New York, NY. EE.UU. Año 3
 

Juana de Ibarbourou
Juana Fernández Morales
1892 -1979
Escritora uruguaya

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Nació el 8 de marzo de 1892 en Melo, Cerro Largo (Uruguay). A los diecinueve años contrajo matrimonio con Lucas Ibarbourou y se radicaron en Montevideo. Alcanzó el éxito con sus primeras obras, en las que aparecían sencillos poemas de ritmos contagiosos, que celebraban el amor y la naturaleza. Su amplia popularidad la hizo merecedora del sobrenombre de Juana de América. En 1947 fue elegida miembro de la Academia uruguaya, y en 1959 le fue concedido el premio nacional de literatura otorgado ese año por primera vez. Sus dos primeras colecciones de poemas, Las lenguas de diamante (1919) y El cántaro fresco (1920) le lanzaron a la fama. A partir de entonces publicaría más de 30 libros, la mayoría de los cuales fueron colecciones de poesía, aunque escribió también unas memorias, Chico Carlo (1944), y un libro para niños. Sus últimos libros de poemas, entre los cuales se encontraban Estampas de la Biblia (1935) y Perdida (1950) muestran una mayor carácter más reflexivo. Oro y tormenta (1956), expone su actitud a la hora de enfrentarse a la vejez y a la enfermedad. Falleció el 15 de julio de 1979.

Otras de sus obras son: Lenguas de diamante (1918), Cántaro fresco(1920); Raíz salvaje (1922); La rosa de los vientos (1930); Los loores de Nuestra Señora y Estampas de la Biblia (1934); Chico Carlo (1944), cuentos autobiográficos de la infancia; Perdida (1950); Azor (1953); Mensaje del escriba (1953); Dualismo, antología; Destino, relatos; Oro y tormenta (1956); Juan Soldado (1971), colección de dieciocho relatos. Ha escrito también varias obras para niños: Ejemplario (1927), libro de lectura; Los sueños de Natacha (1945). En 1968 publicó un volumen antológico de su producción lírica: Los mejores poemas. Sus obras han sido traducidas a varios idiomas


Noche de lluvia:

Llueve... Espera, no duermas.
Estate atento a lo que dice el viento,
y a lo que dice el agua que golpea
con sus dedos menudos en los vidrios.
Todo mi corazón se vuelve oídos
para escuchar a la hechizada hermana
que ha dormido en el cielo,
que ha visto el sol de cerca,
y baja ahora elástica y alegre
de la mano del viento,
igual que una viajera
que torna de un país de maravilla.
Cómo estará de alegre el trigo, amante
Con qué avidez se esponjará la hierba
Cuántos diamantes colgarán ahora
del ramaje profundo de los pinos
Espera, no te duermas. Escuchemos
el ritmo de la lluvia.
Apoya entre mis senos
tu frente taciturna.

 

 

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