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New York, NY. EE.UU. Año 7 -
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3.900 millones de personas no celebran el Año Nuevo cada 31 de diciembre

 

 

Otros 2.100 millones lo hacen por cuenta del calendario gregoriano, que desde el siglo V consagra la fecha como el comienzo de un nuevo año.

Este calendario lo estableció el papa Gregorio Magno y hoy se asegura que está desfasado. "El supuesto nacimiento del Cristo tuvo lugar entre cuatro y seis años antes de la fecha que hoy se considera como el año uno, pero sería traumático corregir ese error hoy día".

Por eso, 500 años después no es tan fácil declarar que "el mundo despide cada año una fecha que no corresponde a la realidad". Los judíos, por ejemplo, viven en el año 5767, los musulmanes, los chinos y los africanos lo celebran en diferentes fechas.

Para ellos es un día sin importancia e intrascendental, lo que los obliga ir a la oficina porque el primero de enero es un día laboral normal y no es tan importante como para quienes lo festejarán y tendrán las próximas 24 horas para recuperarse.

Para los judíos "El día de Año Nuevo siempre es diferente a causa del calendario lunar", ellos lo celebran en diciembre en días distintos cada año el Hanukka, es la época en la que cada noche el padre o la madre les dan regalos a sus hijos.

Esta es la época en que se celebran la derrota de los helenos, la recuperación de la independencia judía a manos de los macabeos y la purificación del Templo de Jerusalén de los íconos paganos, y a la vez la que recuerda el milagro del candelabro que ardió por ocho días consecutivos con poco aceite.

Para los hijos de Israel ese festejo también tiene que ver con la muestra de fe que Abraham le dio a Dios, al estar dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac.

Este hecho también lo conmemoran hoy, coincidencialmente, alrededor de 1.500 millones de musulmanes que, para efectos de sus obligaciones religiosas, están en el año 1427 en el 2006.

Se estima que unos 3 millones de seguidores del Islam llegan por estos días a La Meca (Arabia Saudita) para recordar el último día del Hayy (sacrificio), que conmemora el pacto entre Dios y Abraham.

Ese día no tiene ningún significado para los musulmanes. Para ellos las  fiestas son la conmemoración del último día del Hayy y el Ramadán", ya que ellos se guían por un calendario lunar.

Ese mismo astro celeste les indica a los budistas cuándo cambiar de un año a otro. Para ellos el Año Nuevo será en la luna nueva de febrero, pero no es tan espectacular como el 31 de diciembre del resto del mundo, al igual que el 65 por ciento de los terrícolas que ven el 31 de diciembre como un día más.

Así las cosas, la caída de la bola gigante en el Times Square de Nueva York (E.U.), los juegos pirotécnicos que se lanzan desde la Torre Eiffel de París (Francia) y la quema de muñecos de Año Viejo en Colombia hacen parte de una celebración que lleva a cabo apenas el 35 por ciento de los habitantes del planeta, según National Geographic.

¿Y los indígenas?

Para Víctor Martínez, cacique de unos dos millones de huitotos en Colombia, el 31 de diciembre coincide con el cambio de año de su comunidad. "Es un día importante, miraremos el horóscopo para ver qué suerte nos trae el 2007", afirma. En las ceremonias de este día los huitotos dejan la ropa vieja por nueva, bailan y tratan de cambiar como personas para el año entrante.

Según la página de la Fundación Hemera en la red, los wayúu van hoy y mañana a los cementerios para compartir con los miembros de su familia que ya no están. Los afrodescendientes festejan Navidad y Año Nuevo con 'jugas', coreografías de baile por parejas.

La fiesta más grande

La celebración del Año Nuevo en Times Square, en Nueva York (E.U.), es la más grande y espectacular que se lleve a cabo en el mundo para despedir el año que termina, asisten casi un millón de personas a celebrarlo en una noche por lo general gélida.

Más de tres toneladas de papelitos de colores y 504 bolitas de cristal caerán de una esfera gigante y transparente, a la medianoche. También, unos 3.000 kilos de dulces que comenzarán a ser lanzados al aire desde las 6 de la tarde, hasta la medianoche, en intervalos de una hora en este sitio emblemático de Manhattan para ver el espectáculo y los fuegos artificiales. Este suntuoso recibimiento del nuevo año se inició en 1904.

 

 

 

 


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