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New York, NY. EE.UU. Año 7 -
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REALIDAD IRREAL: Oxímoron vital

 

Por: Otoniel Parra Arias.-

 

Un comentario alrededor de El Aleph, el magistral cuento Jorge Luis Borges, el sabio humanista y escritor que durante gran parte del pasado siglo marcó la impronta de su privilegiada pluma en las letras latinoamericanas y mundiales con una profusión tal de sus obras en campos tan diversos y complejos de la narración y el pensamiento que al parecer le borlaron currículum vitae  para no merecer el premio Nobel de literatura, quizá por haber quedado éste, por muchos anhelado galardón, muy por debajo de su proverbial ímpetu creativo solo cortado por la lógica decisión máxima de la parca.

Borges, el divino ciego, como lo apostillan a veces en los mentideros de la intelectualidad, escribió muchas obras entre cuentos cortos y ensayos, todos ellos tocados de ese especial sentido de lo trascendente que a pocos les es dado tan siquiera fisgonear. El Aleph es un compendio breve, sazonado por él, muchos años antes de que el mismo García Márquez inventara el realismo fantástico de su Macondo  nativo, relato que en mi opinión hace parte de esa galería literaria, deliciosa y promisoria que atrae  ambiciosos cazadores de mensajes ocultos,  con el aleteo brillante de mariposas nocturnas hacia provocativos pero inconexos senderos de claroscuros casi indescifrables. Este cuento sumerge al lector en la maraña de lo que muchos denominan como sendero esotérico, y hace volver sus pasos apresuradamente a quienes no se sientan capaces de compenetrarse con esos intríngulis de la creación literaria que en ocasiones pueden convertirse en controvertidos compromisos con la imaginación del escritor y su mundo subyacente.

Podríamos empezar incursionar en estos temas mencionando escritos similares como Las venturas de Alicia en el país de la maravillas de Charles Lutwidge Dodgson, más conocido como Lewis Carroll, con sus textos criptografiados de una fantasía que retrata actitudes y paradigmas de la realidad, apoyado en los acertijos que generan algunos de sus personajes como, la baraja, el conejo y el sombrero, y así por el estilo refiriéndonos a otros autores metidos en estos asuntos, como los dedicados a la ciencia ficción que desde hace muchos años han retado la forma de pensar lineal y geométrica de "los realistas", para diagramar  teoremas, problemas y soluciones arrancadas de lo imposible a pesar de la poca receptividad cultural al género, al menos muchas décadas atrás. Es así como en este campo de las narraciones y las fábulas diseñadas originalmente para el mundo infantil, algunos podrían ver en varios de sus capítulos pequeñísimos pero curiosos mensajes de una humanidad más avanzada en épocas míticas inconfesas. En el cuento de la bruja que habla con el espejo mágico para averiguarle quien es la más bonita del reino, podría encontrarse el símil de un diálogo de los que son comunes hoy en día mediante los aparatos electrónicos digitales, como los teléfonos móviles y micro receptores de plasma usados en captación de circuitos cerrados de tv o en el uso de las alfombras mágicas en los cuentos de Las mil y una noches, el clásico cuento oriental la reminiscencia de un elemento capaz de levantar vuelo mediante un conjuro mágico que  invita a pensar en la descripción inocente y sencilla de un artefacto volador ideal para cubrir distancias relativamente largas.

Por ejemplo en la literatura de investigación dentro del un poco desprestigiado esoterismo, pero más allá en pluma de escritores de respeto, ha quedado el registro de los grandes poderes que han tenido muchos hombres destacados sobre sus contemporáneos. Uno de ellos, el rey Salomón, el gran sabio preferido de Jehová e hijo de David, quien al parecer se desplazaba  por un medio aéreo desconocido, miles de kilómetros sobre el desierto del Sáhara desde las tierras polvorientas de Etiopía hasta las entrañas del país donde residía la hermosa reina de Saba, mujer pagana que robó su corazón y esclavizó sus sentimientos en contra de la voluntad del mismísimo Dios, dejando claro que anotaciones como esta no se encuadran dentro del proceso informativo cristiano (la Biblia), y si dentro del denominado como apócrifo. Ciertamente Salomón pudo haber tenido acceso a procedimientos y técnicas vedados a sus contemporáneos, si recordamos que Jehová tanto lo amaba que en algún momento le autorizó para que le pidiera lo que deseara y el rey solo se limitó a solicitar sabiduría por presentir que con ella todo lo demás llegaría por añadidura; entonces pudieron ser muchos los adelantos logrados en su larga vida monárquica poco explicables para la mayoría de sus gobernados.

Siguiendo por estos senderos, son muchas las leyendas sobre casos señalados como milagrosos o apariciones y visiones de instrumentos desconocidos y hechos fuera de lo normal según la época y el lugar donde ocurrieron, achacados a momentos de alucinación individual o colectiva o a las consecuencias de haber ingerido productos naturales o químicos que afectan la mente, capaces de producir alucinaciones, como acontece con los que beben el jugo de ciertas pencas como el peyote, en el desierto de Nuevo México, fuman la marihuana o aspiran el derivado químico de la planta de coca, la conocida cocaína reina de todos los males del mundo actual o los efectos menos conocidos pero igual de letales de la planta llamada borrachero (mencionada en los libros esotéricos como mandrágora desde tiempos inmemoriales*) de la cual se extracta la escopolamina, peligrosa sustancia insabora e incolora  que doblega la voluntad, usada por la delincuencia en varios países de Sudamérica.

Al respecto puede barruntarse que el mundo es demasiado viejo y osado, más de lo que las mediciones del carbono 14,  puedan dar de lectura científica. Que el mismo ha tenido varios "nacimientos" y "finales" y que sobre su arrugada tierra se han cocido  cientos o miles de  civilizaciones, algunas de ellas habiendo llegado a cúpulas de crecimiento inconmensurables cuyas noticias simplemente no llegaron hasta nosotros  por la acción de diversos acontecimientos de  orden natural, unos y manipulados por una inteligencia otros, que eliminaron con el peso de terribles Apocalipsis a millones de habitantes del globo y después de los cuales no quedó piedra sobre piedra. Que aún así, la mente y la memoria del género humano es persistente y terca y ha guardado con los pocos elementos que quedaban a escasos sobrevivientes, algunos testimonios cifrados, grabados en la misma roca de lava fundida, o en documentos, muchos de los cuales aún no han sido encontrados  y tal vez no lo sean en su totalidad.  Esos mismos que guardaron tales testimonios, corrieron innumerables peligros ante los detentadores del poder de cada época y lugar, interesados en mantener a una gleba, cautiva dentro de unos parámetros de conocimiento relativo repleto de  errores e inconsistencias, pero adecuados para mantener en oasis de aparente tranquilidad a las comunidades por ellos sometidas. La forma como guardaron esas muestras y mensajes del pasado, entonces no pudo ser fácil ni exenta de peligros y quienes rompieron los códigos de advertencias dictados por sus sociedades, pagaron en muchos casos, caro su atrevimiento mediante el destierro, la tortura y la muerte. De ahí que aún muchos símbolos que están, como se dice, al sol y al agua, delante de nuestros ojos o caricaturizados en fábulas infantiles demasiado planas como para ser cabeza de proceso. De esta manera podemos hablar de humanidades muy antiguas que aparecieron y desaparecieron con sus avances y logros y que poco a poco con el paso de los siglos y milenios fuero opacándose en su impronta de conocimiento para el futuro, quedando un fulgor pálido que se ha debilitado con el paso del tiempo disponible para   unos pocos avisados e instruídos en las ciencias escolásticas y una minoría que mantiene encendida la lámpara de la investigación fuera de los carriles normales, pero con tan poca credibilidad como para poder incluso hablar de dichos temas en público sin peligro de ser tomados en serio.

Es el caso del tarot, calificado por el cristianismo como satánico, y considerado en las ciencias ocultas como la máquina de pensar. Es este juego de cartas, una de las combinaciones más complejas sobre el uso de simbologías para averiguar asuntos del pasado y el porvenir y que en su esencia albergaría una suma de conocimientos matemáticos y filosóficos que fueron “almacenados” en sus 78 unidades por los egipcios de la época faraónica ante la inminencia de terribles acontecimientos que al final acabaron con este imperio. Estos cuadros fueron programados por los sacerdotes y sabios conocedores de poderosísimos secretos y al final entregados al azar en laminas de papiro que duraron mucho tiempo escondidas hasta ser rescatadas posiblemente por sociedades secretas como la masonería.Su significación jamás acabará de ser entendida y mucho menos lo más trascendental de sus mensajes escondidos en este compendio matemático religioso. Lo cierto es que su capacidad de generar resultados llevó tal sistema de lectura por los caminos fáciles y populacheros de interpretación y predicción de las pequeñas cosas de la vida en los canales normales del amor,  el odio y las ambiciones de los hombres en una especie de despiste de los dioses con embelecos y cositerías para saciar la liviana superchería de los mortales. 

Por lo  regular, en todas las sociedades, el final lo va marcando en lo personal y en lo global la aparición de endemias que se encargarán de dictaminar el destino de pueblos enteros; estas enfermedades sociales se derivan automáticamente en el desempeño de los propios líderes. En la medida en que el poder se multiplica, por efecto de la exagerada duración del ejercicio autoritario  aumentan como en metástasis los gestos vanidosos en el uso de esa autoridad,  se pierde la humildad y el concepto de servicio hacia los demás y se anula la visión de 360 grados que poseía el líder en sus momentos iniciáticos, para caer en errores garrafales que entrañan muerte de inocentes y pérdidas cuantiosas para toda la sociedad.

Es algo inherente a todas las épocas. Los griegos y los romanos llegaron a gozar de altos niveles de existencia y tuvieron un ocaso irremediable cuando sus sistemas de gobierno espiritual y material se tornaron demasiado invadidos por intereses ruines y mundanos.

Los chinos igualmente gozaron por siglos de un poderos imperio, lo mismo que Japón, hasta que la ambición y soberbia de las casas reinantes signó el final de épocas que había sido esplendorosas y de sus hazañas y egregios resultados solamente quedaron las ficciones y leyendas desteñidas.

De la Atlántida que mencionaba el sabio Platón se comenta que existió  muy cerca  a la  península hispánica y que se trató de un microcontinente de características muy especiales en el que se desarrollaron majestuosamente las artes y las ciencias y en el que se llegó a dominar la fuerza de gravedad. Algo ocurrió también en lo más alto de esa civilización, para que desapareciera de un momento a otro, víctima de un maremoto dejando como rastro una incógnita que también sigue el camino del abaratamiento en manos de los manipuladores.

En el caso de la civilización indígena americana esta situación es más dramática y diciente. Una etnia se sostuvo por más de 3.000 años sobre los lomos cuasiverticales de la cordillera de los Andes y sus valles y piedemontes. Llegaron a establecer unos pueblos perfectamente definidos con una cultura, una religión y una escuela económica y guerrera. Los Aztecas mexicanos, los Mayas, de Guatemala, los Incas peruanos y los indígenas de la parte norte del continente que encontraron las primeras expediciones, inicialmente del descubridor Cristóbal Colón y luego de los conquistadores Hernán Cortés y Francisco Pizarro, no siempre fueron tribus aisladas, desnudas y timoratas sumidas en la ignorancia y la ceguedad de la antropofagia. Estos pueblos tuvieron su cénit vital, pero esa decrepitud de costumbres de la que venimos hablando los sumió luego en la suma de micro pueblos derrotados aptos para la esclavitud y la tortura, pues habían perdido los códigos sagrados de sus antepasados, antecedentes honoríficos que habrían sido suficientes para haber demostrado con hechos ante los nuevos visitantes que poseían cartas de naturaleza personal y global que exigían mayor respeto de los recién llegados. De esos pueblos también quedó una serie de mensajes mal descifrados hasta el momento que narran la realidad de sus mejores tiempos, pero que adrede fueron “descodificados” por la astucia indígena para enloquecer aún más a sus opresores haciendoles recorrer miles de kilómetros y desgastado sus años y sus esfuerzos tras leyendas dislocadas como la de Eldorado, tal como aconteció  Gonzalo Jiménez de Quesada, a Sebastián de Belalcázar y  Nicolás de Federmán.

En fin que muchas cosas del pasado continuarán ocultas y solo les queda a los expertos en recreaciones virtuales buscar sus significados con base en la creación de antecedentes basados e la imaginación. Y al respecto preguntamos: pudieron de todas maneras quedar recuerdos de sociedades con grandes inventos y avances, pero tan antiguas como para quedar solo serigrafiadas tenuemente mediante leyendas convertidas a la postre en  inocentes cuentos y fábulas infantiles, con alfombras voladoras, espejos mágicos, sombrerones, conejos y barajas ablantinosas, o narraciones enfebrecidas al estilo de Julio Verne, Isaac Asimov, Jorge Luis Borges o Aldus Huxley, por citar unos pocos...?

El miedo a encumbrarse hacia las soledades de la verdad es atávico. Muchos de los que se dicen "realistas" a muerte, no resisten ni tan siquiera la posibilidad de que sus antepasados hayan dominado técnicas y conocimientos que hoy en día se consideran propiedad del hombre cibernético y formados así, corren el peligro de perecer en medio del fuego cruzado del más apretujado pragmatismo, como ocurre hoy en día con el gran hermano de nuevo de cacería por sus cotos continentales, tan emocionado como en los más febriles tiempos del Mckarthismo y la guerra fría. Es la simiente de la sociedad de consumo o globalismo mercadotecnista y consumista, este hombre actual que deja a unos pocos de sus congéneres la búsqueda de significados del pretérito, pero mantiene atento para no dejarle pasar de ciertos límites que puedan molestar a sus mayores.

El Aleph, es un relato que trata la posibilidad de llegar hacia un punto cero del universo de universos, un sitio imposible dentro de la semántica espacio temporal del hombre, para mirar atrevidamente sobre el hombro de Dios, a su creación hacia lo más profundo de sus abismos y lo más  alto de sus cimas., El Aleph, está basado en muchas leyendas de alta catadura intelectual y analítica, respecto a personas que mediante sus estudios lograron vislumbrar el impresionante calidoscopio  del universo. Internet es en parte un ejemplo pobre al respecto, pero muy diciente, no tanto de lo que somos si no de lo que serán nuestros descendientes mediante la utilización de las complejas madejas de la comunicación y la interacción en niveles que disfrutan actualmente solo unos pocos privilegiados.

La comunicación con habitantes de otras galaxias llegará  dentro de muchos años, pero no con los actuales parámetros, que rezan en geometría que la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos, ni utilizando el combustible sólido que será el grito agónico del petróleo cavernario, y mucho menos sin descifrar el verdadero intríngulis del fenómeno ovni. Hace mucho se habla del espacio curvo y se debate entre doctos del peligro de llegar insuficientemente preparados al vértice entre la religión y las matemáticas. Del estudio continuo de la inmensidad del pasado, aún con elementales datos, surgirá la respuesta para enfrentar los retos de los nuevos tiempos, antes de que errores garrafales anticipen un final colectivo que hace parte simplemente de lo que en el tarot se denomina como la rueda de la fortuna.

 

*En el Génesis 30.14.15 Biblia Cristiana, aparece la mandrágora como elemento útil en la inducción hacia la fertilidad.

 

 

 

 


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