (1990). Vitier es doctor Honoris Causa de la Universidad de La Habana y de la Universidad Soka de Japón. Premio Nacional de Literatura 1988 y Premio Juan Rulfo 2002. Oficial de Artes y Letras de  Francia  y medalla de la Academia de Ciencias de Cuba.

Chile: Una reina (Isabel Allende, 1942) y dos reyes antiguos (Nicanor Parra, 1914 y Gonzalo Rojas, 1917) dominan el reino de la literatura de este país.

Isabel Allende, con La casa de los espíritus (1982) dimensionó la literatura chilena al plano que sólo antes Neruda le había dado. Entre otras obras tiene: Eva Luna, Cuentos de Eva Luna, Retrato en sepia, De amor y de sombra, Paula, Afrodita, Hija de la fortuna y La ciudad de las bestias, Mi país inventado y El reino del Dragón de Oro.

El dúo de palabreros sin fin por el planeta integrado por Parra y Rojas le ha aportando al mundo vanguardias poéticas que tienen en común el idioma español. Los artefactos poéticos de Parra han recorrido los museos y los libros. Su sentido del humor es el de un joven poeta. De ellos dan cuenta obras como Poemas para combatir la calvicie y Páginas en blanco (2001. Creador de la antipoesía, la poesía de Parra es un ismo que se burla de la poesía y de la figura solemne del poeta, crea un discurso en el que el juego es el arma principal.

Rojas ha puesto la poesía latinoamericana en los ojos del mundo. Desde los años 30 a la fecha ha producido una poesía en la que los sentidos alertan el corazón, siempre al día con los asuntos de la poesía, la tecnología y el lenguaje. Ha recibido numerosos premios internacionales: Premio Sociedad de Escritores de Chile (1946, Premio Reina Sofía de poesía (España), Premio Octavio Paz (México) y José Hernández (Argentina) además del Premio Nacional de Literatura de Chile (1992) y el Premio Cervantes de Literatura (2003).

Ecuador: Jorge Enrique Adoum (1926), Iván Oñate (1948), Leonardo Wild (1966). Adoum (1926), escritor, político, ensayista y diplomático. Radicó en México, donde escribió la novela Entre Marx y una mujer desnuda (premio Villaurrutia 1976). Su poesía está contenida en libros como: Ecuador Amargo (1949), Notas del Hijo Pródigo (1953), Relato del Extranjero (1955), Informe Personal Sobre la Situación (1975) y Poesía Viva del Ecuador (1990). Oñate es poeta, narrador y ensayista. Su libro de cuentos El hacha enterrada lo evidencian como un autor cuidadoso que madura sus textos y los somete al rigor del taller personal. Su poesía es un bastión importante en la poética latinoamericana. Wild es un vulcanólogo que escribe sus obras desde su recinto de Quito, desde donde publica sus novelas de ficción en alemán e inglés. Algunas de sus obras son: Oro en la selva (1996); Unemotion (1996), Die Insel die es nie gab (1997) y Orquídea negra o el factor vida (1999).

Nicaragua: Ernesto Cardenal (1925), Sergio Ramírez (1942), Claribel Alegría (1924). Cardenal, con su barba de profeta y sus versos que retoman lo mejor de los epigramas latinos y la poesía conversacional y de corte político. Sacerdote vinculado al sandinismo, es autor de Hora cero (1956), Salmos (1964), Homenaje a los indios americanos (1970) y Canto Nacional.

Sergio Ramírez, en un universo que oscila entre la literatura, el periodismo y la política, dueño de una narrativa que impacta por imaginación y poder creativo. Margarita, está linda la mar (1998), Adiós muchachos (1999) y El reino animal (2006) son algunas de sus novelas más elogiadas. Alegría (premio Casa de las Américas 1978) Premio de Poesía de Autores Independientes (2000), es autora de libros como Anillo de Silencio, Vigilias, Umbrales, Fuga de Canto Grande, La mujer del río y Saudade.

Perú: Mario Vargas Llosa (1936), Blanca Varela (1926), Julio Ortega (1942). Vargas Llosa, desde La ciudad y los perros (1962), profundiza en la temática del indigenismo, e incorpora formas nuevas al llamado boom latinoamericano. Otras de sus obras destacadas son: La Casa Verde (1966), Conversación en La Catedral (1969), Los cachorros (1966), Pantaleón y las visitadoras (1973), La tía Julia y el escribidor (1977) y La guerra del fin del mundo (1981). Varela, publica 1959 su primer libro, Ese puerto existe, al que le siguieron: Luz de día (1963), Valses y otras confesiones (1971) y Canto villano (1978). Como Dios en la nada (1998) recoge su obra completa. Obtuvo el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo 2001 y el Premio Ciudad de Granada 2006. Ortega es un promotor nato de la literatura latinoamericana desde su trabajo como profesor universitario en los Estados Unidos. Autor de numerosas antologías y ensayos en los que moldea la figura del pensamiento literario contemporáneo.

República Dominicana: Marcio Veloz Maggiolo (1936) y Alexis Gómez Rosa (1950). Veloz Maggiolo es narrador, poeta, ensayista, crítico literario, arqueólogo y antropólogo. Es uno de los escritores dominicanos contemporáneos más prolífico y difundido nacional e internacionalmente. Gómez Rosa es un poeta con reconocimiento internacional, de corte experimental, además de promotor y alma importante de la Feria del libro que se organiza cada año en ese país del Caribe.

Uruguay: Mario Benedetti (1920), Eduardo Galeano (1940), Rafael Courtoisie (1958). Benedetti  es autor de Montevideanos (1959), La tregua (1960), Gracias por el fuego (1965) y de la novela en verso El cumpleaños de Juan Ángel (1971). Galeano fue galardonado en Estados Unidos (1999) con el Premio para la Libertad Cultural de la Fundación Lannan y es un vocero crítico del pensamiento latinoamericano no alineado a través del diario Época y el semanario Marcha. Sus libros más connotados son: Las venas abiertas de América latina (1971), La canción de nosotros (1975), El fútbol y la sombra (1995) y Bocas destiempo (2004). Courtoisie, premio Lengua de Trapo de narrativa, premio Jaime Sabines de poesía, es una rara ave de la literatura experimental.

Venezuela: Eugenio Montejo (1938), Rafael Cadenas (1939 y Luis Britto García (1940). Montejo es un poeta luminoso y de voz poética profunda. México lo ha reconocido con el premio de poesía Octavio Paz. Ha combinado la diplomacia con la poesía y el ensayo. Cadenas es un poeta silencioso. Casi invisible, a no ser porque su poesía tiene un peso propio. Su poesía, sin embargo, atrae cada día más lectores. El Fondo de Cultura económica de México publicó Obra entera. Poesía y prosa (2000).

Britto, desde que ganara el Premio Casa de las Américas con Rajatabla (1970), se ha consagrado como un narrador de primera fila en las letras latinoamericanas.

 

El rey de Monterrey

David Toscaza (1961) se erige como un solitario rey narrador. Su literatura tiene alcances ilimitados, no sólo en territorio latinoamericano. Con Santa María del circo (1998), Duelo por Miguel Pruneda (2002), reconocida por el Publisher’s Weekly como uno de los mejores libros de ese año y El último lector (2004), demuestra ser uno de los narradores más consistentes de su generación. Formó parte del International Writers Program (Universidad de Iowa y del Berliner Künstlerprogramm. Por el momento no se vislumbra quien pudiera sucederle en el trono.

El rey poeta de este árido norte sería José Eugenio Sánchez (1965), quien sin prisa, no reconocido del todo por los círculos literarios oficiales del país, sus dos volúmenes publicados en la editorial Visor (Physical Graffiti y La felicidad es una pistola caliente, se abren paso con movimientos pausados, pero certeros. Recientemente terminó una residencia en la Universidad de Iowa como integrante del Internacional Writers Program.

 

La literatura latinoamericana tiene cuerda para rato. Los editores italianos dicen que no está en su mejor momento, Vargas Llosa dice que goza de cabal salud. Para salir de dudas lo mejor es abrevar en las páginas de nuestros autores.

 

 

 

 


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